Desde la Cueva del Agua pasamos por Poyotello y buscamos un enlace lo más directo posible hacia Pontones. Lo conseguimos por los Palancares siguiendo el tendido eléctrico.
ficha

sierra de Segura
marzo de 2010
8 h
21 km
800 m
anticiclón, estable
senda bien definida hasta Poyotello; de ahí a Pontones siguiendo trazas sencillas
croquis todavía no disponible
track todavía no disponible

Hoy despertamos tranquilos en el vientre de este cañón que forma el Segura en los primeros kilómetros. Desde dentro de la tienda todo se ve oscuro y supongo que se debe a que estamos protegidos por enormes paredes. Sin embargo, asomo la cabeza por el ábside y me llevo un pequeño disgusto: el día vuelve a ser cerrado, con nubes densas y plomizas. Recogemos el campamento por sexta vez, echamos un vistazo y ascendemos poco a poco por estos bancales buscando la Cueva del Agua.

En un breve rellano nos encontramos con un poste de señalización de un PR que nos confunde pues marca tres direcciones distintas: Poyotello, Cueva del Agua y Pontones. A mí no me cuadra nada, sobre todo teniendo en cuenta que el poste ha sido arrancado de cuajo y lo han dejado apoyado en uno de los nogales. A nuestra derecha, en la otra margen del Segura, se abre el arroyo de Patas. Distingo una senda que se adentra por su cauce y que, probablemente, vuelque por un collado hacia los cortijos del Masegoso. Esa podría ser una opción para alcanzar Pontones pero ahora ni nos la planteamos. Seguimos hacia la Cueva del Agua.

En la Cueva alucinamos porque el topónimo hoy sí hace justicia al lugar: un caudal impresionante reverbera en la cavidad y se pierde adentrándose entre oquedades profundas bajo los líquenes y la hierba. Ahora hay que seguir río arriba: nos asomamos al cauce del Segura pero la única senda practicable que vemos es la que asciende hacia Poyotello. Creemos ver unas trazas que descienden entre las zarzas para ganar un llano enfrente de nosotros. Intentamos colarnos por allí pero enseguida vemos que es imposible por el tema de los pinchos. Habría que sacar un machete para poder atravesar esta jungla.

Amanece un nuevo día y recogemos

Total, ahora sólo tenemos dos opciones: 1) subir hacia Poyotello o 2) regresar y probar la opción del arroyo de Patas. Al final optamos por subir y con bastante esfuerzo ganamos los 200 metros de desnivel que nos separan de este rincón serrano. Nos reciben unos pastores a la entrada del pueblo y con mucha atención nos describen el mejor camino hacia Pontones:

– ¿Ve usté el tendío de la luz? Pues tié usté que seguirlo pegao por la derecha. Pegao, pegao… pero sin subirse a los cables, claro.

Nos reímos juntos con su broma y ponemos los pies en el asfalto de la carretera para, unos pocos metros más adelante, dejarlo bajo la línea del tendido eléctrico. Ahora seguimos la traza del paso de ganado en su tránsito hacia la zona conocida como los Palancares, a medio camino entre Poyotello y Pontones. Aunque no se ven muchos rastros la lógica del trazado es sencilla y después de una hora nos asomamos al caserío de Pontones. Descendemos por una tinada y entramos en la carretera de Santiago. Antes de entrar al pueblo cogemos la carretera de Fuente Segura y hacemos una parada técnica en el restaurante la ruta del Segura para deliberar: gabinete de crisis.

Empezamos a valorar la situación aunque en realidad no hay mucho que reflexionar. Tenemos un día y medio de tiempo pues nuestra recogida debía producirse a lo más tardar el viernes por la noche y hoy es jueves al mediodía. ¿Qué hacemos? Evidentemente, ya no nos da tiempo a meternos en los Campos porque un coche normal no podría entrar a recogernos. Mi idea anoche era apurar saliendo por Don Domingo hacia Castril pero a día de hoy, con este cielo tan negro y estas temperaturas tan bajas me parece una quimera. Además, hemos tardado mucho más de lo previsto en llegar a Pontones esta mañana con lo que no tengo nada claro el éxito de esa propuesta.

