Ascensión del Gran espolón de la Alcazaba desde abajo a finales de la primavera pero en condiciones casi invernales por la abundante nieve todavía presente en las caras norte. Compromiso, soledad, alpinismo del bueno en el corazón de Sierra Nevada.
ficha

sierra Nevada
junio de 2010
dos días
33 km
2700 m
estable, fresco
dificultad de conjunto AD con pendientes de nieve de 45º máximo y pasos de IV de roca; atención a la exposición en el descenso en presencia de nieve por la oeste de la Alcazaba y las chorreras de la Mosca
croquis disponible aquí
track disponible aquí

Todas las cosas que hemos descrito parecen haber sido creadas para servicio de los hombres. La naturaleza, en cambio, creó para sí misma las montañas

Plinio el Viejo, Lapidario

La Alcazaba es una señora montaña, la reina de Sierra Nevada, la más altiva y distante1La Alcazaba con sus 3.364 metros es la tercera montaña en altura de Sierra Nevada pero su perfil, su situación al lado del Rey, hacen que los montañeros la conozcamos como la Dama y que la miremos con la reverencia que merece. Esto lo digo porque siempre hay mucho camino que patear para acercarse a sus faldas; además, la Alcazaba, como bien indica su nombre, tiene casi todas sus vertientes acorazadas. Hagamos un repaso: a Poniente sus corredores alimentan de nieve la cuenca del Valdecasillas y los bolos caen más de mil metros en la vertical hasta encontrar el equilibrio; al Este se desprende la sobrecogedora pared de los Tajos del Goterón, la roca más negra de la luminosa Sulayr que, desde la cañada del mismo nombre, intimida hasta dejarte mudo — esto pasa sobre todo si la contemplas al atardecer. ¿Y al Norte? Al Norte está la caída hacia la cuenca incipiente del Genil con sus corredores que miran al invierno 10 meses al año y un caos de roca y abismos que convergen en el Gran Espolón, una línea difusa que, desde las profundidades, llega hasta el mismo cielo de la cumbre. Tan sólo la vertiente alpujarreña se muestra apacible y se aplana hacia la piedra del Yunque y el desagüe de la laguna Hondera.

La última vez que estuve en su cima fue una bonita historia, una invernal solitaria y nocturna en la que gocé de la compañía de las estrellas. Esta vez vengo con Félix, un maestro de la vertical que ya ha hecho por enseñarme en otras ascensiones. Seguro que en esta también aprendo algo.

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Salimos el viernes casi al mediodía del aparcamiento en el barranco de San Juan. Las mochilas pesan como un piano2Y aún me dice Félix que esto no es peso, que si venimos en invierno ya veríamos… y hacemos la vereda de la Estrella con el automático puesto. En Cueva Secreta remontamos hacia la Majada de Palo y luego, un pelín más arriba, justo al cambiar de la vertiente del Valdeinfierno al Valdecasillas, nos perfilamos a la derecha buscando una cabaña de pastores para descansar. Un lugar perfecto para fijar el campamento base, para dejarse llevar por el atardecer mientras la luz rebota en las alturas y, evidentemente, para protegernos del zorro.

Aunque Félix hace ya rato que está en el sobre yo me quedo más tiempo mirando la Norte. Mañana vamos hacia allá… ¿mañana? No hijo, no: en apenas 5 horas.A eso de las 4h00m suena el despertador. El cabrón del zorro se ha llevado mi brick de leche entera que había subido con tanto trabajo. Lástima de energía potencial desperdiciada. No pasa nada: agua, café, azúcar, galletas de centeno, chocolate y pan con jamón. Salimos afuera, un gajo de luna asoma por la coronilla de la Dama y nos sorprende la buena temperatura. Venga, vámonos. Remontamos un buen rato el Valdecasillas que baja furibundo del deshielo hasta encontrar un nevero sólido del que nos fiamos. Cruzamos a la margen derecha y ya estamos en los dominios de la Dama. Afrontamos las primeras rampas duras y nos ponemos enseguida en el filo del espolón. De ahí para arriba.

Con la llegada de la luz aparecen las primeras trepadas. Son sencillas, con buenos agarres y poco patio. Es divertido y los metros se cobran rápido. Esto es así hasta que llegamos a la altura del Gran Vasar. Miramos para abajo y le hemos ganado 900 metros a nuestro campamento base donde distinguimos las tiendas naranjas de unos sevillanos que llegaron a última hora de la tarde.

