Tremenda machada para ascender la Sagra por sus cuatro caras en el día, completando así una actividad con 8 recorridos distintos, muchos kilómetros y una burrada de desnivel.
ficha

Sierra de la Sagra
mayo de 2023
16 h incluyendo paradas
34 km
3700 m
estable, fresco
pijá de subir monte, casi siempre campo a través, buscando el purismo de repetir el mínimo e imprescindible
véase el mapa más abajo
track disponible aquí

En el lejano mes de enero de 2023, con motivo de la celebración del 70 aniversario del Club Montañero Murcia, el amigo Félix se animó y propuso repetir la Sagra 4 caras, un pepino de actividad cuya primera edición como salida de club tuvo lugar en el año 2012 y que consiste en ascender nuestra querida montaña por cuatro itinerarios diferentes con sus cuatro respectivos descensos, también por trayectorias distintas.

A cinco meses vista me entusiasmó la idea de apuntarme a este reto. Siendo prácticos, me venía bien, pues así podría preparar primero la carrera del Portazgo de mi pueblo. Lo que hiciera para esta me valdría para la burrada de la Sagra. Sin embargo, el mes de marzo fue muy malo para mí. Cogí la gripe A y me dejó más de tres semanas tiritando sin apenas poder moverme. A partir de abril, mi cuerpo comenzó otra vez a despertar, en parte, gracias al pedazo de hostión que me pegó la Gran Diagonal de Peña Telera, pero esa es otra historia que será contada en otra ocasión.

Y así llegamos a primeros de mayo. Me noto con buenas sensaciones y estoy muy motivado para la aventura. Como hay que madrugar bastante nos vamos casi todos a dormir a la Puebla o a los Collados. El tiempo está revuelto y puede pasar cualquier cosa. La noche discurre rápida y muy de madrugada suenan los despertadores. Sobre la Sagra asoma la constelación de Escorpio y el corazón rojo de Antares, exactamente en la vertical de la cumbre.

Nos vamos preparando con las frontales, ajustamos cordoneras, comprobamos el agua y nos reunimos con los que vienen de Murcia y la Puebla. Ya estamos todos. A las 5:40 comenzamos la aventura con la tenue luz de un gajo de luna sobre el Collado de las Víboras. Del amanecer no hay noticias.

Félix, fiel a su manual de estilo, comienza fuerte remontando hacia la base del embudo, nuestra primera subida —si ha de cascar algún tendón, que lo haga ahora—. Todos vamos animados, expectantes, sorprendidos de lo seco que está el terreno y de la buena temperatura pese a que daban grados negativos. Vamos en fila india ganando metros y con las primeras luces llegamos al estrechamiento del embudo. Podemos apagar las frontales.

A nuestras espaldas se despliega ese laberinto de montañas que tanto nos gusta: desde la Guillimona hasta las Almenaras, desde Revolcadores hasta las Banderillas. Los primeros rayos tiñen de dorado las cumbres y los laricios, solitarios y orgullosos, se aferran a los pináculos de roca para resistir el embate del frío norte.


Croquis de la actividad


En la piedra de los caramelos hacemos una parada de diez minutos para ponernos las chaquetas y beber agua. Seguimos remontando en diagonal a derechas para salir muy cerca de la cumbre. Apenas nos faltan unos pocos metros por la senda habitual y tocamos, por primera vez hoy, el pilón. Está amaneciendo y la luz tiñe de dorado los campos y las laderas de las montañas. Nos sentamos al repecho mirando hacia el sur y comemos fruta y chocolates. Vámonos.

Descendemos por la cara sur todo tieso hasta un cercado cinegético que sube más arriba de los 2000 metros. Nos cruzamos con elegantes pinos de majestuoso porte y pronto nos vamos perfilando a derechas en paralelo a la valla hasta perder casi 1000 metros con respecto a la cumbre. Visitamos unos tornajos y por una senda bien bonita llegamos a la Cueva del Agua.

Otro buen descanso y nos lanzamos para arriba por la cara sur. Vamos muy animados: temperatura fresca, fuerzas todavía generosas, subida cómoda marcada por el jefe haciendo zetas entre la vegetación almohadillada y los arbustos rastreros. Por el rabillo del ojo disfruto de la Cresta Sur de la Sagra, nunca la había contemplado desde este ángulo. Intento adivinar los rápeles y los pasos más característicos.

En la última ascensión por la Sagra chica

Poco a poco la pendiente va cediendo y dejamos a nuestra izquierda la antecima sur para alcanzar el pilón con la emoción de que aparece en el último momento. Ahora ya hay más gente en la cumbre. Comemos un buen bocata de nuevo a sotavento y emprendemos la segunda bajada, ahora hacia las Santas.

El viento sopla furioso del norte y me hace daño en el ojo izquierdo y en las manos. Vamos muy rápidos esquivando al pelotón de peña que sube remontando desde el Embudo y desde las Víboras. Me sorprendo de la cantidad de gente con la que nos cruzamos. Muchos de ellos van muy torrados y poco abrigados para el frío que hace. En fin.

