Sierra Nevada, Puntal de la Caldera
diciembre 2011
18 horas
irrelevante
1200 metros
nubes altas, frío, viento del W
primeros dos largos 60º en M5; el resto entre 45º y 50º; resalte de roca en la salida
pincha aquí para ver el croquis de la vía y pincha aquí para ver una croquis sobre mapa
track similar aquí disponible, aunque en éste evitan la sección inferior
¿Puede uno salir a la alta montaña en una actividad de casi 20 horas, en un día despejado y no disfrutar siquiera de un rayo de sol? La respuesta a esta cuestión será desvelada al final del relato.
Pero vayamos por partes. Tras la kilometrada desde casa y las curvas de la Alpujarra dejamos el coche en la pista que sube a la Hoya del Portillo, justo a la altura de las acequias. Desde ahí nos ponemos en piloto automático con el MP3 siguiendo las sinuosidades de este camino de agua, ora soleado, ora helado, hasta que, en apenas hora y media, vemos la primera de las varas naranjas y ascendemos hacia nuestro confortable hogar en el Poqueira.
Con el sol todavía alto sobre la loma Púa nos organizamos en el refugio, preparamos las mochilas de mañana y nos bajamos al comedor para cenar con un aperitivo de palomitas. Al principio hay poca gente pero conforme pasa el tiempo la estancia se va llenando y ahora parece un restaurante del centro en hora punta. Nosotros nos retiramos pronto que mañana toca madrugar. Al saco pues.
A las 5 menos cuarto suena el reloj. El peor de los momentos: abandonar el calorcito y calzarse las pesadas botas para comenzar a caminar de noche a la luz del frontal. Bueno. Tras el desayuno contundente en el refugio remontamos el valle del río Mulhacén que está con poca nieve y nos permite progresar con relativa rapidez hasta la laguna de la Caldera. De ahí al collado del Ciervo es un suspiro. Nos refugiamos del viento, comemos alguna chuchería, un poco de agua y nos vestimos de romanos con los hierros y los cascos.

Mientras Félix se separa para enviar un fax y esconder los bastones yo le tiro hacia el Juego de Bolos por una ladera con vistas a la Mosca. A mi derecha está la impresionante norte del Mulhacén y sus infinitas posibilidades. Todas ellas relucen blancas en este día de nubes irisadas con matices sanguíneos. Sigo caminando y a la altura del Juego de Bolos Félix ya me ha alcanzado y echa delante con su huella característica dejando más de metro y medio entre paso y paso: venga tensión al abductor.

En la cota 2800 aproximadamente alcanzamos el inicio de la vía que pretendemos hacer: el corredor norte del Puntal de la Caldera. Sabemos que el largo inicial es la clave de la ascensión y comprendemos pronto el motivo: se trata un canuto que ronda los 50-60 grados que, a principios de temporada, suele presentar poco hielo y nieve inestable. Félix me comenta que por ahí hoy no se sube así que miramos a la derecha por donde la gente se escapa.
Pero dejemos que sea él mismo quien nos relate la historia:
A eso de las 11 entramos en el corredor. La primera en la frente. La canal de entrada en la que pensábamos encontrar hielo sólo tiene una fina capa de nieve inestable que ni fija el piolet ni deja subir por la roca. A la derecha los muros de roca son más verticales, pero están limpios, así es que intento entrarle por ahí buscando roca limpia. ¡Sorpresa! Después de unos resaltes empinados me encuentro de frente con una estrecha ‘goulotte’ rematada por un diedro. ¡ONDIAS! ¡Qué virguería! Reunión. ¡Sube!
Le pregunto a Félix si este es el ‘escaqueo’ habitual más que nada porque a mí esto me suena a la frase ‘de Guatemala a Guatepeor’
Le pregunto a Félix si este es el ‘escaqueo’ habitual más que nada porque a mí esto me suena a la frase ‘de Guatemala a Guatepeor’. Enseguida me confirma que lo usual es remontar más a la derecha de donde estamos aunque yo aquí lo único que veo es un laberinto de canales, rocas y chupones de nieve y hielo, todos ellos idénticamente agresivos y antipáticos. En fin, vamos para arriba.
