Recorrido circular por la sierra alta de Siles. Remontamos la pista hacia el Puntal de la Ajedrea para luego ascender los Calarejos y ganar la pista del aserradero del Tus por una vereda casi perdida. El regreso lo hacemos por la Canalica y el cerro Bucentaina.

ficha


sierra de Segura
noviembre de 2008
5 horas (1 de pateo)
46 km (3 de pateo)
1150 m
estable, frío
ratos de llevar la bici a cuestas
ver el track en wikiloc

Es 14 de Noviembre. Es San Alberto Magno, el patrón de las ciencias. Es fiesta en la facultad y no le voy a hacer yo el feo a mi patrón: voy a intentar santificar este día magnífico de otoño haciendo lo que más me gusta, metiéndome en la Sierra.

El destino escogido es Siles. Tardo unas dos horas de coche en llegar desde Murcia. Como tampoco he madrugado, pues resulta que son casi las 13h cuando empiezo a pedalear. Empezamos, pues, con la variable temporal muy ajustada — este hecho luego se revelará decisivo en el desenlace.

Todos los demás elementos son perfectos. Luz directa, árboles esplendorosos, apenas viento, mi pedalear de molinillo cochinero mientras serpenteo saliendo del pueblo por la pista que asciende hacia el Puntal de la Ajedrea y el Pozo Romero.

En el Portichuelo me encuentro con este panel informativo y un mirador algo destrozado. La primera parte de mi ruta transcurre por los mismos pagos que este PR- A78 aunque en lugar de ascender por el sendero yo le tiro a la pista que tiene una pendiente suave y un trazado lógico.

Desde el Portichuelo hay vistas a dos vertientes. Hacia el Oeste tenemos Siles, su vega y su campiña.

Mientras que al Este nos encontramos el Calar del Mundo por la zona de Cotillas y Arroyo Frío. En la imagen apenas puede apreciarse, pero arriba a la derecha está un melojar — quercus pyrenaica — relicto de otras épocas más húmedas y frías.

De vez en cuando, si los pinos clarean, puedo ver el pueblo de Siles y sus casitas blancas. Esto será una constante durante toda la ruta ya que en mi circular voy a tener casi todas las perspectivas de este municipio.

Me están crujiendo ya las tripas y me planteo llegar hasta la caseta del Puntal de la Ajedrea para comer. Me queda rato así que agacho la cabeza, la meto en el manillar y dejo la mente en blanco. Ya llegaremos.

A estas alturas superiores a los 1300 metros el otoño está ya prácticamente finiquitado. Aquí vemos un rosal silvestre — rosa canina (¿?) — y sus característicos frutos rojos cuyo nombre vulgar creo que es tapaculos. ¿Alguien sabe por qué?

Bueno, pues esta foto ilustra perfectamente lo que me pasa a continuación. El Alpina me la juega — una vez más pero creo que ya va a ser la última — porque me marca el cruce para el Puntal de la Ajedrea en un sitio equivocado. ¿Qué ocurre pues? Pues que cuando llego realmente al cruce para dicho Puntal, al comprobar con el GPS que no coincide con el del mapa lo obvio y tiro para adelante pasándomelo. A los diez minutos, tras descender una pronunciada pendiente y llegar a lo que creo que es la Era del Boquerón — un collado que separa el Barranco de los Tejos (Oeste) del Arroyo del Boquerón (Este) — veo el Puntal y me doy cuenta del error. Ahora es demasiado tarde para regresar así que adelanto un poco más y en una casa forestal — que tampoco aparece en el Alpina — como y reflexiono sobre mi situación.

Bueno, en realidad, mi situación es igual de buena que podía ser si estuviera comiendo en el Puntal. Lo único que me da rabia es no cerrar los recorridos como tenía previsto, sobre todo si la “cagada” no es de mi responsabilidad. Pero bueno, que en realidad estoy ahora mismo en el cielo con mi pan de nueces, este “fuet” que está volviendo locos a los perros que guardan el ganado porque lo huelen a 50 metros y las vistas hacia el cortijo de las Anchuricas y la vega de Siles.

Hace bastante frío y el sol tan inclinado intimida. Parece como si se fuera ya a meter por detrás del Navalperal para dar paso a la noche. Pero no, son menos de las 15h30m y tengo tiempo.

Y tras asomarme a unos riscos y echar un vistazo rápido a estos despeñaderos tan atractivos pues recojo los bártulos y me pongo en acción.

El carril cada vez se va poniendo peor y me lleva hacia el Sur, a Poniente del cerro de los Calarejos. Hablo con un pastor y me comenta que el carril se pierde. Bien. Con eso ya contaba de mis investigaciones en mapas y en el Sigpac. Le comento qué posibilidades tengo de ganar la pista del aserradero y me comenta que tendré que bajar a pie un buen rato. Le muestro mi recorrido y me dice que sí, que por ahí hay una “antigua” vereda de ganado pero que no sabe cómo estará. Para allá que nos vamos.

