Circuito que rodea los Chorros del río Mundo, uno de los parajes más sorprendentes de las Béticas enclavado en la provincia de Albacete y dentro del Parque Natural de los Calares del Mundo y la Sima. Ascendemos desde la Casa de la Noguera por el GR66 hasta el Pozo de la Bomba para luego descender siguiendo el camino del Mirador hacia el Puerto del Arenal. El círculo se cierra siguiendo el curso del río.

ficha

calar del Mundo, parque natural de los Calares del Mundo y la Sima
marzo de 2010
6 h
19 km
970 m
inestable, lluvia, nieblas
recorrido inicial por una antigua senda algo perdida; en la parte superior del calar se sigue una traza cada vez más definida; descenso por una senda de herradura muy pisada; mejor en días con visibilidad, eso siempre en el Calar
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track aquí disponible

Hay que adaptarse y si viene malo el puente pues lo mejor es replantear los objetivos. De una travesía por Sierra Nevada habíamos pasado a una salida ambiciosa durante el sábado por el Calar de la Sima pero la revisión de las previsiones a peor nos hizo quedarnos en el Calar del Mundo que está más cerca y accesible. ¿Y la ruta? Pues queremos subirnos al Calar por una senda bastante perdida que sale desde la Casa de la Noguera y de la que guardo un recuerdo borroso, allá por el año 1997, cuando con Federico descendíamos raudos buscando una cena caliente en Riópar después de cinco días en la Sierra1Esto fue cuando hicimos la famosa marcha Nerpio-Alcaraz por nuestra cuenta y riesgo y en la etapa Tus-Riópar bajábamos comiéndonos las piedras..

El Calar son palabras mayores2Observemos que ni siquiera hace falta ponerle apellidos, es el Calar a secas mientras que los otros son el de la Sima, el del Espino, el del Cobo, el de las Palomas, etc. y eso ya lo supe la primera vez que miré la hoja 866 del mapa del Ejército. Una franja de trazos negros en diagonal que ocupaba más de 70 kilómetros cuadrados indicaba un territorio áspero y hostil alejado de la placidez de los valles. El Calar como espacio se encuentra a caballo entre Jaén y Albacete aunque la mayor superficie está en esta última provincia. Al Norte, sus laderas umbrosas con abundantes caducifolios3Se da incluso el caso de una mancha de robles melojos — un melojar — en la zona alta de Arroyo Frío y Cotillas, un árbol bastante inusual en el sur, mucho más proclive a ocupar las cordilleras del Norte de la península. vierten aguas al Segura y el Guadalquivir por los ríos Mundo y Guadalimar respectivamente. A los pies de sus faldas acoge municipios como Siles, bajo el puntal de la Ajedrea, y llega hasta Mesones pasando por Riópar y una infinidad de núcleos pequeños de población como Cotillas y Arroyofrío.



Ganando vistas en la ascensión

Al Sur vierte aguas únicamente a la cuenca del Segura por el río Tus en uno de los parajes más espléndidos de las béticas: el estrecho del Diablo. Nos referimos a una brecha de 5 kilómetros de largo que separa el Calar de su vecino Calar de la Sima y que constituye uno de los cañones más soberbios de esta geografía. Numerosas aldeas salpican las soleadas laderas del Calar en esta vertiente: la acrobática Collado Tornero colgada de un risco, los Giles, las Lagunicas, Tus, Moropeche, las Quebradas… lugares tranquilos donde las ristras de pimientos se secan al tibio sol de la primavera mientras reverbera el sonido de los cencerros cuando las cabras bajan al valle después de haber estado toda la jornada empoyetadas4Esta palabra me suena pero no existe en los diccionarios, yo creo que hace referencia a estar sobre un poyato o poyo. Esta última palabra sí existe en el ámbito serrano y se refiere a superficies planas que están cortadas a tajo sobre los abismos..

Aún así, el tesoro que esconde el Calar está frecuentemente oculto a la vista. La propia palabra nos lo define: las aguas del cielo impregnan la superficie de esta enorme vasija esponjosa y calan hacia las profundidades aprovechando todo tipo de grietas, desde microfisuras casi invisibles hasta simas y torcas de muchos metros de amplitud. El Calar esconde así en su vientre el tesoro de la vida, el agua que pacientemente se va filtrando, acumulando y depositando, el agua que afanosamente va lixiviando, disolviendo y buscando a tientas una nueva salida para recuperar su ciclo. Y vaya que sí lo encuentra: entre saltarinas cascadas y alegres manantiales, aupada por la presión y la ciencia de los vasos comunicantes, el agua al final renace para dar la vida.

