La oeste de la Alcazaba es la pared más grande de Sierra Nevada. En esta ocasión la ascendemos por la vía Lorente-Susino en lo más crudo del invierno saliendo desde el refugio de Poqueira.

ficha

sierra Nevada
diciembre de 2010
15 horas
irrelevante
1450 m
frío, anticiclón
actividad PD sup con pendientes de 50 grados y resaltes de hielo de 60; tramos de mixto de grado IV
pincha aquí para ver el croquis en pared y pincha aquí si quieres ver el croquis en un mapa
track no disponible

Me está costando escribir esta nueva entrada en la web. Han pasado ya casi diez días y no encuentro argumentos ni líneas para progresar. Pero la actualidad manda y antes de que se me olviden las impresiones vamos a intentar reflejar aquí los cinco días intensos de montaña, invierno y nieve que vivimos entre las dos grandes noches de la Navidad.

El día 26, con la cena todavía arrimada a los riñones, salimos hacia Capileira buscando aparcar lo más alto posible. No podemos llegar hasta la cadena de la Hoya del Portillo por la gran cantidad de nieve así que nos conformamos con dejar el coche a unos 2000 metros. Es mediodía, hace fresco y un sol limpio. Nos ponemos los armarios en las costillas y comenzamos a caminar primero por la pista y luego por la acequia alta buscando el refugio de Poqueira.

Las nubes se estancan a unos 1700 metros pero a nosotros nos queda toda la luz del mundo con la que disfrutamos mientras van cayendo lentamente los kilómetros. La acequia está muy cargada de nieve y hielo. En los sitios con placas debemos tener cuidado porque la hostia es tonta pero puede llevarte al hospital.

Últimos metros antes de llegar al refugio

Félix, con mucha mili a cuestas, se ha traído su MP3 y soporta mejor estas largas horas esquivando carámbanos y buscando la mejor piedra donde colocar el pie. Con las últimas luces del atardecer remontamos hacia el refugio y llegamos casi de noche. Un ducha — ¡caliente! — y una primera toma de contacto con la excelente y generosa gastronomía de este refugio de montaña que será nuestro hogar durante las próximas cuatro noches.

Tomamos posesión de la habitación congelador — a -3 grados llegamos a estar — y casi del refugio pues únicamente estamos aquí 7 personas: 2 grupos de 3 y un solitario. Antes de que se haga más tarde nos enfundamos entre las mantas y los sacos y nos disponemos a descansar. Mañana suena el reloj a las 6h30m.

Despertamos con ganas. Organizamos el material, desayunamos del bufete que nos han preparado y tiramos por el río buscando el collado del Ciervo. Nuestra primera intención es asomarnos para ver cómo están las nortes y elegir destino. Tras más de dos horas nos asomamos a la divisoria de Sierra Nevada y comprobamos que la norte del Mulhacén está muy cargada de nieve.

Antes de tomar una decisión nos tiramos para la laguna de la Mosca aunque Félix ya va frunciendo el ceño y no ve claro meterse hoy por la norte del rey. Desde la plataforma de la laguna lo ve meridiano y renunciamos hoy a este objetivo. Los ojos buscan un nuevo desafío y se detienen en la apetecible pared oeste de la Alcazaba. Pues para allá que nos vamos.

Hacemos el descenso de las chorreras de la Mosca por un sitio bastante empinado. Creo recordar que hay bajadas más asequibles tanto a un extremo como al otro de la laguna pero casi sin darnos cuenta nos encontramos en una pala bastante inclinada y con algunos tramos de hielo bajo la nieve blanda. Primeros sudores y concentración a tope, sobre todo cuando vemos una placa conmemorativa de alguien que pasó por aquí.

Una vez que estamos en la hoya que hay bajo la Mosca, a unos 2500/2600 metros aproximadamente, localizamos la entrada de la vía. Félix saca un croquis con la foto de Diego A. que luego también utilizaría Fernando W. en su ascensión con Rai. Los primeros metros son una pala de nieve de 45 grados bastante inestable. Cuando llegamos a la base del zócalo de paredes que nos cierra por arriba decidimos asegurar los largos ya que la inclinación se hace mayor y bajo la capa de nieve fresca hay bastante hielo lo cual puede provocar deslizamientos y avalanchas.

Descendemos las Chorreras de la Mosca

Progresamos en V con Félix, el maestro, por encima. Aunque va buscando la roca para montar las reuniones con clavos en alguna ocasión se ve obligado a equipar alguna que otra en nieve con los piolets enterrados. Así avanzamos unos tres largos hasta que llegamos a la base de unas cascadas de hielo que están bastante bien formadas.

Justo cuando nos reunimos en la base Félix dice: sacad los tornillos. Nino y yo nos miramos diciendo ¿los tornillos? ¿los llevas tú? Pues va a ser que no. Menudos pardillos. El uno por el otro y la casa sin barrer: los tornillos están descansando en el arcón de la habitación del refugio de Poqueira. En fin.

A falta de tornillos, Félix improvisa que es la definición más clara de la inteligencia: la capacidad de afrontar situaciones imprevistas. Evita la cascada por la izquierda haciendo un largo de mixto que nos pone en la base de una segunda cascada todavía más larga. Mientras le aseguramos desde una reunión algo incómoda lo vemos perderse hacia la izquierda buscando un nuevo escaqueo. Lo encuentra haciendo una travesía preciosa que ya gana las palas de nieve de la zona alta con menos inclinación.

Grandes campas de nieve

Así, tras siete largos nos reunimos a la altura más o menos del Gran Vasar donde guardamos las cuerdas. Ahora nos toca remontar en doble diagonal hacia la cumbre de la Alcazaba. Ganamos unos 150 metros más de desnivel con rampas de unos 45 grados hasta que nos metemos en la vía de descenso normal de la oeste de la Alcazaba.

Son las seis de la tarde. El sol se está metiendo por detrás del Puntal de la Caldera. Si vamos hacia la cumbre nos tocará regresar de noche al refugio de Poqueira por el Colaero, Siete Lagunas y la loma del Mulhacén y, presumiblemente, todo el tiempo abriendo huella. Por este motivo giramos a la derecha y descendemos hacia la Mosca cuya plataforma alcanzamos justo cuando la oscuridad comienza a reinar.

Enchufamos las frontales y recuperamos nuestras huellas de la mañana. La pala para ganar el collado del Ciervo nos cuesta horrores. Nino ha olvidado su botella de agua y hemos tenido únicamente dos litros para los tres en todo el día por lo que subimos deshidratados. A las 20 horas llegamos al collado. Sopla viento del Sur. Le damos la espalda y sacamos el teléfono para avisar en el refugio que estamos bien y que descendemos por el río y que, si no es mucho pedir, nos guarden algo de cena.

La bajada la hacemos rápida. A veces nos permitimos el lujo de apagar las frontales para disfrutar de las estrellas y de la luz que se refleja en las brumas del Mediterráneo. Entramos al refugio pasadas las 9 de la noche tras 15 de actividad. Mañana descansamos fijo.

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