Salimos del Prado de Juan Ruiz hacia el Collado de Góntar por la pista principal. Descendemos todo el valle de los Anchos hasta río Madera y, tras descansar en Huelga Utrera, dormimos en el cañón del Segura
ficha

sierra de Segura
marzo de 2010
8 h
21 km
800 m
anticiclón, estable
pista amplia y algo de carretera sin pérdida; la subida a la Cueva del Agua sigue una senda muy definida
croquis todavía no disponible
track todavía no disponible

Por primera vez en muchos días amanece un día soleado, limpio, sin viento y bastante fresco. Recogemos la tienda con mucho optimismo y salimos del Prado de Juan Ruiz alrededor de las 9 de la mañana. Nuestros compañeros de campamento hace ya rato que han salido. Avanzamos por la pista que enlaza Alcantarilla con Segura a través de enormes calares como el Espino, las Morillas y el Rayo.

En una de las revueltas vemos a nuestros colegas y los alcanzamos en la subida al collado de Morillas que separa las vertientes de Bañares y Espinea respecto del arroyo de la Fuente del Tejo. Al llegar a lo más alto Julio se sale de la pista y toma rumbo sur por la ladera de pinos para ir directamente hacia la piedra de Góntar monte a través. Nosotros no vemos tan clara esa opción y continuamos por la pista aunque, de vez en cuando, nos ahorramos las curvas cerradas atajando por los taludes.

Cruzamos el arroyo de la Fuente del Tejo que baja fuerte. ¿Os había dicho que hace una mañana estupenda? Sí, claro que sí. Os lo he dicho ya al principio, pero me vuelvo a repetir. Hoy hace un día precioso, estable, con luz, sin una sola nube… hoy es el día adecuado para devorar kilómetros de alpargata, pista y asfalto. Vamos a ello.

Cortijos de la Cuesta de Majano

Subimos hacia la piedra de Góntar pasando por el Cortijo de la Viuda y ese carril que ahora han dejado inmaculado, plano y con todos los drenajes perfectos. Hay dinero para la Sierra, al menos, para dejar estas pistas como si fueran carreteras. En el collado de Góntar vemos humear varias hogueras y nos sorprende. Al acercarnos vemos que se trata de personal de la administración de medio ambiente que están limpiando las laderas de pinos, disminuyendo la densidad y quemando las ramas. Nos miran curiosos y nos preguntamos si Julio y los suyos ya habrán pasado por aquí aunque pensamos que no, que les hemos sacado ventaja por la pista.

Descendemos hacia los Anchos. El sol pica fuerte y tomo unas fotos con el tele de una cortijada que me llama mucho la atención y que creo que se llama casas de la Tobilla. Ahí tengo que pasar este otoño porque esos vallezuelos tienen tantos chopos que deben estar muy guapos engalanados de ocres, naranjas y amarillos 1Esta es la frase más repetida de mi viaje: “esto tiene que estar precioso en Otoño”, y si no, que se lo pregunten a Lourdes. El carril que yo conocía con la bici y que estaba reventado de acanaladuras y desprendimientos ahora es una pista transitable para turismos. Supongo que este arreglo se debe al tema del incendio.

El carril se introduce en un pequeño valle cerrado a Poniente por una ligera elevación y a Levante por el imponente Calar del Cobo. Así, encerrados por montañas, siendo mediodía y mirando al Sur, la temperatura sube y sentimos hasta calor. ¡Qué gusto! Un poco más abajo nos encontramos con una fuente cantarina y una balsa. Este sitio está bien para comer. Lourdes se lava el pelo, nos quitamos peso hartándonos de lomo ibérico y nos pegamos una siesta estupenda de la que solo nos despertamos para ver a nuestros amigos vascos cruzar por la ladera de enfrente: este Julio, en su afán de no pisar pistas, se mete como las garduñas por todos los rincones.