Y es así como, en momentos muy singulares, en inviernos de extraordinaria climatología, en épocas de espectaculares lluvias, el Calar revienta por todos los costados y chorrea agua por todas sus heridas. Pero de toda esta sinfonía de verdor y humedad destacamos un ángulo especial de su geografía, un recodo vertical y casi inaccesible que es también la mejor puerta de entrada a las cavidades de este universo de sifones y galerías. Nos referimos, evidentemente, a los Chorros, el lugar donde el río Mundo es alumbrado a veces en silencio y con tímidas burbujas, pero otras con una fiereza y fuerza indescriptibles. Tanto es así que, en este último caso, se dice que tiene lugar el reventón y la montaña, incapaz de aguantar más tiempo en su seno tanta riqueza, la devuelve a la superficie para cerrar los ciclos y amamantar de nuevo a los mares, la tierra y los cielos.



Anuncio de la primavera en el Calar

Bueno, pero dejemos el lirismo y pasemos a la acción. Debo empezar diciendo que tenía hechos los deberes: he repasado los mapas y los libros y con mucha información nos ponemos a buscar el principio de la senda porque ya no la recordaba. Pronto cogemos el carril bueno, cruzamos una cerca y titubeamos unos minutos hasta que hallamos una marca casi perdida del GR66 que debería ser repintado en breve. Al mismo tiempo, un grupo de Madrid con bastante gente está buscando la subida y no confía en nosotros yéndose para otro lado. Ya no los volveremos a ver. La senda asciende limpia, estrecha y coherente por un breve espolón y se cuela entre encinas, robles, escaramujos, pinos y una vegetación casi norteña. Hace calor y la visibilidad es bastante pobre aunque distinguimos las Almenaras y el Padroncillo.

Con bastante esfuerzo ganamos la plataforma del Calar y nos quedamos en el fondo de la vaguada buscando el Pozo de la Bomba. Llegamos a ese enorme poljé con más de 500 metros de anchura y un kilómetro y medio de longitud y nos sorprende ver un arroyuelo que al final acaba siendo tragado por la tierra. Lourdes me apunta que se trata de un ponor, una especie de sumidero que comunica el mundo subterráneo con la superficie. Interesante esto de mezclar la cultura con las botas de monte.

El caso es que mientras que subíamos los últimos repechos unas finas gotas de lluvia ya nos estaban avisando de que íbamos a criar cagarrias a poco que le diera por caer fuerte. Menos mal que la lluvia era tranquila y pudimos hacer la parte alta del itinerario con bastante visibilidad porque además era la más delicada y en el Calar uno no puede debe desorientarse. Así pues, nos dirigimos hacia Poniente, atravesamos un suave collado de 1548 metros y nos dejamos caer buscando una alambrada que, además de guardar reses bravas, separa dos términos municipales. Cruzamos por una puerta y nos asomamos al abismo de los Chorros desde el Mirador. Se trata de una sencilla barandilla de madera y mampostería desde la que uno aprecia la grandeza de este lugar. Cerca está la cueva de los Farallones y el descenso por la Fuente de la Pedorrilla, ambas opciones — sobre todo la última — desaconsejables para hoy por la lluvia y la roca húmeda y peligrosa.

Del Mirador salimos por otra puerta y nos encaminamos al Puerto del Arenal. Como es puente está a reventar de coches que no han podido acceder al aparcamiento de los Chorros. Cogemos una senda que desciende hacia el fondo del valle del río Mundo y tras cruzar la carretera de acceso a los Chorros nos dejamos caer monte a través buscando la zona del Cortijo de Elena y unas instalaciones de acampada. Lo natural aquí sería pasarnos a la margen derecha del Mundo para salir por la pista hasta los coches pero el río está complicado de pasar así que nos mantenemos en la izquierda por un carril que luego pasa a ser senda y que nos lleva hasta la bonita aldea de la Casa de la Noguera. Desde ahí nos tiramos por una senda que, entre los bancales, desciende hasta el carril donde hemos dejado el coche. La última sorpresa es el cruce de un arroyuelo que bajaba fiero y en el que casi nos remojamos.

Así que tras más de 20 kilómetros, unos 900 metros de acumulado y casi 5 horas y media de continuo pateo regresamos al punto de partida. Ha sido una jornada estupenda si tenemos en cuenta el mal tiempo, la lluvia y la escasa visibilidad, pero hemos cerrado un circuito ambicioso, bonito, con mucha variedad y que esperamos repetir con mejor meteo. Desde aquí quiero dar las gracias expresamente a los dos compañeros improvisados del Centro Excursionista de Alicante que nos guiaron con acierto en los tramos más confusos de la ruta y que nos evitaron, seguramente, más de un rodeo.

fotos

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en el calar del mundo