El carril pasa por bastantes bifurcaciones más — no señaladas en el Alpina — y desemboca en un pequeño espolón que se descuelga hacia el Sur desde las alturas del Cerro Pedregoso. A mi izquierda (Este) tengo el calar de la Sima, esa montaña tan grandiosa que siempre me ha fascinado. A mi derecha (Oeste), la zona de las Acebeas y el Navalperal. Al Sur se levanta lejos el Espino. Definitivamente, este laberinto de calares es una promesa continua de recorridos, sensaciones y aventuras.

Una panorámica del Calar de la Sima (pinchar aquí para verla en grande). En primer plano unos pinos salgareños atacados por la procesionaria.

Pero no hay demasiado lugar para la poesía. El tiempo corre en mi contra, se mete el sol, voy en solitario y la vereda está, sí, está. Es una amplia vereda que desciende por el sitio más lógico. Pero tengo un grave problema: ESTÁ A REVENTAR DE PIMPOLLOS. Este es mi careto al ver el marrón que me tengo que comer.

La cosa se pone cruda. Me tengo que echar la bici a las costillas y debo avanzar mucho rato enredándome entre las ramas de los pinos jóvenes que alcanzan, en ocasiones, más de dos metros de altura. Tampoco me puedo salir de la vereda porque hay mucha pendiente. Al final, cuando veo que la cosa se aclara, me tiro ladera abajo por una divisoria amojonada. Ahora al menos no tengo que reventarme los riñones con la bici… la dejo en el suelo y cae sola por gravedad.

La divisoria por fin se hace cada vez más clara y llego a un llano con un jorro que comunica con la pista del aserradero. De ahí salgo a la carretera de las Acebeas. Son las 17h00m. Podría dejarme caer hasta Siles. Tomarme un café con leche relajado y salir para casa. Pero miro el GPS y apenas llevo 30 kilómetros. Voy a dar una vuelta de tuerca más… en lugar de bajar a Siles me tiro para las Acebeas y ahí tomo un carril que, por la Fresnedilla, me acerca al Cámping de la Canalica.

Esta es la chopera del cámping y el sol Poniente reflejándose en las montañas que acabo de recorrer por su espinazo.

De nuevo, tengo la carretera a mano, pero prefiero apurar un poco más y me adentro por una pista que bordea el cerro Bucentaina y que, según el Alpina, me debe llevar al área recreativa de la Peña del Olivar. Pese que el mapa me la marca sin ganar metros, el carril me putea — nótese aquí el grado de quemazón, ¿cuándo he soltado yo tacos en este sitio? — y me hace subir más de cien. Otro error más que añadir. Afortunadamente, está mereciendo la pena este esfuerzo. Me apetecía conocer esta zona. En la foto se aprecia la Piedra del Agujero, en el collado que separa el Navalperal del cerro Bucentaina.

Lo que queda de la historia es casi un drama del que no dispongo fotos. La pista toma dirección Oeste y apenas coincide con el trazado del Alpina. En un momento dado, llego a la Casa Forestal del Cerro y tengo un cruce en forma de T. Como el mapa ya me tiene muy mosqueado no sé qué hacer. Al final opto por ir hacia la derecha. A fin de cuentas, Siles está ahí mismo, entre los pinos, y esa debe ser la buena dirección. Pues para ahí que nos tiramos.

Voy descendiendo y lo que hace el carril — dejó de ser pista hace tiempo — cada vez me gusta menos. De hecho, de nuevo enfila hacia el Sur y doy la espalda a Siles. Y lo peor: EMPIEZA A SUBIR OTRA VEZ !!!!

Estoy empezando a desesperarme. Se hace de noche, voy solo, no tengo linterna. Uffff… De repente, me encuentro con un PR (creo recordar que era el PR – A82), sendero que parece descender hacia la zona de la Peña del Olivar… Me arriesgo y como lo veo bueno para bajar con la bici me tiro. El sendero va haciendo zig-zags continuos y, por fortuna, me lleva a la carretera de las Acebeas, unos 500 metros por encima del área recreativa. Estoy salvado.

Entro a Siles tenso, algo disgustado conmigo mismo por mi imprevisión, por haberme puesto en una situación arriesgada y también muy molesto con el Alpina. Tengo claro que no volveré a confiar más en esta cartografía y desde aquí no la recomiendo en absoluto.

Pero pronto se me pasa el mal rollo. Después de un cuestón de aúpa llego al coche, me siento calentito dentro — afuera hay 2ºC — y reviso las fotos. Como siempre, ha merecido la pena.

Para terminar os pongo el Alpina con los errores que detecté (pincha dentro del mapa para verlo en grande):

Y aquí os pongo una foto del Google Earth donde se aprecian, a modo de ejemplo, las inconsistencias en la zona del Monte de Bucentaina (en amarillo el trazado que seguí, en rojo el que debía haber seguido, el interrogante señala el sitio donde decido darme la vuelta, en trazado a rayas está el descenso por la senda de PR que desciende hasta la carretera):