Me empieza a molestar la planta del pie izquierdo. Mal asunto. Uno de los compañeros —el bueno de Hugo— se sale en las Zamarrillas. Conforme vamos perdiendo metros el viento disminuye y los grados suben. De las Víboras bajamos por la senda habitual y luego atajamos hasta llegar al refugio. Aprovecho para cambiarme los calcetines y ponerme unos secos. (Esto será crucial para aguantar).

Bastante torrado y con la mente confusa llego a las Santas. El personal está muy entero y nadie da muestras de flaqueza. Nos inflamos en el puesto de una carrera de bici: lazos de azúcar, bocatas y botes de bebidas fresquitos. Bien. Reponemos agua y me planteo intentar la tercera subida y, si llego mal, pues me salgo por el embudo.

Salimos de las Santas por una pista blanca con bastante calor: por la hora y porque estamos a sotavento. El recorrido alterna trozos de carril y tiradas largas de monte a través por lugares cerrados y confusos. El purismo de Félix es así: intentar no repetir ni un metro aunque nos tengamos que partir el lomo a cara de perro. El terreno tiene bastante pendiente y piedra suelta. Aquí paso una pequeña crisis y tengo serias dudas. Parece que Félix me lo nota y se pone conmigo para llevarme a rebufo: pim-pam, pim-pam y en pocos minutos alcanzamos las Víboras. Seguimos.

En lugar de remontar por la senda nos perfilamos a la izquierda, hacia el sur. En paralelo al cercado ganamos muchos metros en poco tiempo. Tenemos suerte porque nos encontramos protegidos del viento. Cada media hora una breve parada para beber y adaptarnos a las condiciones meteorológicas cambiantes. El cielo se nubla pero no nos amedrenta. Creo que lo vamos a lograr.

Nuestro recorrido bordea por el sur la zona somital de la montaña y busca la cumbre sin repetir ni un metro. Es la tercera vez que pasamos por aquí arriba. En este momento tengo claro que sí, que lo vamos a lograr. Ahora el cielo se ha abierto y se cuela la luz del atardecer entre grandes cúmulos. Su luz define los Campos, las Banderillas e incluso Mágina en el horizonte. Me parece estar contemplando un óleo de Turner mientas esquío por las piedras de una de las últimas pedrizas de la Sagra que todavía perduran.

Nos agrupamos bajo un enorme pino. Estamos eufóricos. Navegamos bajo el dosel del bosque de pino maduro buscando el cortijo Blanco al que llegamos más pronto que tarde. Hacemos una nueva parada para encarar el empinado Bosque Vertical. Vamos.

Esta última ascensión la afrontamos como las anteriores: mucha calma, todos en fila, ritmo continuo y pausado, amplias lazadas para disminuir la pendiente. Por entre los pinos monumentales entra la luz oblicua de un sol cada vez más bajo. En el collado de la Sagra chica afrontamos las últimas pendientes severas. Miro mucho el reloj para comprobar como van cayendo los metros: pam, pam, pam, uno detrás de otro.

Las curvas de nivel se van apartando en el GPS. Llegamos a la antecima sur. Por nuestra derecha está el itinerario de la segunda subida de la mañana. Al frente los otros dos de subida. A la izquierda la última bajada. En mi cabeza, en el pecho, en las piernas, tengo completa la cartografía de la Sagra por todos sus costados. Al llegar a la cumbre, la cuarta, Miguelón sale corriendo para grabarnos, José Tovar abraza el pilón y Félix nos recibe conforme vamos llegando. Es un momento inolvidable, intenso, magnífico. Ya lo tenemos. Falta bajar.

En el descenso el viento pega menos. Las tierras llanas están en penumbra y nos apresuramos para no tener que recurrir a las frontales. En las Zamarrillas nos deslizamos por la ladera norte y flanqueamos a la izquierda para enganchar con la castigada pedriza clásica. En el bosque camino atento al canto de despedida de los pájaros. Salir al monte es un bien escaso en estos tiempos míos y debo atesorar al máximo estas sensaciones que tan bien me cuidan.

En los collados, donde tenemos los coches, nos abrazamos otra vez. Ahora sí. Muchas gracias a todos por vuestra compañía. Muchas gracias, Félix, por la preparación y el buen hacer como guía. Aunque hemos venido a sufrir, ha sido una jornada inolvidable.

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José Antonio Pastor González


Hago montañas desde que tengo uso de razón. Primero al lado de casa en mi Atalaya y en el Almorchón de Cieza. Después por las sierras de Segura y Cazorla que son mi segundo hogar. Finalmente, y por supuesto, también en Sierra Nevada y el resto de las cordilleras Béticas.

Todas ellas son el terreno de juego protagonista de esta web gracias a la cual disfruto por partida doble: primero subiendo las cumbres y luego relatando mi experiencia. Sed bienvenidos y gracias por vuestra visita.

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