Hacia los Palancares

Finalmente se impone el principio de mínima acción y la Naturaleza obra el resto. Entramos al restaurante y se huele a sopa de picadillo. Lourdes y yo — más yo que Lourdes — decidimos finalizar aquí nuestro periplo. Al principio estamos con mal sabor de boca, podríamos haber seguido un día más, podríamos no parar aquí y tirarle para Don Domingo, podríamos comprar la comida y comer más arriba… Podríamos sí, pero también podemos darnos un buen homenaje en este lugar con excelente cocina mientras llamamos a casa diciendo: papá, por fi, ven a por nosotros. Y eso es lo que finalmente ocurrió.

De este modo, mientras Francisco Vázquez negociaba las 866 curvas del puerto del Pinar — un novio despechado las contó para echárselas en cara a la novia que lo dejó por haberlas recorrido durante años — nosotros nos íbamos poniendo tibios con el vino de Pontones, los lomos de orza y las patatas a lo pobre.

Y así, de este forma tan prosaica y fútil acabó nuestro viaje a la Sierra, sin ninguna grandeza, celebración, épica ni recibimiento. Tan solo el regusto del aceite con pimientos, la casera con vino y el solecito que nos fue adormilando mientras esperábamos sentados en la puerta del restaurante, sol que se dignó a salir tras la comida y que nos hizo sentirnos todavía más pequeños, tanto como grande es esta Sierra.

Epílogo

La primera sensación que tengo después de dos semanas es que nos queda algo pendiente. Eso está bien. Lourdes y yo tenemos claro que volveremos más pronto que tarde para tratar de cerrar el plan propuesto. ¿Los motivos? Pues no los tengo claros, pero supongo que es una mezcla de curiosidad, de ganas de Sierra y de sana ambición. Pronto.

Otra reflexión tiene que ver con lo absurdo de los límites administrativos de la Sierra. Hemos cruzado lindes autonómicas, provinciales, rayas en las que algo es un parque si estás a un lado y es algo distinto si estás a otro. Y resulta que todo es lo mismo: la Sierra. Creo que el hecho de que este maravilloso espacio geográfico esté a caballo de tres comunidades (Andalucía, Castilla la Mancha y Murcia) y cuatro provincias (Murcia, Albacete, Jaén y Granada) le ha perjudicado hasta el punto de que no hay ningún criterio unificador para su promoción, puesta en valor y conservación.

Más cosas: con este viaje quiero reivindicar la posibilidad de caminar por nuestra Sierra, de dormir dentro de ella, de hacer montaña y montañismo sin restricciones absurdas. Estoy cansado de una normativa que nos hace sentir unos furtivos cuando buscamos un lugar donde pernoctar en medio de la Sierra mientras se les permite a otros muchos acciones incomprensibles que van desde el tránsito en 4×4 por todo tipo de pistas y carriles hasta la práctica del Enduro en la cima del Mentiras.

Había dudado si poner en este reportaje fotos de la tienda de campaña y expresar de modo explícito las noches en la Sierra. Al final me he decantado por hacerlo. ¿Por qué me voy a esconder? El que algo esté prohibido no significa que tenga sentido y, en mi opinión, la norma sobre la pernocta en estos parques está totalmente trasnochada, es injusta e irracional. En todos los parques, inclusive Sierra Nevada, Ordesa, Picos, y Aigüestortes por hablar de algunos, se permite el vivac y la acampada en determinadas condiciones. Espero que la próxima reforma de la normativa facilite las cosas en este sentido.

Y ya, para terminar, quiero dejar claro que este viaje es un homenaje a la tranquilidad, a la pausa, a lo bien que se conoce el mundo si uno va montado en la suela de sus zapatos y ve las cosas pasar a la velocidad de las hormigas. Me quedo con las palabras con las que comencé esta historia, palabras de Julio Villar, entrañable persona que nos acompañó durante un par de jornadas en este Viaje a la Sierra:

En mi viaje no he visitado grandes ciudades, ni tan siquiera pueblos prósperos; no he subido ni a altas ni a difíciles montañas ni he entrado en castillos o en museos célebres. Mi ruta la he trazado sobre la dura, modesta e ingrata tierra… con la simpleza del animal que va de aquí para allá, sin ninguna intención preconcebida.

Voy con pocas cosas… y con mi andar nada cambio. O casi nada. Me gusta que sea así. De otra forma no hubiese dado ni un solo paso. Ésta es, pues, la historia pequeña de un viaje a pie. Una historia de un viaje que muchos desdeñarán.

Hasta la próxima Julio.

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capítulos de este viaje