La R1 está montada justo al principio de un corredor precioso y tieso. Como el terreno se las trae tengo que asegurar a Félix colgado para atrás justo en el centro del desagüe por donde me cae de todo. Estos primeros pasos del segundo largo son complicados pero el maestro se las arregla con soltura, empotra su cuerpo y la mochila en una roca desplomada y protege la salida con un fisurero para continuar progresando metro a metro.
La óptica del que va de segundo — la mía — distorsiona la realidad hasta el punto de que piensas ingenuidades…
La óptica del que va de segundo — la mía — distorsiona la realidad hasta el punto de que piensas ingenuidades del estilo: ‘pues parece que tumba un poco por allá arriba’ o ‘ahí tiene buenos agarres’. ¡Ja! Luego cuando me toque pasar con la cuerda por arriba comprobaré las dimensiones del toro que son grandes, puntiagudas y sin afeitar.
Pero bueno, yo ahora con lo mío que es estar centrado en los movimientos de Félix con la mano derecha bien firme a la vez que esquivo los trocitos de nieve dura que caen rebotando en las rocas y paredes. También me entretengo moviendo los dedos de los pies para que no se me queden tiesos y, si la coyuntura lo permite, echo la cabeza atrás y contemplo la caída del Valdeinfiernos hacia Cueva Secreta. La visión de Félix para este segundo largo está resumida aquí:
Llevamos poco material si la cosa se pone seria pero al menos da para bajarse. La nieve que hay sobre las placas de roca sigue siendo una porquería y se viene abajo. Me viene a la memoria una película de Stallone en la que clavaba el piolet en la roca. ¡Eso sí que es tener fuerza! Y yo aquí dando patinazos con los crampones y con la punta del piolet que se ha enganchado no sé ni dónde. ¡Al loro, tío!

No, si yo estoy al loro. Desmonto la reunión y salgo para arriba entre contorsiones y ‘arrastrones’. Cuando estoy llegando al final de este segundo largo levanto la cabeza y veo que el terreno se pone más sencillo, sin tramos de mixto y con palas de nieve de fuerte inclinación. A nuestra izquierda se intuye un paso franco para regresar a la vía usual del corredor norte pero Félix me comenta que sigamos por esta zona a ver qué pasa. Su reflexión de lo que llevamos es esta:
En dos largos subimos este primer zócalo de la pared. Hemos tenido que hacer abundante limpieza de piedras al subir, especialmente en las fisuras que permiten protección. Viniendo por nuestra derecha se ve claramente el ‘cuele’ que a veces se utiliza para evitar este primer muro cuando no está en buenas condiciones — como ahora. En vez de atravesar a la izquierda hacia el corredor, decidimos seguir directamente por un terreno mixto, sin grandes dificultades pero entretenido.
La tarde comienza a declinar, hay nubes a poniente que tamizan los rayos del sol y la luz cada vez es más tenue. No obstante, parece que esto se está acabando
Pues eso es lo que hacemos. Siempre por nieve cambiante, alternando tramos de puntas con lugares donde te hundes hasta la cintura nos vamos perfilando hacia la derecha sorteando los grandes muros que conforman el marcado espolón de la Caldera por su vertiente oriental. Aprovechamos un pequeño resalte llano para comer torta de chicharrones y algo de agua que me sabe a gloria y es que ya es casi mediodía.
Continuamos encordados porque no tenemos muy claro qué nos espera más arriba y porque la cuerda me sienta muy bien. Unos largos más adelante empezamos a ver campas de nieve que se abren hacia poniente con inclinación cada vez menos severa. La tarde comienza a declinar, hay nubes a poniente que tamizan los rayos del sol y la luz cada vez es más tenue. No obstante, parece que esto se está acabando.
Pero resulta que no. Precisamente justo cuando alcanzamos el nervio del espolón de la Caldera comprendemos que aún nos queda un buen trecho. Esto lo entendemos al ganar vistas hacia el impresionante anfiteatro de los Crestones de Río Seco en cuya hondonada se acumulan las riquezas de la Laguna Larga. Una mirada arriba nos confirma que la continuación del espolón no es sencilla en estas condiciones: terreno mixto, pasos no sencillos, distancia considerable hasta la cima y la noche que se acerca.

