Última actividad que hicimos la temporada pasada en Sierra Nevada: una cabalgata que nos lleva de los Machos al Veleta con un pie en el Mediterráneo y otro en el Atlántico y con el aliciente final de ascender el Veleta por la misma raspa que sale en el logo de la botella de Lanjarón.

ficha

Sierra Nevada
julio de 2012
1 día
20 km
 1200 m
estable, fresco
trepadas de III en la subida a los Machos y dos largos (L1 V, L2 III) sin equipar para el Veleta
aquí está 

Me van ustedes a perdonar por hacer memoria y traer aquí una actividad de hace ya mucho tiempo. Es lo que tienen las servidumbres del día a día, que vamos postergando las cosas no urgentes hasta que quedan atrapadas en el fondo del armario.

El caso es que hoy me he levantado con calma y tengo tiempo de sobra, así que vamos a recuperar material del verano pasado. (Ciertamente, tengo muchas más actividades en el paquete de pendientes y siempre aspiro a liberarlas en algún momento futuro.)

Con Félix nos acercamos a Granada. Es Julio, hace calor y la sierra está muy seca. Dormimos en la base de la montaña y muy temprano dejamos el coche en la Hoya de la Mora. El trozo que hay hasta las Posiciones se nos hace aburrido. Hace muy poco estábamos aquí también enfilando la arista del Cartujo, así que tenemos todo el paisaje de las pistas y la carretera muy reciente.

En apenas un verbo estamos ya en el filo con vistas al Guarnón. Nos colamos por el Veredón y descendemos a ese santuario de paz y silencio que es el corral del Veleta. Félix aprovecha para contarme la cartografía de la pared: que si los extraplomos por allí, que si la Silvia por aquí, que si la Paco-Pepe



Croquis de la actividad

Tras echarle un vistazo al túnel que hay bajo el Veredón y tomar buena nota de su emplazamiento — nunca se sabe — caminamos en penosa travesía bajo la Norte de los Machos. Se haga en temporada calzando crampones o ahora en verano con botas de trekking, este flanqueo siempre resulta interminable.

En lugar de ir hacia el collado de Veta Grande preferimos acortar la arista y nos colamos por una lancha inclinada para llegar a un colladete donde se ganan vistas hacia la vertiente Este de los Machos. En invierno la rampa terminal para llegar aquí no debe ser complicada, pero ahora en verano nos cuesta lo suyo porque la roca supura agua y está muy resbaladiza.



Nada más amanecer ya vemos la arista

En el breve collado nos colocamos los arneses y el casco y aprovechamos para comer algo. Queremos subir a los Machos por esta arista y tenemos claro que las dificultades se encuentran en esta primera sección. Es un terreno no complicado aunque sí muy expuesto y con roca suelta. Mejor no confiarse.

Poco a poco vamos superando las zonas más verticales y el nervio de la arista se hace menos fino e inclinado, señal de que estamos a punto de entroncar con la cumbre de los Machos. Una vez que estamos en ella, podemos abarcar con la mirada todo lo que nos queda hasta el mismísimo Veleta. Desde aquí no se ve muy complicado. Vamos pues a ver qué pasa.

Caminamos por terreno casi plano hasta la primera de las cotas intermedias entre los Machos y el Veleta (el Zacatín). Es apenas un breve promontorio que dejamos atrás y afrontamos a continuación la subida al Campanario, éste sí ya mucho más destacado. Como nunca hemos estado aquí sacamos la cuerda y Félix remonta por terreno sencillo hasta la cumbre (trepadas de III) donde me asegura al cuerpo.

Desde el Campanario apenas se desciende hasta afrontar la tercera y última cota intermedia antes del Veleta conocida como el Salón. Esta cumbre da precisamente el nombre al famoso y frecuentado corredor o canuto ‘del Veleta’ que, en los libros clásicos, siempre aparece como ‘corredor del Salón’.



Terreno descompuesto bajo el cerro de los Machos

Para subirlo, en lugar de hacerlo por la misma divisoria, nos perfilamos hacia el sur y remontamos por bloques con buena roca que todavía se hace más segura porque llevamos los gatos. Este tramo lo hacemos en ensamble para no guardar la cuerda.

Finalmente, llegamos al collado previo donde está la salida del canuto del Veleta. Desde este punto, en travesía horizontal se accede a la Fidel-Fierro, una vía de III que salva la pared sur y por la que normalmente se cierra la actividad invernal del corredor. Pero Félix me dice que nosotros vamos a ser puristas y que vamos a terminar por el filo, como está mandado. (¡Dios mío, pero qué cruz la del purismo!)

Pues nada, vamos a subir por el mismo filo. Montamos reunión utilizando unas anillas colocadas para rapelar hacia la vertiente sur. Como están pensadas para la temporada de invierno, cuesta mucho llegar hasta ellas. El caso es que Félix monta la reunión y sale para arriba metiendo cacharros cada 4 o 5 metros. En un punto concreto, lo veo enredando más de la cuenta y pienso en voz alta:

Malo, malo, si éste piensa mucho es porque por ahí no se pasa fácil.

En fin. Al final salva la situación saliendo por un lugar diferente y monta reunión sin que podamos vernos ni escucharnos.

Cuando ya ha recogido toda la cuerda paso a desmontar mi reunión. El problema es que las anillas están altísimas y encima Félix piensa que ya voy para arriba y no para de darle tirones a la cuerda. Entre una cosa y otra me cuesta un mundo liberar la cuerda y los mosquetones de seguridad. Maldigo en voz alta, grito como un poseso y al final consigo salir para arriba.



Félix en el L1 negociando con los micaesquistos

Al principio el terreno es sencillo pero pronto la cosa se encabrita. Además, tengo que recuperar un fisurero que Félix ha dejado puesto a trasmano saliéndome de la línea de subida. Y no sólo eso, al tratarse de un paso complicado — Félix le da un V no solo por la dificultad, sino también por la mala calidad de la roca — lo lógico es protegerlo cuanto más mejor, así que ha introducido un par de clavos hasta la cabeza.

Pues bien, ¡no os podéis imaginar lo que me cuesta sacarlos! Pensad que Félix es diestro mientras que yo soy zocato y tengo que darle a la maza con la derecha que es la posición natural suya para colocar los pitones. Después de otro buen rato maldiciendo y sudando la gota gorda, teniendo a mis pies el mareante vacío del corredor y con un viento frío y gris que humedece el ambiente, por fin consigo recuperar todo el material y salir hacia arriba.

Cuando nos juntamos en la R1 le comento la jugada y me explica que se ha echado por el sitio menos sencillo por un motivo: porque era donde menos piedras sueltas habían y tampoco era plan que yendo yo de segundo me cayera un bolo como un jamón y me llevara para adelante. Ahhhhmmmm…

Le pregunto a Félix si este itinerario es muy repetido y me contesta que no lo parece. No hemos encontrado material y además hay mucha lasca suelta en las cornisas. El L2 parace que sale mucho más sencillo y además, enseguida encuentra algunos clavos antiguos que consolidan la progresión. En muy poco tiempo me recoge cuerda y ganamos la cima del Veleta saliendo directamente al vértice geodésico.

Cuando llegamos arriba me siento increíblemente bien. Ha salido una actividad redonda, exigente, siguiendo una línea muy estética y definida a la que desde hace ya bastante le teníamos unas ganas tremendas. Disfrutamos del bocadillo en la cumbre, de la tranquilidad y de la visita de un acentor alpino al que atiborramos de migas de pan.

Él no necesita maza, clavo ni cuerdas para reinar sobre las alturas.

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