La cresta sur de la Sagra es una arista que ronda los dos kilómetros de dificultad media II-III con abundantes trepadas, pinos, resquicios, agarres, cazos como mi cabeza y muchas posibilidades para disfrutar de una aventura rocosa, aérea y técnica.
ficha

sierra de la Sagra
junio de 2011
7 h
irrelevante
900 m
estable, calor
cresta aérea con frecuentes trepadas de II y III, algunas de ellas expuestas. Tiene dos pasos aislados de IV grado equipados así como 3 rápeles (12, 20 y 10 metros) con descuelgues equipados
croquis en mapa disponible aquí y croquis en foto disponible aquí
track disponible aquí

En una actividad técnica siempre hay un momento de silencio. Vas avanzando, pendiente de hacer bien las cosas, de no escurrirte por alguna chimenea o agujero, de poner los pies y las manos en los huecos correctos… Y así, va pasando el tiempo hasta que llegas a un punto en el que la montaña te detiene. Es el momento de la cuerda. Hay entonces unos segundos de concentración mientras uno la deslía y el otro se va colocando el arnés.

Pero no vayamos tan rápido. Esto empieza con una llamada de teléfono: ¿vamos a hacer la cresta de la Sagra? Y a continuación, unos momentos de silencio y mis dudas: estoy resfriado con fiebre, tengo que corregir 150 exámenes de selectividad que me esperan en un sobre cerrado y van a caer 40 grados a la sombra.

Evidentemente no respondo de primeras sino que me pido una jornada de reflexión. Ese tiempo transcurre y sigo resfriado pero sin fiebre, con una pila de más de cien exámenes sobre la mesa de camilla y una predicción meteorológica de 38 grados y pico. Como todos los indicadores han mejorado — un poco — no puedo dejar pasar este cáliz. Pues para allá que nos vamos.

La cresta de la Sagra es una arista que ronda los dos kilómetros, de dificultad media II-III con abundantes trepadas, pinos, resquicios, agarres, cazos como mi cabeza y muchas posibilidades para disfrutar de una aventura rocosa, aérea y técnica. Además requiere tres rápeles (12, 20 y 10 metros) y tiene un par de pasos aislados de IV que le añaden todavía más emoción y terminan desgastando la puntera de las botas.



La apertura de esta vía data del año 2001 a cargo de Félix Gómez de León que la recorrió en solitario en una de sus habituales locuras estéticas del estilo: mira que línea más bonica hace ahí la Sagra… tiene que estar bien enredar allá arriba. Con el paso del tiempo, me cuenta que ha ido depurando la línea buscando el equilibrio en la dificultad. Con el paso del tiempo, también ha ido equipando los descuelgues y los pasos más comprometidos. Desde aquí, estoy seguro de que todos los que hemos efectuado este itinerario le agradecemos sus horas de taladro, su generosidad y su tiempo.

Dejamos el coche en las proximidades del Cortijo de la Capellanía al que se accede desde el punto kilométrico 14 de la carretera que une Huéscar con la Losa. (Coordenadas 37.91254, -2.62468 en Google Maps.) Desde ahí cogemos el carril que busca la Cueva del Agua. Tenemos que pasar una de las muchas vallas que separan la Sagra en parcelas y pronto abandonamos el camino para adentrarnos ladera arriba. El primer paso es un estrecho callejón de roca con un par de bloques en forma de T que te obligan a colarte entre ellos. A continuación se sigue ganando altura por terreno sencillo, disfrutas de un arco de piedra tan fino que cuesta imaginar cómo puede soportar los temporales de poniente y trepas hasta colocarte cerca de los 2000 metros.

Hay muchos hitos — que realimentamos conforme pasamos — para confirmar el buen camino hasta que alcanzamos una exigua brecha con abundante pino y un muro exigente. El brillo de las chapas al sol de la mañana nos está diciendo que empieza el baile en serio. Nos encordamos — en silencio — y Félix sube el largo hasta un laricio desde el que me asegura. Manos allí, pie empotrado acá, el culo atrancao en esta grieta y el típico enganchón de la mochila con las ramas del pino.

Una vez arriba sigo por terreno sencillo llevándome la cuerda todos sus metros — los 60 que tiene — hasta un collado de tierra fina en el que espero a Félix tan feliz e ingenuo que no le recupero cuerda hasta que lo veo aparecer maldiciendo. Ya voy jefe, ya voy… le digo. A continuación una trepada aérea, sencilla y muy larga por un tramo fino y muy vistoso. Félix asciende sin poner seguros intermedios hasta que se apalanca en otro pino cuando agota los 60 metros. Yo tiro y tengo que ir serpenteando entre las rocas para seguir la línea de la cuerda que me protege del abismo a ambos lados.

El siguiente largo es mío y me cuelo literalmente por las ramas de un pino enorme del que me ayudo para progresar y en el que coloco una cinta como seguro intermedio. Así alcanzo el primero de los rápeles. Me aseguro a la reunión y le recupero cuerda al maestro que ahora viene sin echarme el puro porque lo he hecho bien. La cosa continúa más o menos igual durante bastante tiempo. Trepadas divertidas, pinos imposibles colgados del abismo, un cercado cinegético que aparece intermitentemente en los collados más accesibles, muchos hitos, agarres de los buenos y así hasta que afrontamos el segundo rápel, el más largo y también el más cabrón porque tiene desplome y encima la salida hay que hacerla a la izquierda, apartados de la vertical.

Pero bueno, aunque dejo enganchada mi cuerda en una rama de pino, Félix que viene por detrás la recupera y continuamos pim-pam, pim-pam hasta el tercero de los rápeles, el más sencillo de los tres. El collado de la Sagra chica ya está muy cerca. A él llegamos cuando son las dos de la tarde tras casi 4 horas de cresta.

¿Vamos para arriba no?

Está visto que hoy voy a purgar mi resfriado. El tío va y me dice que si no subimos a la cumbre entonces la vía no cuenta. Maldigo el purismo y los puristas y a regañadientes me pico para afrontar los últimos 400 metros. Menos mal que la adrenalina nos hace subir rápidos y en 45 minutos estamos en el vértice disfrutando del bocata y de las vistas magníficas que siempre ofrece la Sagra.

Coincidimos en la cumbre con un grupo numeroso de Murcia, los Nazíos p’andar que dejan un banderín, firman en el buzón que colocaron los amigos de Huéscar y le tiran para el collado de las Víboras. Nos despedimos y nos quedamos ahí, solos, con el sol clavado en lo alto. Finalmente, nosotros también deshacemos el camino, primero abrigados y luego sudando: antecima sur, ladera sur de la Sagra, collado de la Sagra chica, bosque vertical y al coche. Treinta y tres grados marca su termómetro. Serán 37 en Huéscar mientras nos clavamos varias coca colas y 40 y pico en Murcia.

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