Rápidamente Félix me dice que le tiraremos por el corredor central que es más sencillo. Yo estoy de acuerdo por varios motivos: hay poca luz, el corredor tenía buena pinta y es una salida cierta. No me apetece para nada un vivac con este viento y medio litro de agua.
Para adentrarnos en el corredor tenemos que hacer dos largos fáciles en diagonal hacia abajo. Una vez que nos hemos incorporado al mismo la oscuridad ya es total aunque, por fortuna, la luna asoma sobre las paredes del Puntal y nos envuelve en un ambiente tranquilo donde sólo cabe tener paciencia y hacer las cosas bien. Olvidamos así — olvido — el breve agobio de los minutos que hemos pasado en el espolón hace ya un rato, envueltos en el frío viento de poniente y donde hemos sido conscientes de que nos iba a tocar remar contra corriente y de noche.
A escasos dos dedos de mi nariz tengo el brillo de los micasquistos que refulgen bajo la luz del frontal y el polvillo del hielo que se cuela por todos los intersticios. Me concentro en esta imagen hasta que compruebo como Félix ya ha protegido el paso y se dispone a superarlo. Nos vamos
Ahora nos encontramos a unos 150 metros de salida, en un terreno de 45 grados con nieve buena pero vamos a mantener la cuerda porque conocemos por las reseñas que la salida puede estar complicada con un resalte en mixto y una cornisa. Y también porque yo lo valgo.
Tras un par de reuniones afrontamos el último de los largos donde Félix encara un muro de roca a la izquierda que protege con un clavo. Para ello rebusca con la hoja del piolet entre las grietas desprendiendo pequeños fragmentos de hielo y algunos trozos de roca pequeña. La lluvia de escombros me alcanza de lleno en mi posición desde donde le aseguro así que me toca resguardarme a duras penas tras el bloque donde hemos montado la reunión.
Pero aún así, aunque tengo la cabeza a escasos centímetros de la superficie de roca y hielo, la gran mayoría de fragmentos que se desprenden desde la altura me golpean en el hombro y algunos hasta en el casco. Además sopla bastante viento que levanta un espolvoreado de nieve que se me cuela por el cuello. (ya lo dicen por ahí: palos con gusto…)
Y precisamente estos minutos en los que Félix anda buscando el mejor sitio para el clavo se me hacen eternos. Con el rabillo del ojo derecho miro para atrás y adivino las luces cálidas en el valle del Genil que contrastan con las palas heladas de la loma del Lanchar donde se refleja nuestra amiga luna llena. A escasos dos dedos de mi nariz tengo el brillo de los micasquistos que refulgen bajo la luz del frontal y el polvillo del hielo que se cuela por todos los intersticios. Me concentro en esta imagen hasta que compruebo como Félix ya ha protegido el paso y se dispone a superarlo. Nos vamos.
Una vez ganado el murete Félix continúa ágil y monta la que será la última R. De ahí a la cumbre apenas nos separan 15 metros rematados por una cornisa vertical en donde la cuerda se incrusta como si fuera un hilo dental. En la cima sopla fuerte, hace mucho frío y, pese al evidente machaque, estamos contentos. No es para menos: nos llevamos en la saca un itinerario precioso y genuino a una montaña soberbia. Y todo ello gracias al embrujo de la luna llena.
fotos
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en sierra nevada

José Antonio Pastor González
Hago montañas desde que tengo uso de razón. Primero al lado de casa en mi Atalaya y en el Almorchón de Cieza. Después por las sierras de Segura y Cazorla que son mi segundo hogar. Finalmente, y por supuesto, también en Sierra Nevada y el resto de las cordilleras Béticas.
Todas ellas son el terreno de juego protagonista de esta web gracias a la cual disfruto por partida doble: primero subiendo las cumbres y luego relatando mi experiencia. Sed bienvenidos y gracias por vuestra visita.