Estamos en un sitio ideal para vivaquear: una pequeña plazoleta del tamaño de una habitación perfectamente plana. Me pregunto si hasta aquí llegará el zorro. Al Norte — a nuestras espaldas — queda lo que llevamos recorrido del Espolón: un nervio definido de roca metálica y brillante que desciende hasta el mismísimo Real. A Poniente — nuestra derecha — vemos la Norte del Mulhacén, la Mosca a la misma altura y el Gran Vasar todavía con mucha nieve; a Levante — que es la izquierda — se recorta orgulloso y a contraluz el Puntal de Vacares.

En este punto nos ponemos los aperos y afrontamos los primeros pasos complicados3Conozco varias reseñas de esta vía. Una imprescindible es el reportaje de Pablo Wilhelmi en la página de los Poscojonúos que ya no está disponible. Otra buenísima por sus fotos es la de Paco Flor: un espolón hacia la Alcazaba. En la famosa veta blanca Félix no se escaquea por la izquierda y le tira todo tieso. Se lleva la cuerda atada al arnés para asegurarme en este primer largo con la reunión en un sólido bloque de roca. Mejor que mejor.

En el segundo que hacemos subimos una chimenea sencilla con bastantes bloques sueltos. Al salir miro a la derecha y tomo conciencia de que la Alcazaba no nos lo va a poner fácil. Una cornisa de unos 10 metros nos separa de la siguiente estación. Félix pasa tranquilo: pim-pam, pim-pam, mete un fisurero justo en la mitad y sigue. Échame fotos me dice y yo que pienso: pero si te estoy asegurando… ¿en qué quedamos?

Cuando termina recoge cuerda y me toca: hay buenos agarres y se pueden poner los pies. Es sencillo, es mental, es… control. Al llegar al fisurero tengo mis más y mis menos y no puedo sacarlo. Empiezo a maldecir y me dice Félix que no pasa nada, que él vuelve. Con las orejas gachas saco la cuerda del mosquetón y hago los siguientes cinco metros. El Puntal de la Caldera, que está ahí enfrente, no deja de mirarnos y parece que incluso se burla de mi torpeza.

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Aseguro a Félix, recupera el fisurero con facilidad ayudándose de una piedra y sigue para arriba. Ahora el terreno cada vez es más sencillo. Hacemos un par de largos más y recogemos la cuerda justo en el momento en el que nos pega el sol; aunque todavía nos quedan casi 200 metros se intuye la cumbre.

La ascensión ahora se convierte en un juego donde tienes que buscar el paso que más te apetezca. Como hay todavía mucha nieve a veces tenemos que atravesar algún que otro ventisquero. Se hace bien porque es nieve primavera, apelmazada, aunque por debajo sigue dura y resbala. Hay que estar al loro pues una gran parte de accidentes se producen precisamente en estas condiciones.4Y tanto que hay que estarlo: a esa misma hora tuvo lugar una desgracia en el veredón, en la bajada hacia el Corral del Veleta desde las Posiciones. En declaraciones de un miembro del SEREIM (servicio de rescate e intervención en montaña): […] lo del sábado fue una auténtica tragedia, una persona en lo mejor de la vida, mujer y dos hijas, con 45 añitos y haciendo lo que más le gusta. El accidente ocurrió en el Veredón, en la primera curva de bajada resbaló y no pudo o no supo pararse; en ese sitio no hay mucho margen de terreno y se precipitó al vacío, unos 60 metros, se golpeó con distintas piedras y cayó justo en la rimaya, el traumatismo craneoencefálico fue determinante, amén de múltiples contusiones. Montamos cuatro reuniones con los piolets, anclas y estacas de nieve y lo descendimos hasta el llano, 200 metros más abajo, donde el helicóptero nos recogió a todos. Iban perfectamente equipados, casco, arnés, piolets, crampones, clavijas, tornillos (en esta época no hacen falta por las condiciones de nieve) etc, pero ya sabes que los errores no perdonan. Quisiera que advirtieras que, aunque la nieve es de calidad primavera y los pies se hunden unos centímetros, no deja de ser igual de peligrosa que la dura o el hielo, que se extremen precauciones en medias laderas, neveros, en definitiva que al pisar nieve que sea con crampones puestos y piolets en mano. [Extraído del foro nevasport]

Félix me saca ventaja. Me gana unos metros y cuando lo veo recortarse frente al cielo azul me dice: venga que ya sólo quedan 100 metros. En vez de picar en el cebo me río porque sé que estamos ya arriba. Se le nota. A la izquierda está la arista que baja hacia el Puntal del Goterón y enseguida vemos el hito de piedras que define la cumbre.

