Recorrido panorámico sobre la Vereda de la Estrella que comienza en la estación de Maitena, remonta hacia el cortijo de las Herrerías y discurre a media ladera de la Loma Papeles con espléndidas vistas sobre las caras norte. El regreso se efectúa por el río Vadillo, la cuesta de los Presidiarios y la mencionada vereda de la Estrella.
ficha

Sierra Nevada
mayo de 2010
7 h
17 km
1500 m
fresco, estable
actividad por senderos, algunos de ellos poco definidos, pero sin pérdida; el regreso por la Vereda de la Estrella es una autopista
croquis disponible aquí
track disponible aquí

La primera vez que estuve en Sierra Nevada haciendo montaña invernal, hace ya casi quince años, me trajeron de paquete y como era un crío al que se le quebraba el cuello con facilidad en cualquier furgoneta me quedé durmiendo. Cuando desperté estaba en un barranco cerrado, a la sombra de grandes robles sin hojas y el ruido ensordecedor del agua que chorreaba por todas las laderas y rincones.

Me llamó la atención el color marrón grisáceo de la roca y sus filamentos blanquecinos y verdes. Para mí que era un animal calizo, acostumbrado al relieve fractal de Segura, a la roca porosa y sus lapiaces finos, era toda una novedad el carácter metamórfico, brillante y metálico de esta nueva cordillera con sus impresionantes lomas de engañosa escala.

Entonces no lo sabía pero estaba en el corazón de Sierra Nevada, en el comienzo de la Vereda de la Estrella y camino de las fuentes del Genil bajo las Nortes más fieras. Nada más pasar por el Abuelo nos dejamos caer al puente de los Burros y luego ascendimos esforzados para hacer un vivac en el espinazo de la loma del Calvario, con los riñones apretados a los esquistos y frente al marco incomparable del Rey y la Reina iluminados al atardecer. El Puntal de Vacares aguardaba de madrugada el mordisco de nuestros crampones.

Todas las veces que he vuelto a las Nortes siempre he entrado por ahí: barranco de San Juan, vereda de la Estrella y Cueva Secreta; hablamos de rincones típicos, muy trillados y de esa reunión de zorros en el final de las vaguadas para darse el festín de los excursionistas despistados. Hablamos también de un entorno fuertemente antropizado por la minas de la Estrella y nos referimos a un valle en el que se llevó a cabo una obra de ingeniería descomunal con la apertura del tranvía. Más aún, resulta que ese tranvía se quería levantar en teleférico hasta la mismísima laguna de la Mosca. Y de ahí, en ascensor, llevar a la gente hasta la cima del Rey. Eran los tiempos de la confianza absoluta en la técnica y los proyectos megalómanos, a principios del XX, cuando todo era posible y el único impedimento venía de la finitud de las arcas1Existe un libro estupendo que narra a la perfección muchas historias de estos tiempos: Textos históricos sobre Sierra Nevada. Es una recopilación de Manuel Titos Martínez, uno de los mejores conocedores del macizo..

Seguimos caminando

El caso es que en esta ocasión decidimos sacrificar las altas cumbres afanados en descubrir nuevas aproximaciones. Y no sólo por este motivo, sino también por la imposibilidad de llegar hasta el aparcamiento del San Juan 2Las lluvias de este invierno han hecho estragos aunque parece que la cosa ya está prácticamente resuelta: noticia en el diario Ideal, dejamos nuestro coche en las juntas del Maitena con el Genil, nada más dejar Güejar-Sierra. De ahí sale una vereda antiguamente marcada por el ayuntamiento que asciende buscando el cortijo del Serrallo. Enseguida dobla un espolón agudo y gana vistas a la Norte de la Alcazaba y el Puntal de Vacares.

A partir de ahí el camino va a media ladera sin ganar ni perder altura de forma significativa. Pasamos por sucesivos cortijos, todos ellos encaramados en laderas de fuertes pendientes y con paratas para sostener el mayor tesoro de quienes habitaban estos pagos: la escasa tierra fértil que aguanta a duras penas la erosión y que permitía la supervivencia en esta geografía agreste e imposible.

Hay un contraste acusado entre esta ladera sur de la Loma Papeles y las laderas de enfrente que suben desde la Vereda de la Estrella hacia la parte alta del barranco de San Juan3Siempre me ha llamado la atención que en Sierra Nevada las zonas boscosas están dispuestas de forma aleatoria… ¿se han intentado aquí repoblaciones como, por ejemplo en Cazorla y Segura?. Si aquí apenas hay vegetación, enfrente apreciamos un maduro bosque de robles mezclado con castaños. Pero no tenemos envidia: hemos elegido la ladera correcta porque desde aquí vemos cosas que desde allí ni se intuyen.

Tirando de zoom

En nuestro camino apenas nos cruzamos con personas. Un grupo de cortijos nos saluda con chopos y cerezos en flor así como un arroyuelo de aguas cantarinas que se remansan en una balsa. Cien metros más abajo escuchamos el golpe del escardillo en la tierra mientras nos comemos un bocadillo a la sombra de los almendros. El día está precioso, fresco, primavera, verde, flores, nubes definidas y luz directa y cálida. Y en las alturas, para rematar, las nieves.

Tras la comida ganamos distancia, pasamos las Herrerías y nos acercamos al río Vadillo. La vereda desciende por laderas abruptas y cruza el arroyo gracias a un puente nuevo de troncos que nos evita un seguro remojón. Remontamos el espolón terminal de la loma del Calvario que hunde su cuña invertida entre el Genil y el Vadillo y accedemos a un grupo de cortijos emplazado en un lugar impensable. Son casi las seis de la tarde, llevamos autonomía, podemos decidir nuestro destino sin prisas ni condiciones. ¿Qué hacemos?

Cerro de los Machos y su estética arista noreste

Entre remontar hacia la Cucaracha, entre subir el Genil hacia Cueva Secreta y, finalmente, entre descender hacia el coche nos dejamos llevar por lo cómodo y buscamos el regreso. A media ladera enganchamos la Cuesta de los Presidiarios y vadeamos el Genil por el puente de los Burros. Remontamos hacia la vereda de la Estrella y, con mucha paciencia, recorremos la autopista hasta el San Juan y de ahí, por la carretera cortada, contamos los túneles hasta cerrar la elipse.

Hemos paseado nuestros sacos y la tienda durante 23 kilómetros, les hemos hecho 1600 metros en positivo y hemos empleado 9 horas con las botas de nieve. Pero no hay problema: ha merecido la pena por este panorámico descubrimiento. Y además, siempre nos queda el consuelo de que podría haber sido mucho más dramático si se nos hubiera ocurrido echarnos los hierros4Nuestro plan inicial era haber tirado hacia los tres miles de la zona de los Lavaderos de la Reina (Atalaya, Cuervo, Puntal de los Cuartos) pero había menos nieve de la esperada y optamos por hacer media montaña. El que no se contenta es porque no quiere.

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