Con el aliciente de enlazar las cumbres de la Sagra y la Guillimona, Félix diseña una maratón de montaña que recorre las divisorias principales de ambas montañas. Terreno duro, meteorología adversa y mucha motivación para terminar el reto.
ficha

sierras de la Sagra y la Guillimona
abril de 2024
12 h incluyendo paradas
42 km
2300 m
inestable, frío
recorrido montañero para enlazar dos cumbres significadas con el objetivo de completar la distancia de una maratón por terreno áspero y complejo
véase un poco más abajo
track disponible aquí

El mar estaba tranquilo, tibio, el sol ahora ligero sobre las cabezas mojadas y la gloria de la luz llenaba esos cuerpos jóvenes de una alegría que los hacía gritar sin interrupción. Reinaban sobre la vida y sobre el mar y lo más fastuoso que puede dar el mundo lo recibían y lo gastaban sin medida, como señores seguros de sus riquezas irreemplazables.

— Albert Camus. El primer hombre.

Uno desconoce el motivo por el que nos metemos en ciertos embolados. O sí, quizás sí que lo sabemos. En mi caso, hay una necesidad de superar retos pendientes y de constatar que todavía me queda mucha marcha por delante. Vamos, lo que viene siendo la crisis de los 50.

Félix me recoge en el sitio habitual de la UMU donde también nos reunimos con Mary Roca, una señora cuyo apellido le viene de cine porque es dura como el mármol. Total, acaba de bajarse del avión y de quedarse a escasas horas de coronar un 7000 en el Nepal. Y aquí la tenemos sonriente y súper animada.

Ponemos dirección a la Puebla y llegamos una hora y media más tarde. En el albergue, Fernando lo tiene todo preparado y nos da la bienvenida. Nos reunimos con el resto de compañeros: Anabel, José Tovar y Mónica. Y ya está. Seis locos, seis.

Con José he hecho muchas actividades y es un montañero muy fiable, tan sólido como silencioso. Me alegra mucho verle. Anabel es un torbellino de vitalidad y también hemos coincidido muchas veces. Es una zagala ultra apasionada que transmite siempre excelentes vibraciones.

Mónica es la única del grupo que no conozco. Nos presentamos y me cuenta que ha entrado este mismo año en el Club Montañero. ¡Y con apenas unos meses de rodaje aquí está en una de las actividades estrella del curso!

Porque eso es lo que nos traemos entre manos: acometer e intentar culminar una de las propuestas más ambiciosas de la programación de este año. En pocas palabras, recorrer una elipse subiendo a la Sagra y la Guillimona y completando el recorrido de una maratón.



El autor del proyecto es Félix Gómez de León, bien conocido en esta web por su afán de dibujar a mano alzada líneas en tapias de roca y en nortes vertiginosas. En esta ocasión, ha ideado un recorrido completamente original que enlaza las cumbres de la Sagra y la Guillimona siguiendo viejos caminos de pastores y dorsales de áspero lapiaz, todo ello con el hándicap de evitar los múltiples vallados que impiden el libre tránsito de personas y animales.

Tras una cena en el bar del albergue nos retiramos para intentar descansar unas cuantas horas. A las cinco y media suena el despertador, desayunamos, mochilas y para los Collados de la Sagra. Está alboreando y podemos contemplar los contornos de las montañas enmarcados entre algunas nubes. Dejamos un depósito de agua y comida en el cortijo de San José de la Montaña y arrancamos a caminar desde los Collados.

Hace algo de frío, el tiempo se mantiene pese a que daban lluvia y sólo me inquietan unas nubes enganchadas en Sierra Seca. Disfrutamos de un candilazo espectacular sobre el Peñón de los Miravetes y Anabel está eufórica. ¡Pero qué energía gasta esta zagala a las 7 de la mañana!

Navegamos por los caminos que nos van acercando hacia el Bosque Vertical. Félix lleva la ruta súper controlada como en él es habitual: a este hombre la psicopatía le tiene que servir para algo y es que, en la montaña, le encanta tener el control sobre todo lo que se puede controlar. Nosotros vamos a su rueda, y más ahora que comenzamos a remontar por una leve trocha apenas dibujada en las jumas del suelo. De vez en cuando, unos hitos nos confirman el buen camino. ¿Qué alma caritativa los habrá puesto?

Finalmente desembocamos en la autopista de subida al Bosque Vertical. Remontamos bajo el dosel arbóreo de los laricios centenarios que sostienen esta empinada ladera. Al llegar al collado de la Sagra Chica tomamos un bocado al abrigo de la cresta. En el valle del Guardal se desperezan unos jirones de nubes que otorgan escala y perspectiva al paisaje. Nos sentimos perfectamente: a tope de confianza y fuerzas. Vamos para arriba.

Apenas 45 minutos más y llegamos a la cumbre de la Sagra. Hace bastante frío y viento así que continuamos tras las fotos buscando perder metros. En la salida del embudo nos cruzamos con los primeros montañeros más madrugadores. Nosotros tiramos hacia la cumbre oriental y descendemos en dirección al collado de las Víboras.

