El cerro del Almirez es una de las cumbres más repetidas de la Sierra Nevada de Almería. En esta ocasión buscamos un recorrido diferente subiendo un canuto súper destacado a la derecha (poniente) de la loma del Rosal.
ficha

Fiñana, sierra Nevada de Almería
febrero de 2016
6 h
9 km
920 m
estable, fuerte viento
dificultad de conjunto PD inf con pendientes máximas de 55 grados en la salida y un pequeño resalte de hielo al comienzo que, si no está formado, admite escaqueo por la izquierda; atención a la aproximación pues el vado del arroyo del Rosal no es sencillo
pincha aquí para ver el croquis en mapa y pincha aquí para ver el croquis sobre una foto (autor: FGdL)
track aquí disponible

[Fotografías de Félix Gómez de León y el autor]

Uno de los grandes alicientes de hacer montaña es que, conforme aprendes más cosas y eres capaz de desenvolverte en diferentes escenarios, las posibilidades aumentan de modo exponencial y, lo que antes era impensable, ahora puede hacerse realidad. En cualquier vertiente, esperando ser descubiertas, hay todo un entramado de hermosas líneas que convergen en la cumbre. Tan sólo hay que salir ahí fuera e intentar seguir cualquiera de los hilos que te acercan a la cima.

Vamos subiendo por el cortafuegos de la Loma del Rosal y nuestra intención es probar el corredor de los Arces que nace precisamente a la derecha (oeste) de la loma y remonta — uno de los ramales de — el Arroyo del Rosal1 hasta casi la misma cumbre del Cerro del Almirez. Si bien se trata de un corredor asequible, llevamos todos los hierros y la cuerda porque nos gustaría probar en la zona superior alguna salida directa a la cumbre. (No lo podemos evitar: nos hemos picado con las directísimas y estamos descontrolados.)

En un descanso breve levantamos la vista hacia nuestra vía que desde aquí apenas se intuye pues está oculta tras el romo perfil de la loma. De repente, un poco más al oeste que el corredor que nos habíamos propuesto, vemos súper claro un canuto estrecho que remonta con fuerte pendiente en la margen izquierda del arroyo del Rosal. En palabras de Félix: se trata de un tubo muy definido que destaca (es un cantazo) al bajar del Almirez por la Loma del Rosal. Le tenía echado el ojo desde hacía tiempo, pero no siempre se forma con continuidad desde abajo. Este año, con toda la nieve que ha caído, tiene nieve de principio a fin, desde el mismo arroyo.

Anabel en un tramo de fuerte pendiente

No podemos evitarlo y cambiamos de planes sobre la marcha para buscar ese canuto que, desde aquí, se ve súper apetecible. Nuestro primer problema consiste en llegar al pie del mismo. Para ello desistimos de apurar todo el cortafuegos y en la cota 1900 nos internamos por el bosque para avanzar a media ladera y encontrar el mejor paso del arroyo del Rosal. Conforme nos vamos acercando la vaguada se va haciendo cada vez más escabrosa.2 Nos dividimos en dos grupos: Félix y Anabel buscan un paso arroyo abajo mientras Carlos, Nino y yo cruzamos el torrente por un punto más alto. Todos vamos penando por las malas condiciones de la nieve: en algunos tramos está hueca y en otros muy blanda. Llevamos mucho cuidado porque es fácil hacerse daño si te cuelas hasta la cadera en los muchos pozos que nos encontramos. También pensamos que, si la nieve del corredor está en este penoso estado, nos tendremos que despedir de la actividad por hoy.


Después de una norte hay un momento de inflexión y está exactamente cuando los primeros rayos del sol lamen el reborde de las rocas. (Eso si tienes la suerte de terminar sin las frontales.) 


Finalmente y tras nadar (literal) algunos metros nos encontramos todos en el principio del corredor. Tras el apuro y las malas sensaciones viene la recompensa porque la nieve se encuentra en muy buen estado: perfecta para cramponear y consistente en casi todas las secciones. De primeras nos encontramos con una pequeña cascada de hielo quebradizo. Tendrá apenas unos 2-3 metros y puede superarse por la izquierda haciendo una trepada sin compromiso. El canuto está muy bien definido y continúa por una estrecha vaguada para colarse entre altos muros en la zona superior. Gracias a éstos apenas notamos el fuerte viento que sopla en la divisoria. Protegidos por la roca nos vamos haciendo fotos, charlamos unos con otros y apuramos para llegar pronto arriba porque vamos un pelín justos de horario.

En el global del canuto, las pendientes rondan los 40-45 grados aunque hay tramos con menos y otros con más. De hecho, nosotros hacemos la salida por una variante de unos 55 grados súper disfrutona. Pero todo lo bueno se acaba. Y es que, después de una norte, hay un momento de inflexión y está exactamente cuando los primeros rayos del sol lamen el reborde de las rocas. (Eso si tienes la suerte de terminar sin las frontales.) Y precisamente es el sol de la tarde el que ahora nos ciega de frente y nos permite tomar algunos contraluces de libro con la cámara.

Ya vemos la luz

Al llegar a la divisoria el fuerte viento, el estado de la nieve y la hora tardía nos llevan a tomar una nueva decisión. En lugar de bajar por la cumbre y la Loma del Rosal, improvisamos un descenso a cara perro por la vertiente del corredor de los Arces. (En el track de este reportaje no está reflejada esta variante que nosotros consideramos un descenso de fortuna. En el track el descenso se propone por la Loma del Rosal habiendo pasado por la cumbre.)

De esta forma, hacemos un larguísimo — y peliagudo — flanqueo de derechas a izquierdas buscando la traza de otros montañeros que han bajado por la loma. Con muchísimo cuidado porque la nieve está traicionera, vamos descendiendo ya protegidos del viento hasta enlazar con la huella donde sí es posible pisar con garantías. Atravesamos un bosquete precioso de arces y llegamos a la línea de los pinos por la que porfiamos hasta llegar al cortafuegos. Todavía nos queda penar buscando los mejores pasos para no hundirnos hasta el corvejón y llegar hasta los vehículos que están en la pista principal.

Una jornada magnífica, súper bien aprovechada y en compañía inmejorable. Enseguida más.

fotos

en sierra nevada


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José Antonio Pastor González


Hago montañas desde que tengo uso de razón. Primero al lado de casa en mi Atalaya y en el Almorchón de Cieza. Después por las sierras de Segura y Cazorla que son mi segundo hogar. Finalmente, y por supuesto, también en Sierra Nevada y el resto de las cordilleras Béticas.

Todas ellas son el terreno de juego protagonista de esta web gracias a la cual disfruto por partida doble: primero subiendo las cumbres y luego relatando mi experiencia. Sed bienvenidos y gracias por vuestra visita.

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