Actividad clásica de Sierra Nevada en la que se asciende uno de los 3miles más señalados de la divisoria por un itinerario alpino. Abundantes trepadas de II y III, un paño sin equipar de grado IV y un rápel que le añaden salsa y picante al bocado final: la cumbre.

ficha

sierra Nevada
julio de 2012
10 horas
fuerte viento
arista con
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mirar aquí el de la vía

[Fotografías de Félix Gómez de León y el autor]

Antes de que venga el fin del mundo recupero a toda velocidad actividades pasadas, como esta que hicimos en el centro del verano. Nuestra idea inicial era afrontar toda la arista de los Machos hacia el Veleta.

Con ese objetivo en mente nos acercamos a la Hoya de la Mora para dormir junto al coche y empezar bien temprano. El caso es que nada más meternos en los sacos comenzó un ventarrón de mil demonios que ya no paró. Con rachas muy fuertes que apenas nos dejaban abrir las portezuelas del vehículo vimos claro que debíamos cambiar de planes y plantearnos un bocado menos gordo.



Croquis de la arista


Amanece y comenzamos el camino


Sabina rastrera

Le comenté a Félix entonces que podíamos hacer la arista del Cartujo. Si bien es una actividad mucho más apetecible en el invierno1Véase aquí un reportaje de este mismo invierno en el blog de Pelegrinajes. le tiramos con ganas porque ninguno de los dos la conocíamos. Andando con 30 grados de inclinación contra el viento atravesamos el erial de las pistas de esquí y, a partir del radiotelescopio, nos sumergimos en la soledad de la cuenca del río Dílar hasta la que también llegan algunas pistas.

Me pongo en situación y abandonamos el tiempo pasado para escribir en presente. Enseguida vemos claro el comienzo de la arista y nos calentamos la cabeza para llegar por el camino óptimo. Creemos encontrarlo a media ladera lamiendo las aguas del lagunillo misterioso y por fin, tras un largo pateo, nos encaramamos en la raspa del Cartujo.



Sorprendidas


Equilibrios con el viento y la roca


En las lajas resbaladizas y planas encontramos las huellas de crampones que arañaron su dura superficie en el lejano invierno

Al principio la arista es bastante roma y poco definida aunque enseguida se pone afilada y divertida. Si bien los primeros pasos son sencillos el fuerte viento nos hace extremar las precauciones y en los sitios expuestos caminamos en cuclillas para bajar el centro de gravedad.

En las lajas resbaladizas y planas encontramos las huellas de crampones que arañaron su dura superficie en el lejano invierno. Aunque el terreno a grandes rasgos no parece complicado, la disposición de las rocas, enormes lanchas de micaesquistos inclinadas, dificulta la progresión y obliga a no bajar la atención ni un solo segundo.



Montañeros en la divisoria


Diedro afilado

Pasamos por sitios estrechos, superamos algunas placas de cierta inclinación y nos colamos por un diedro enorme que nos acerca al punto más delicado de la arista. De primeras tenemos un rápel de 10/15 metros cuyo descuelgue está equipado con varias cintas. Félix sopesa la seguridad de la instalación y le da el aprobado. Descendemos y nos recibe un plano inclinado 45 grados en el que no es sencillo aterrizar.

Estamos en una brecha, una discontinuidad de la arista de la que se sale obligatoriamente escalando un muro de IV si no se quieren perder más de un centenar de metros. Si bien en las reseñas siempre hemos visto que el personal sale por una chimenea evidente con mucha roca suelta Félix prueba más a la izquierda por un paño más abierto y limpio.



Rapelando


Superando el paso más técnico


Tardo más de lo previsto porque uno de los fisureros está tan bien empotrado en la grieta que tengo que hacer cirugía fina para recuperarlo

De esta forma supera un par de resaltes sencillos y en la zona más apretada, donde hay que sacar el culo al precipicio, protege la sección con dos fisureros. Más tarde lo veo desaparecer y tras un rato, entre las ráfagas de fuerte viento que se cuelan en este mellado de la arista, le escucho gritar: reunióoooooon.

Pues nada, tiro para arriba. Tardo más de lo previsto porque uno de los fisureros está tan bien empotrado en la grieta que tengo que hacer cirugía fina para recuperarlo. Finalmente me reúno con Félix y acordamos guardar la cuerda porque a partir de aquí el camino hasta la cima se ve franco.



Últimos metros


Pastando ensalada con buenas vistas

En la cumbre almorzamos al abrigo de una roca. El viento ya va disminuyendo y el paseo que nos queda de regreso lo hacemos disfrutando. Primero por la divisoria que une el Tozal con el Elorrieta y luego por la vereda que discurre por debajo de los Tajos de la Virgen. En la laguna de las Yeguas ha aparcado una excursión de cientos de personas. Verdaderamente que está bien bonita la sierra en esta época del año y eso que la temporada ha sido muy pobre de nieves y lluvias.

Finalmente deshacemos el camino de las pistas y llegamos al coche a una hora honrosa. Acostumbrados a terminar siempre con el frontal, se me hace raro regresar a casa con tiempo de sobra para poner lavadoras, guardar el material y recoger la mochila. Nos estamos aburguesando.

fotos