Una vez allí nos dejamos caer por el camino habitual de ascenso. Los estómagos ya rugen y apretamos el paso buscando un primer descanso que hacemos junto al refugio. Me quito las botas, ajusto los calcetines y enseguida volvemos al tajo. Descendemos acortando curvas de pistas y aprovechamos el aclarado de un cortafuegos para vadear el río Bravatas por uno de los pocos pasos practicables.

Ahora hace calor y caminamos por un carril en leve ascenso. Llevamos un cuarto de jornada aunque la mitad del desnivel lo cual no está mal. Llegamos al depósito y recuperamos líquidos y sólidos. Algunos dudamos si ponernos en modo verano pero aguantamos el tirón. Otra vez a caminar: ahora toca remontar hacia la Guillimona por un viejo carril que nos lleva al Cortijo de la Cueva de la Cadena.

Nos dividimos en dos grupos y me quedo, como es habitual en mí, en la cola del pelotón de palique con Anabel y Mónica. Pasan los kilómetros casi sin darnos cuenta hasta llegar a la zona de lapiaz característica de la cumbre de la Guillimona. Nos salimos del carril por un camino secundario hasta un abrevadero que parece alimentarse de la Fuente de los Tornajuelos.

El tiempo está empeorando ostensiblemente así que hacemos una parada para rearmarnos, comer algo sólido y abrigarnos. Empieza a llover y el viento arrecia fuerte desde poniente. El ojo de la borrica se tuerce y nos mira fijamente.

Comenzamos ahora a navegar entre profundas dolinas y crestas incómodas sorteando los piornos en flor. Flanqueamos el Cerro de Torcas Altas en sentido anti horario y la lluvia se convierte en una nieve granulada que nos martiriza.

Buscando el camino más protegido del fuerte viento nos acercamos al vértice de la Guillimona al que llegamos ateridos. Unos rápidos abrazos y continuamos hacia el oeste en paralelo al vallado de la divisoria principal. Por suerte, el vendaval va cediendo en su empuje y se nota un aclarado en dirección al puerto de la Losa que es justo a donde nos dirigimos.

Llevamos 25 kilómetros y casi todo el desnivel superado. Me voy quedando atrás porque la rodilla izquierda me envía señales extrañas cuando lanzo la pierna izquierda con la derecha apoyada. Mal asunto: todavía queda un mundo de piedras, desniveles y lomas y salir de aquí no va a ser sencillo.

Me detengo, mis compañeros me sacan ventaja y me hago un masaje rápido en la rótula. Forzando el gesto de la pisada mantengo el dolor a raya. Además el terreno me beneficia pues es muy quebrado y hay que atravesar varios vallados de modo que recupero la ventaja. Anabel me espera además en los cambios de rasante. Es un sol.

Conforme el tiempo mejora también lo hace mi rodilla. Falsa alarma quizás. Me olvido de la mensajería interna de mi cuerpo y me centro en las amplias panorámicas que ahora sí podemos disfrutar. Hay una luz oblicua que, tamizada por los vapores, imprime al paisaje descarnado un carácter irreal. El Castellón de los Miravetes se dibuja imponente y es una estupenda referencia para saber cuánto nos queda hasta la Losa.

Tras una última remontada nos internamos en el Barranco de las Terreras siguiendo un carril que discurre por el fondo plano de la vaguada. Hace tan buen tiempo ahora que nos podemos sentar en el suelo a comernos un último bocado. Las nubes se abren y ya se adivina el talud de la carretera de la Losa en la media distancia.

Nos queda ahora bajar unos kilómetros de puerto por el asfalto que hago en compañía de Anabel y Mónica hablando de todo un poco. En la Hoya de Guadix destaca el Jabalcón y detrás apenas se aprecian las faldas de la Sierra de Baza.

En una curva cerrada nos internamos por un viejo carril que, a media ladera, se pone en la vertical del nacimiento de Fuente Montilla. Nos toca descender 100 metros de desnivel por una pendiente de roca suelta bajo encinas. Por fin llegamos a la alberca que alimenta la acequia homónima.

El último tramo horizontal lo hacemos exultantes, más o menos como los niños de la cita de Camus. La magia de la luz rebotada en la figura omnipresente de la Sagra nos colma de alegría. No en vano, nos sentimos reyes de la vida y este sentimiento de felicidad, lo más fastuoso que podemos recibir del mundo, lo gastamos sin medida con toda la seguridad de que jornadas como la de hoy justifican las futuras cuestas que nos quedan por subir.

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José Antonio Pastor González


Hago montañas desde que tengo uso de razón. Primero al lado de casa en mi Atalaya y en el Almorchón de Cieza. Después por las sierras de Segura y Cazorla que son mi segundo hogar. Finalmente, y por supuesto, también en Sierra Nevada y el resto de las cordilleras Béticas.

Todas ellas son el terreno de juego protagonista de esta web gracias a la cual disfruto por partida doble: primero subiendo las cumbres y luego relatando mi experiencia. Sed bienvenidos y gracias por vuestra visita.

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