Ascensión al Juego de Bolos por su arista norte siguiendo una vía clásica, la Olmedo-Guardia abierta en 1962. Actividad exigente por el desnivel, la meteo, el armario y las secciones técnicas en las zonas más comprometidas.
ficha

sierra Nevada
mayo de 2013
dos días
xx km
2000 m
inestable, frío
dificultad de conjunto PD inf con pendientes máximas de 30 grados y pasos de III en roca; mucha atención al descenso por las chorreras de la Mosca
croquis sobre foto disponible pinchando aquí
track no disponible

Esto ocurrió hace unas tres semanas, cuando todavía no había entrado el calor y seguíamos bajo el influjo de una de las primaveras más frías que se recuerdan. Tiramos hacia sierra Nevada buscando las fuentes del Genil. Es éste un paisaje siempre sorprendente, donde las grandes nortes caen fieras y se amansan en bosques de castaños y robles.

Dejamos el coche en las juntas con el barranco del San Juan y comenzamos nuestra peregrinación particular por la Vereda de la Estrella. Algún día la haré sin una mochila de 20 kilos, disfrutando cada recodo y parando a beber en todos los arroyos. Pero hoy no toca, así que nos ponemos en modo automático para hacer el camino abstrayéndonos con la música del mp3 y mirando despistados aquí y allá, disfrutando en lo visual de flores, árboles, viento y nubes cambiantes.

Como hemos empezado casi al mediodía apenas nos detenemos. Si acaso, un bocado rápido, una chocolatina en el Guarnón y de ahí hacia el Real y la Majada de Palo. La luz cada vez se hace más escasa y apenas atraviesa las nubes que se agolpan a poniente. Nosotros a lo nuestro: ya estamos llegando al destino de esta noche. En la pequeña cabaña nos organizamos y dejamos pasar las horas hasta que los últimos rayos de sol nos regalan los colores saturados de los Prados de Vacares. Las chorreras refulgen como filamentos de metal precioso, engarzando las laderas y los pastos. Más arriba, en las alturas, las que dan cohesión a las catedrales de roca, en apariencia, son las nieves generosas de esta temporada inolvidable.

La noche pasa rápida. Y tanto: a las cinco suena el despertador y desayunamos dentro de los sacos. Hay -2 grados en la cabaña y tampoco es plan de tomar el café pasando penurias. Organizamos el material y salimos con los frontales hacia arriba. Remontamos junto al Valdecasillas y justo cuando el alba nos permite caminar con luz natural entramos en la nieve.

Nos vamos acercando al comienzo de la escalada. Nuestra idea es hacer la Lorente-Monleón, un clásica de siempre que es la vía de esta montaña sin lugar a dudas. Conforme nos vamos acercando a la pared vemos la roca muy oscura y húmeda. Mal asunto.

A media ladera vamos a ganar la arista norte

Al llegar a la base del zócalo comprobamos que los largos iniciales no están en condiciones: ni están secos para subir por la roca ni tampoco presentan hielo firme y suficiente para progresar con seguridad. Un poco desilusionados nos miramos y decidimos improvisar por la derecha, a ver si vemos otra posibilidad.

Así, vamos flanqueando bajo las grandes paredes que miran al norte aunque siempre ganando metros a media ladera. Tras un par de palas empinadas salimos a la arista norte del pico, un estético filo muy definido que, en sí mismo, también es una vía clásica: la Loma Casillas, abierta por Olmedo-Guardia en 1962 y catalogada como AD PD.

Mirando hacia la cumbre se nos presenta un caos de bloques aparentemente no muy complicados, aunque con bastante enredo. Además, las condiciones invernales suben la dificultad y nos van a exigir ir atentos y centrados. Mejor que mejor. ¿A qué hemos venido aquí si no?

La arista en líneas generales es un trepaero con pasos de II y III que se disfruta aunque a veces nos embarcamos y tenemos que probar por un lugar diferente. La vertiente del Valdecasillas (levante) tiene mucho más ambiente que la del Valdeinfiernos. Por esta razón en los sitios dudosos o con cornisas nos perfilamos hacia ésta última.

Mirando hacia la cumbre se nos presenta un caos de bloques aparentemente no muy complicados, aunque con bastante enredo. Además, las condiciones invernales suben la dificultad y nos van a exigir ir atentos y centrados. Mejor que mejor. ¿A qué hemos venido aquí si no?

Después de un buen rato tirando de manos y saltando chispas con los hierros en los esquistos llegamos a la cumbre del Juego de Bolos, un controvertido 3mil a quien nadie le puede discutir el hecho de ser el mejor mirador de la Norte del Mulhacén.

Nos comemos el bocata, nos hacemos varias fotos y saboreamos el momento cumbre sin perder la perspectiva de que ahora nos queda la otra mitad: la bajada.

¡Y qué descenso! Primero caminamos hacia la laguna de la Mosca con nieve cada vez menos consistente. En algunos tramos nos hundimos hasta las rodillas. Los crampones se embozan con facilidad y cuesta mucho ganar metros en este desierto blanco.

Afrontamos ahora el momento clave de la bajada bajo las chorreras de la Mosca. Se trata de una diagonal a izquierdas en la que no puedes caerte. La cosa se pone todavía más cachonda porque se cierra el cielo, comienza a nevar copiosamente y perdemos referencias y visibilidad. Interesante.

Cima del Juego de Bolos

Félix saca el GPS donde lleva marcado el waypoint final de la diagonal que es la base de la cascada por donde desagua la laguna. Más o menos tenemos clara la dirección así que tiramos para abajo. El estado de la nieve tampoco ayuda: bajo los cuatro o cinco dedos de nieve que ha caído esta noche hay un manto duro y húmedo aunque sin consistencia. En las zonas con mayor exposición progresamos de puntas y de cara a la pendiente.

Poco a poco Félix nos saca ventaja y ya está en la parte segura de la travesía donde nos espera. Como no lo veo muy claro le digo a Nino de montar una reunión y asegurar el largo de mayor exposición. Me dice que perfecto y clavamos un piolet hasta la cruz en el hielo. Con la tranquilidad de la cuerda todo es mucho más sencillo y llegamos hasta donde está Félix que se ha quedado pajarito.

Comentamos la jugada ya relajados mientras siguen cayendo copos. En la bajada apenas tenemos visibilidad y nos guardamos muy bien la distancia porque las huellas desaparecen en cuestión de minutos. Al llegar a la hierba nos quitamos todo el hierro y recuperamos fuerzas un poco más adelante en el campamento.

Mucha precaución. Nieve blanda húmeda arriba y hielo debajo

Mientras mastico la salchicha con pan, mientras saboreo el chocolate con almendras, la nieve golpetea el plástico que hace de toldo en la cabaña. Pienso en lo bien que estoy ahora mismo sentado en esta piedra, con la espalda apoyada en una laja y protegido del viento. En realidad, lo que hago es coger fuerzas para lo que viene y es que tengo una cita con el doctor Estrella: 12 kilómetros de porteo con el piano a las costillas y el cansancio acumulado de la jornada.

No problema. Configuro mi mp3, elijo a Manel como música de fondo y, en piloto automático, me dejo llevar por mis piernas haciendo curvas a izquierda y curvas a derecha hasta que, en una de ellas, justo en la última antes de perderlas de vista, me despido hasta la próxima de las grandes nortes. Como siempre un placer, doloroso, pero placer al fin y al cabo.

fotos

en sierra nevada