Felicidad, sol, fotografías, un paquete de filipinos, gasto el agua, recogemos la cuerda y la cacharrería, miramos el itinerario desde arriba: estamos ya en el cielo de la Dama, justo en su corona.

Pero ahora queda la otra mitad.

Para descender nos tiramos por la Oeste. Apenas a unos 50 metros de la cumbre nos dejamos caer por un leve collado con bastante pendiente y roca suelta. Enseguida llegamos al dominio de la nieve y nos ponemos los crampones. El sitio es delicado y la nieve está engañosamente blanda ya que desliza sobre una capa más profunda y dura.

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De nuevo, Félix me saca cada vez más ventaja y yo me concentro en la huella. A veces miro hacia mi derecha y veo los corredores que descienden hasta la profundidad del Valdecasillas. Está claro que prefiero mirar de frente: la Mosca, el Juego de Bolos y el Puntal de la Caldera me marcan el camino. En algún momento dado la pendiente es tan fuerte que opto por bajar encarándola. Hace calor, es mediodía y me estoy esforzando a tope así que sudo mucho y me noto cansado. Son ya 10 horas de actividad y las que quedan.

Tras llegar a la altura del Gran Vasar descendemos hacia la Mosca pero en lugar de buscar la bajada normal nos tiramos por unas palas que hay a la izquierda del desagüe. De nuevo me toca mirar a la pendiente mientras que Félix me lleva mucha ventaja. Al final alcanzamos una zona prácticamente llana con los restos de un gran alud y me relajo por completo. Se acabó la tensión por hacer las cosas bien. Ahora sólo queda hacer las cosas.

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Cuando ya sabes que el riesgo ha terminado el cuerpo que no es tonto empieza a recordarte todos los pequeños dolores que antes había disimulado para que te concentraras en lo esencial. Y es aquí donde va a empezar mi verdadero calvario por un error de principiante: he olvidado ponerme los guetres. ¿Consecuencia? Llevo toda la bota mojada por el interior porque se me ha colado mucha nieve. El descenso hasta la cabaña lo hago a duras penas con los pies congelados y con las plantas muy reblandecidas. Comemos algo y decidimos bajarnos esta misma tarde. Le digo a Félix que tire para adelante que tengo los pies fatal y que caminaré lento. Él baja conmigo hasta el Real donde ya se pone el mp3 y los Rolling. Nos vemos luego5La reflexión final de Félix para esta actividad es algo así: Sin ser técnicamente difícil (sólo hay algún paso aislado de cuarto grado), es un gran recorrido montañero. La aproximación es larga y la ruta en sí tiene un nivel de compromiso importante, donde hay que extremar las precauciones y moverse con soltura con la cuerda y sin ella. Este año, además, hay mucha nieve, por lo que la bajada por la Oeste de la Alcazaba es casi más expuesta que la escalada propiamente dicha. Una ruta magnífica y totalmente aconsejable, especialmente ahora que aún queda nieve pero la temperatura es muy agradable por allá arriba.

Yo no tengo mp3, yo no tengo botas secas, yo soy un mendrugo.

Ahora me toca un pateo de casi 15 kilómetros con botas de nieve encharcadas por dentro. La Vereda se me hace eterna: Guarnón-Minas de la Estrella-Riachuelo-Cruce con la senda del Puente de los Burros-Riachuelo-Riachuelo-Curva para adentro-Curva para afuera-Riachuelo-El Abuelo… Cada cuesta abajo me obliga a retenerme con los bastones porque mis plantas rabian de dolor al frenarme. Empleo 3 horas hasta que llego al coche. Son casi las 22h del sábado, 18 horas después de que sonara el despertador con el gajo de luna en la frente de la Dama. Félix está aguardando — tiene la paciencia de quien lo tiene todo hecho — y acordamos posponer el viaje de regreso hasta el día siguiente. Sabia decisión.

Tras la ducha, sentados, tranquilos en la terraza de un bar de tapas en Güejar-Sierra, empiezo a ser consciente de que hemos hecho una ascensión soberbia, alpina, exigente, con todos los ingredientes de una actividad de las buenas: aproximación, distancia, desnivel, compromiso, dificultades, tensión y una bajada de las que te obligan a seguir la película con todos los detalles hasta el último fotograma. Me encuentro tan feliz que casi he olvidado ya el penar de la vereda, tanto que el lado malo de mi cabeza ya está pensando en cuándo será la próxima vez que la recorra…

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