Clásica ascensión al rey y la reina de sierra Nevada por la vertiente sur, la más pacífica y tranquila de estas montañas. La idea es partir del pueblo de Trevélez y remontar el río Culo de Perro hasta la cubeta glaciar de Siete Lagunas donde se duerme si bien, en la misma tarde, se puede hacer ya una de las dos montañas. La siguiente se deja para el día después junto con el descenso.

ficha

Sierra Nevada
junio 2005
2400 metros
16 kms sin regreso
10 horas sin contar regreso
sol, viento fuerte en las cumbres
actividad muy repetida y con veredas marcadas aunque es recomendable llevar, como poco, el croquis. No presenta pasos técnicos aunque sí mucho desnivel por lo que requiere buena preparación. Importante: la descripción es estival.
pincha aquí para ver el croquis en mapa
ver track en wikiloc

Nadie sabe muy bien cómo surgió esta expedición… creo que fue en la subida a las Empanadas del mes de mayo cuando se soltó así, como quien no quiere la cosa, que la siguiente ya tenía que ser a Sierra Nevada y al Mulhacén. El caso es que la peña se lo tomó a broma pero nada de eso: se movieron todos los resortes que había que tocar y un mes después estábamos todos, tras el largo viaje de 4 horas desde Murcia, en Trevélez, dispuestos para lo bueno y lo malo.

Con la gente muy sospechosa del resultado — y del proceso — salimos de Trevélez antes de las 10 de la mañana, con algo de calorcito pero no demasiado. La verea al comienzo es umbrosa, con árboles, agua y construcciones típicas que la hacen muy agradable. El piso está hecho de cantos rodaos que para subir van bien pero luego a la bajada se notarán. Tras poco menos de una hora se abandona el camino y el valle principal del río Trevélez. (Encontraremos una señal que nos indica hacia Siete Lagunas.)

A partir de aquí el camino remonta con fuerte pendiente junto a unos viejos cercados y sus correspondientes cancelas que siempre deberemos dejar tal y como las encontramos. De repente, al llegar a la altura de una acequia, la vereda nos da un respiro y avanzamos en paralelo a la misma, a contracorriente. Hace ya tiempo que hemos dejado las sombras y los grandes árboles de hoja caduca para avanzar entre helechos, acequias, pinos raquíticos y la sensación de que aquí podrían crecer muchos más árboles de los que vemos.



Croquis de la actividad (pincha para verlo en grande)

El Peñabón o Peña de los Papos de casi 2500 metros y que tenemos a nuestras espaldas nos sirve para ir calibrando la progresión. No vamos nada mal porque a eso de las 12h superamos esta la Campiñuela y vamos subiendo tranquilos, sin apretar, esperando lo peor para el final. Un pequeño refrigerio antes de las Chorreras Negras y nos colocamos en Siete Lagunas. Plantamos las tiendas y comemos; tras la siesta hay un pequeño debate para ver qué se hace por la tarde. Un grupo se va para el Mulhacén para así poder salir el domingo temprano hacia casa; otros nos vamos para la Alcazaba y, por último, un tercero se queda aguantando las tiendas para que no se las lleve le viento.



El paisaje cada vez más abierto

La Alcazaba nos deja pisar su cima no sin antes darnos un revolcón por el Peñón del Globo y sus incómodos bloques. Nosotros hemos subido muy directos desde el desagüe de la laguna Hondera aunque es bastante más cómodo avanzar hacia el este y evitar el paso por estas cimas secundarias. Son más de las 19h, hace bastante viento y no mucho frío. Para bajar probamos por el colaero de Siete Lagunas y comprendemos que la subida por aquí es más directa y más brutal. Antes de emprender el brusco descenso nos asomamos a la vertiente norte y apreciamos que en la Mosca no hay tiendas, cosa rara para esta época del año.



En la Campiñuela

Este descenso por el colaero y la cañada de Siete Lagunas lo tengo bien grabado por la luz, porque íbamos tranquilos, satisfechos de haber subido la Alcazaba y seguros de que nos esperaba una cena, una tienda ya montada y un descanso reparador. Como siempre, me da por pensar en estos últimos instantes antes del anochecer.

He estado algunos días en Sierra Nevada. El sábado por la tarde llegamos a una cima que se conoce como la Alcazaba. Es una montaña bellísima, vecina del rey Mulhacén — a ella la denominan la Reina — y que ascendimos desde la cubeta glacial de Siete Lagunas. Pasamos un rato en la cumbre mientras el sol iba inclinándose cada vez más… hacía bastante fresco y en el valle del Genil, hacia Granada, una brumilla lechosa delataba el calor del día…

Estando allá arriba, las cosas del mundo parecen bastante futiles, muy accesorias y nada definitivas. Desde esa atalaya, única montaña femenina de Sierra Nevada, intuí que lo decisivo puede resumirse en bastantes pocas palabras, en unos gestos… quizás el abrazo que nos dimos al alcanzar la cima… o quizás el reflejo del sol poniente en unos rostros muy cansados, reventados pero felices de sentir el áspero roce, la dura corteza de esta vieja Madre que nos acoge, nos mima y acaba por hacernos creer que somos sus dueños. Atrevida ignorancia que nos impide reconocer que, simplemente, somos una ínfima partícula que está dentro de una minúscula roca, de un peñasco perdido en la ladera insondable de alguna montaña, montaña oculta en el entramado laberíntico de una cordillera muy, muy lejana.



Cañada de Siete Lagunas

Cenamos casi de noche y con un viento de mil demonios. Hace bastante frío y enseguida nos empapelamos porque no está la velada para serenatas. Al día siguiente, temprano y con viento frío nos vamos todos para el Mulhacén. La cuesta del Resuello enseguida calienta los motores y pronto, muy pronto, nos plantamos en la cumbre.



Cumbre del Mulhacén

En lo más alto nos refugiamos en la ermita para tomar un bocado. El viento es tan fuerte que para subir al vértice hay que agarrarse con fuerza al pilón para no volar sobre la Mosca. Después de un descanso rápido nos vamos para abajo. Yo creo que algunos pasamos más frío aquí que en todo el invierno. Enseguida llegamos de nuevo a Siete Lagunas. Recogemos las tiendas y nos vamos para Trevélez pues un baño en el río nos espera. (En los valles sí que hace calor y apetece refrescarse.)

Finalmente, llegamos a Trevélez bastante reventados por la última parte de la senda y el machaque de los cantos rodados. Además, está la tortura psicológica de ver el pueblo desde muy arriba y pensar que queda poco para terminar. De cualquier forma, todos llegamos más o menos bien y creo que la expedición fue un éxito. ¿Habrá una próxima? Esperemos que sí.

fotos

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en el mulhacén y la alcazaba