Cruzamos el Calar del Mundo siguiendo el GR66 hacia el Hueco del Tus. Recorremos el valle río arriba buscando la aldea de Collado Tornero y terminamos montando el campamento en la Pradomira.
ficha

sierra del Segura
marzo de 2010
8 h
21 km
800 m
anticiclón, estable
senda muy difusa hasta el arroyo de Tus; descenso por senda hasta Tus; carretera hasta Collado Tornero y senda clara hasta la Pradomira
croquis todavía no disponible
track todavía no disponible

Algún bicho nos ha rondado la tienda esta noche porque Moss estaba muy intranquilo. Hemos escuchado un sonido bronco y grave de madrugada así que no me ha quedado más remedio que salir del saco a echar un vistazo. La luna apenas podía colarse entre las densas nubes que traía un viento de poniente cada vez más huraño, me puse las gafas pero no vi nada raro así que vuelta al saco y a esperar el amanecer. Y aquí está la nueva luz del día. Lourdes me aprieta para acelerar los trámites: fregar la cazuela, recoger la tienda, vestirnos, desayunar… y empezar el camino. No queremos una jornada tan corta como la de ayer así que nos ponemos las pilas y antes de las 9 estamos caminando.

El tiempo ha cambiado. Las nubes reptan sobre la superficie del Calar y cierran la visual. El sol apenas se adivina entre los jirones de los cúmulos que se enroscan en los relieves abruptos de esta geografía desnuda y áspera. Me apunto un tanto al haber revisado el camino la tarde anterior y sin ningún tipo de problemas, pese a la niebla, llegamos al collado para descender hacia el arroyo que conforma la cuesta de las Peladillas. Lástima que no podemos apreciar en su totalidad los agudos cantiles y los precipicios que caen a plomo sobre el Hueco del Tus pero, a cambio, las nubes le dan un ambiente distinto a la montaña que también nos gusta.

El Puntal de la Encomienda ahí enfrente

Descendemos hasta el fondo del valle y nos encaminamos por leves trazas buscando el Puntal de la Encomienda. En un momento dado ya nos estamos asomando a los primeros caseríos del Tus que se ven muy abajo. La senda se adivina acrobática entre roquedos y verticales paredes hasta que entronca con otra mucho más amplia que sube junto al arroyo. Nos metemos en zona de pinos, aquí el viento ya no se nota y empieza el sol a pegar fuerte. Pronto entramos en la primera aldea: Tus. Cogemos la carretera y hacemos unos kilómetros más hasta los Giles, donde hay un par de bares y una tienda de comestibles.

Nos pillamos una hogaza de kilo y medio que será nuestra mejor compañía en los próximos días y entramos a uno de los bares para comernos un bocadillo de tortilla francesa con tomate. Un ratico de siesta junto a Moss en un portal soleado y seguimos caminando valle abajo. Este valle me gusta tanto: sus casas antiguas, sus bancales bien cuidados, las enormes encinas que salpican los taludes, los nogales, robles y cerezos que denotan una humedad inusual para el Sur… y luego, claro, está el marco incomparable del Calar que abraza todas estas aldeas dispersas y las protege con sus puntales y muros de los frentes heladores y el poniente húmedo.

Ya estamos viendo ahí enfrente las aldeas del Hueco de Tus

Consultando el mapa me descuido y se me cae la correa de Moss. Un par de kilómetros más abajo, justo antes de llegar al camping, nos damos cuenta y me toca recuperarla. Media hora más que añadir a mis piernas en el cómputo global. Al llegar al camping entramos y el dueño, muy simpático, nos permite llamar gratis por teléfono a nuestras familias. La cobertura con Orange en las zonas de montaña es muy precaria y tenemos que aprovechar los pocos fijos que nos vamos encontrando. El mismo dueño nos confirma que están sin televisión porque no tienen señal de TDT. Un nuevo ejemplo del olvido de la administración para con estas zonas de montaña aisladas.