Moss se adapta al suelo

Tras el respiro, con la cabeza oliendo a rosas — la de Lourdes, la mía ya estaba limpia de todo — nos vamos introduciendo en el monumental bosque de laricios de la Cañada del Saucar2Por algún lado he leído que se trata del mejor bosque de laricios de España. ¿Será cierto?. En el cortijo hay una panda de jóvenes que nos miran con curiosidad y algo de irreverencia. ¿Se ríen de nosotros? Es posible. Yo me río de ellos también: no saben lo que se pierden con esta forma de vivir la Sierra sudando los terruños y aspirando el aroma de las jumas y la resina. El bosque se hace cada vez más espeso y volvemos a alcanzar a Julio y los suyos. Nos saludamos, intercambiamos palabras, comentamos los atajos, las veredas, los planes y mientras ellos se quedan dándose un chapuzón en el arroyo nosotros bajamos para los Anchos que llevamos prisa.

En Prado Maguillo, nada más entrar al pueblo, a mano izquierda, un par de familias disfruta del sol en una mesa alargada a la sombra de una casa preciosa que más bien parece sacada del valle de Salazar que de este ambiente sureño. Nos invitan y para allá que nos vamos. ¿Cómo decir que no a una cerveza fresca y un rato de charla a la sombra? Son dos familias de Jaén que tienen ahí su segunda residencia. Amablemente nos ofrecen de comer pero les decimos que acabamos de arreglarnos más arriba. Aún así, me bebo un litro de cerveza y algunas mandarinas porque es de fruta de lo que vamos más necesitados. El que mejor parado sale es Moss que, a cambio de jugar un buen rato con toda la chiquillería, recibe como premio los macarrones con carne sobrantes. Esto es felicidad.

Con Julio Villar

Lo bueno no puede durar mucho así que nos despedimos agradeciendo la hospitalidad. Ahora nos toca caminar un buen tramo de asfalto porque el resto de posibilidades por sendas y caminos exigiría mucho esfuerzo extra3Para llegar a Huelga Utrera desde aquí está la posibilidad de cruzar la cuerda del Mosco y bajar a los Paulinos y la Fuente del Esparto a través del GR pero luego habría también carretera. Otra opción es subir por el arroyo de los Jabalíes y tirarnos hacia Arroyo Blanquillo por un collado bajo el Poyo Alto, pero también supone mucho esfuerzo y la carretera tampoco te la quitas.. Descendemos hacia la venta de Rampias y de ahí le tiramos por la carretera del río Madera hacia el sur, buscando las juntas del Madera con el Segura. La tarde está tranquila, soleada y en la carretera hay menos tráfico del esperado… y eso que es miércoles santo.

El trozo entre la Venta de Rampias y Huelga Utrera se nos hace muy pesado. Está claro que es preferible el caminar por sendas y monte que hacerlo por asfalto: el cuerpo, paradójicamente, sufre menos sobre la tierra y las piedras que sobre la monótona carretera. Entramos en Huelga Utrera y son casi las siete de la tarde. Ahí tomamos el camino de la cueva del Agua y volvemos a recuperar el tacto de la tierra en nuestras suelas. Este cañón es realmente espectacular. Ganamos metros y la pala de pinos que debemos superar justo a mitad de camino de la cueva nos saca de punto. Nada más sobrepasar el fuerte repecho y llegar a los primeros bancales de nogueras decidimos parar para hacer noche. Nos escondemos en una parata protegida por muchos árboles y arbustos y preparamos el campamento. Me permito el lujo de ducharme — al estilo Gollum — en uno de los chorros de agua que cae desde lo alto de los volaeros. Mientras soporto con estoicismo el frío y la fuerza del agua en mi espalda veo aparecer a los vascos que van a dormir un poco más arriba, en alguno de los muchos abrigos de piedra. Ya no los volveremos a ver más.

Estamos contentos y cansados. Mientras miro a nuestro alrededor y me impregno de las últimas luces en esta alcoba improvisada de rocas, nogales, agua y tierra hago una estimación de los kilómetros de hoy y me salen más de 35. Eso con la mochila al lomo es bastante así que veo normal que nos duelan los riñones. Hasta Mosito no tiene ganas de jugar y se ha desplomado sobre la hojarasca. Vamos a recuperarnos haciendo una crema de espárragos y gastando las últimas reservas de pipas y tostones. ¡Hasta mañana!

fotos

capítulos de este viaje