En efecto chaval, quien seas «rimayafetale», puedes estar tranquilo, por varias razones:
1) Respetamos la montaña por cuestión de principios y subir veinte metros más a la derecha o a la izquierda no creo que sea fatarle al respeto a nada ni a nadie.
2) Disfrutamos la actividad, y mucho, fuese una variante, una vía, un escaqueo o quizá repitieramos sin saberlo tu vía de hace la tira de años. Fue una actividad exigente y alpina de pro, al menos para nuestro humilde nivel, y por eso la reseñamos.
3) Que la relación «palmaditas» vs críticas sea 80/20 es lo habitual en muchas otras facetas de la vida, la economía, la ciencia, etc., no solo en los blogs. ¿Te suena de algo Wilfredo Pareto?, te recomiendo su lectura, sin duda calmará esa desazón, dudas existenciales y los interrogantes que rezuman tus comentarios.
Algo me dice…(es un decir), que nadie se ha parado a pensar, cuántas personas, desde que la primera hoja de piolet tocó la norte del Puntal de la Caldera, se ha escaqueado un poco a la derecha (o izquierda), del eje del clásico canuto de esta vertiente.
Que conste, que ni me parece mal, ni bien, hacer una variente veinte metros a la derecha de un zócalo de un largo que desemboca en una cuesta de 35º, y no valoro las actividades de la gente por la dificultad. Ya lo dijo «Jeff»: «¿el mejor alpinista? el que más disfruta», y yo añadiría, y el que más respeta el monte.
Pero, de veras, en serio, a estas alturas de la vida, reseñar algo así como una apertura…
PD
Yo mismo, por cagao, hace la torta años, me escaqueé más o menos (quizás exactamente), por ahí. Es un ejemplo, y carece de importancia.
PD 2
Independientemente de la actividad, que seguro que la disfrutaron, y eso es lo que importa, cada vez que por casualidad entro en un blog de montaña, me deja anonadado que el 80% de los comentarios son palmaditas en la espalda, «jojojojojjo qué machotes sois unos megacraks».
Menos mal que estás tú para explicarle al personal qué es una variante, qué es una apertura y qué es una cuesta de 35 grados. Tienes razón en casi todo, pero muy especialmente en lo de que eres un cagao, porque comentarios como el tuyo se hacen con nombre y apellidos para que, acto seguido, todo aquél que te lea pueda ilustrarse con tu sapiencia y pueda también consultar tus grandes hazañas montañeras en todas las nortes más fieras. Seguro que están bien documentadas en libros, revistas y foros…
Pedazo de actividad; impresionante… Y me quedo con la foto donde se ve tu cara que refleja, cansancio por el camino recorrido, satisfacción por lo conseguido.
Gracias Francisco. La verdad es que cuando me echó la foto ahí ya iba con la reserva… menos mal que somos diésel y aguantamos muchas horas más con la aguja al rojo que si no… 🙂
LLevo tiempo siguiendo esta magnifica pagina, y hoy he decidido escribir algo, bueno pues eso, a ver si coincidimos en algun sitio de estos.
Enhorabuena.
Muy buenas Jacob.
Yo sólo conozco un Jacob y además sé que le va mucho la montaña así que seguro que eres tú. Me arriesgo: bienvenido bullero!!! Encantado de verte por aquí. Ya sabes que esta es tu casa y ojalá que tengamos ocasión de coincidir 🙂
Si señor, el mismo, por aquí seguimos en Bullas y en las montañas.
Un fuerte abrazo
Un abrazo Jacob… ya he visto que el grupo de montaña sigue activo y a tope 🙂
No me extraña que la parienta se alerte, esas actividades tuyas cada vez son mas tecnicas y arriesgadas, pero como dice el refran » quien no arriesga no gana» y vosotros ganasteis una jornada inolvidable, dura y dificil pero bonita bonita….el texto es de diez y yo no se como en esas condiciones tienes el aplomo de hacer buenas fotos.
Gracias Jose Antonio y ten cuidado¡¡
Gracias Manuel. Tendremos mucho cuidado, siempre lo tenemos. Por nuestra parte nunca va a quedar en ese aspecto. Lo de las fotos tiene su explicación: las mejores no son mías 🙂
Un saludo y gracias por participar.