Desde el camping llegamos por carretera a la aldea de Collado Tornero. Hablamos un rato con una abuela de la antigua vereda que comunicaba Yeste con Siles y otro abuelo nos mira a la vez que comenta: parece que viene otro temporal. Nosotros levantamos la vista al cielo. En él vemos nubes nerviosas que son empujadas por un viento recio y furioso pero el sol asoma fuerte entre los intervalos oscuros y hace calor. No hay nada que temer ¿verdad?

Estamos contentos porque aún no nos hemos mojado

Subimos hasta las últimas casas de Collado Tornero y cogemos la vereda que sube hacia la Fuente de la Pradomira. Esta es una de mis sendas favoritas. La descubrí hace más de quince años en un mapa viejo del ejército de Yeste y la exploré con Federico por primera vez haciendo la cima del Calar de la Sima. ¡Qué buenos recuerdos tengo de aquélla época en la que tan poco conocíamos! Pero aquí estamos, más viejos y calvos, pero con las mismas ganas de recorrer el camino, así que nos vamos para arriba.

La cosa se empina pero hay buena recompensa: echamos la vista atrás y tenemos todo el Hueco del Tus ante nosotros. En lontananza, la cuesta de las Peladillas, por donde hemos bajado esta misma mañana. Son las cinco de la tarde y cuando ya hemos remontado la parte más dura nos tomamos un descanso en una zona plana. Me asomo al desfiladero del Tus, echo unas fotos de flores, Moss se recuesta entre los pinos y Lourdes relaja la espalda al sol. Pero, de improviso, el sol desaparece, el viento se torna más frío y el poniente se pone negro. Mal asunto: no me gusta como se le pone el ojo a la borrica. A ver si al final el abuelo tiene razón…

La ropa de los serranos

A los pocos metros, estando ya en el carril que baja desde la Pradomira, empieza la lluvia. Primero es un leve chispeo, pero pronto las gotas se hacen más gruesas. Sacamos los gore, le ponemos el plástico a las mochilas y aguantamos unos minutos más, pero sigue apretando. Lourdes y yo nos miramos y decidimos meternos bajo unos pinos a ver si la cosa se calma. El viento cada vez sopla más fuerte, el cielo se ha cerrado y diminutas escorrentías comienzan a aparecer aquí y allá con alegría saltarina.

Pasa el tiempo, esto no para y empezamos a enfriarnos. ¿Qué hacer? Son las seis de la tarde y esto no tiene pinta de ser tormenta pasajera. Decidimos finalmente sacar la tienda protegidos por los árboles y, una vez
montada, trasladarla hasta un llano que está ahí mismo. Así hacemos: nos damos prisa para que no se moje mucho y pronto la tenemos lista para meter las cosas. Apañamos la ropa mojada en el ábside y me quedo un rato fuera asegurando los vientos y poniéndoles rocas para que soporten las fuertes rachas. Nos metemos dentro. Pasa el tiempo y sigue lloviendo cada vez más fuerte.

El más fuerte de los tres

Después de una hora y pico la cosa se calma y la tormenta cesa. Salgo de la tienda, organizo nuestras cosas y cocino la cena. Apalanco todavía mejor los vientos y nos preparamos para la noche. De nuevo, nos quedamos sin hacer lo que pensábamos, aunque esta vez es por la meteo adversa.

Tras comernos una sopa deliciosa de pasta nos empapelamos en los sacos y se pone otra vez a llover. Nos mentalizamos de que nos va a tocar una noche toledana. La lluvia de nuevo se pone recia y el viento es cada vez más intenso. Lo escuchamos romper contra el bosque, contra los acantilados de Puntal del Avellano y, de alguna forma, en ocasiones, el flujo se canaliza para descender por la ladera y romper contra nuestra tienda como si se tratara de una ola furibunda. La tienda aguanta las violentas embestidas, los mástiles flexibles amortiguan el impacto y, en ocasiones, es tal la fuerza que toda la tienda se pliega sobre sí misma y nos comemos literalmente la tela. A media noche, en un momento de tregua, salgo a reforzar los vientos con más piedras por si acaso.

El amanecer traerá consigo un momento de calma. Con ojeras, sueño y bastante frío hago la leche y, de repente, se pone a granizar con rabia… pero mejor eso lo dejo para la próxima jornada. La moraleja de ésta es: hazle siempre caso al viejo serrano.

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