Después de leer esto solo tengo una cosa que decir: SEGURO DE VIDA ¡YA!
Deja al pobretico del Félix que ya tiene bastante con soportar mi careto bartolero…
Además, no tendrás queja, que vuelvo más suave que un guante y me puedes llevar hasta a la serreta una tarde entera a ver gangas y sin rechistar 😀
Vaya tela Luiso!!!»
Pues si que has cambiado desde que te vi yo en Nigüelas je,je,je,… Susto me das.
Enhorabuena y sigue así.
A peor, a peor… hemos cambiado a peor.
Gracias Jacinto.
PD. Lo de susto será por mis gafas de ‘bartolo’ ¿no?
GUapo no … lo siguiente!!!!! enhorabuena a los dos!!!!
Gracias Manolo. Muy guapo sí señor 🙂 Un abrazo y nos vemos estas navidades!!!
Era de esperar…. este aletargo en la web no era normal. Ya veo que hasta os tuvistéis que llevar cuerdas para poder capear el «puenting» que os habéis marcado.
Muy buena ruta, y una vez más me dejas con los colmillos hincados en mi triste teclado. Al menos me sirve para evadirme por un momento. Un abrazo.
Gracias Zhesar por participar. Las cuerdas en un sitio como este en el que no se puede fallar son imprescindibles. Y déjate de evasiones virtuales y lánzate al monte real que está muy cerca 🙂
vaya vaya, que bien aprovechas los acueductos, una pasada de relato y las nieves de las nortes dandoos caña, eso esta bien y ese maestro que tienes una maravilla que sale airoso de sus proyectos, ole por los dos, saludos
El maestro es el maestro… vale mucho 🙂
Por fin llegaron las nieves y tus buenas hazañas, increible, enhorabuena a los dos, toda una delicia el reportaje y comentarios.
—Esperamos la siguiente…
Gracias Ángel. Yo sé que vosotros tampoco bajáis el pistón y que estáis recorriendo todos los caminos habidos y por haber en el Pozo. Ya sabes que estaré encantado de acompañaros en cuanto organicéis alguna historia.
Impresionante!!!! Qué buenísima actividad… y tremendo el relato… por un momento he sacudido la cabeza pensando que a mí también me caían fragmentos de hielo 😉
Enhorabuena a los dos!!!!
Gracias M.del Mar. Me alegro de que te hayas metido tanto en el relato. ¿Verdad que estaban fríos esos trocicos de hielo? 🙂
Me temo que el Asensio aquí debería llevar una buena chaqueta para soportar el frío de las nortes… ¿o no? 😀
Muy buenas, Luiso.
para los que sabéis todavía saborear la Alta Montaña, y sentir plenamente en vuetras actividades lo que significa el concepto «Aventura», tenéis en Sierra Nevada un magnífico «laboratorio de verdaderas aventuras en Alta Montaña»…
Porque, por mucho que llevéis el mejor material del mundo, por mucho que estéis en la mejor forma física del mundo, por mucho que hayáis elegido el mejor día de buen tiempo, por mucho que llevéis la mejor ropa de montaña del mundo para afrontar el frío, la escalada en Alta Montaña tiene siempre un factor de «embarcarse en una aventura» que le da a esa actividad un caríz que hace que solo unos pocos sepan realmente apreciarla…
enhorabuena por la actividad, y gracias por compartirla.
un abrazo
Jose Antonio conozco esa via un amigo la estuvo haciendo, y el problema que tiene es que estas lejos de todo y si se retrasa la cosa se puede complicar y pasarlo mal.
Eso es la alta montaña Pedro. Por eso no se puede fallar.
Sargento, te agradezco enormemente el comentario. Se nota que tú también has estado en esta situación más de una vez: la de embarcarte en la aventura de algo incierto. Eso sí, siempre con garantías para que la historia termine bien.
Eso es apretar y apurar… ahora, os ha quedado una actividad memorable!
Muchas gracias Andrés 🙂 Apretar, apretamos y de lo lindo, sobre todo yo que en alguna ocasión me asomó la anchoa en los primeros largos. Y apurar también… a poco nos quedamos de hacer un 24h full-time.