Primera jornada de nuestro Viaje a la Sierra. Salimos de Paterna del Madera, subimos a las Almenaras y descendemos a Riópar por el trazado del GR66.
ficha

sierra de Alcaraz
marzo de 2010
8 h
21 km
800 m
anticiclón, estable
recorrido por pistas y un breve tramo de senda hasta la cumbre de las Almenaras; descenso a Riópar por el GR66 siguiendo viejas sendas
croquis todavía no disponible
track todavía no disponible

Tengo claro que la mejor forma de estar en la montaña es la ausencia de horarios y de planes. Entrar dentro de la Sierra, ser autónomo, esperar que la noche caiga sin prisas, escoger el lugar preciso para el sueño, el arroyo para lavarte, el árbol sobre el que cobijarte, el repecho donde cocinar y el horizonte sobre el que la tarde se va cerrando; todas estas elecciones son lujos que a veces nos podemos permitir. Y eso es lo que hemos estado haciendo estas últimas vacaciones.

Pese a tener un programa previo éramos conscientes de lo complejo de su resolución. Envié las etapas a algunos amigos para que nos tuvieran localizados pero ya desde el segundo día los planes cambiaron. Es la vida que no puede embridarse y es bueno que así sea: nunca tenemos el control total y las historias cerradas jamás fueron interesantes para ser contadas.

Las sensaciones que tengo después de este viaje las resume perfectamente Julio Villar en su libro Viaje a pie:

En mi viaje no he visitado grandes ciudades, ni tan siquiera pueblos prósperos; no he subido ni a altas ni a difíciles montañas ni he entrado en castillos o en museos célebres. Mi ruta la he trazado sobre la dura, modesta e ingrata tierra… con la simpleza del animal que va de aquí para allá, sin ninguna intención preconcebida.

Voy con pocas cosas… y con mi andar nada cambio. O casi nada. Me gusta que sea así. De otra forma no hubiese dado ni un solo paso. Ésta es, pues, la historia pequeña de un viaje a pie. Una historia de un viaje que muchos desdeñarán.
Julio Villar. Viaje a pie.

Pero dejemos al amigo Julio por ahora — luego tendrá un papel interesante en los próximos días, pero todo a su tiempo — y pasemos a describir la primera jornada del camino. Todo empieza el sábado previo al Domingo de Ramos cuando Salva y María del Mar nos acercan a Paterna del Madera, un pequeño pueblo de la Sierra de Alcaraz encajonado entre altas montañas y que mira a Levante. Pronto nos bajamos del coche y hace bastante fresco. Nos despedimos y comenzamos a andar buscando un carril que sube por la umbría del Calar de la Osera.

La cumbre de las Almenaras con bastante personal

La Sierra está como nunca. Hay agua por todos los sitios, la hierba verde crece en cualquier lugar y el sonido de los arroyuelos se mezcla con el canto optimista de los pájaros que ven llegar el tiempo propicio de la vida. Remontamos el arroyo de la Fuenfría hasta su fuente, en un lugar ideal para venir a pasar un domingo con la familia1Este sitio es el ejemplo de que uno puede ir a lugares paradisíacos con mesas, fuentes, acceso en coche y mucha sombra y verde sin necesidad de tener que compartirlo con otros cientos de coches al estilo Chorros del Río Mundo. Seguimos ascendiendo hasta la Lagunilla donde ganamos vistas hacia el Sur divisando todas las montañas que nos esperan: desde el Calar del Mundo hasta las Banderillas pasando por el Calar de la Sima y el Yelmo. Poco a poco.

La pista sigue ganando altura y flanquea la cara sur de la Cuerda Larga, una prolongación de las Almenaras que ronda los 1700 metros y que está separada de éstas por un breve collado en el que desagua la fuente del Pino de los Muchachos. En los tornajos nos encontramos con algunos miembros del Centro Excursionista de Albacete. Están por aquí haciendo la cumbre desde el cortijo de Tortas. Hablamos un rato y ascendemos nosotros también a esta significada y aguda pirámide, punto culminante de la sierra de Alcaraz y otero de los Campos de Montiel y las llanuras de la Mancha.

Foto de familia. Preciosas las lanchas de roca que miran al norte y que guardan a sus pies bosquetes de arces

Tras la cumbre, comida tranquila y breve siesta bajo los resineros. Moss está juguetón y apenas nos deja descansar. Como además llevamos algo de prisa2En realidad no es que llevemos prisa, lo que ocurre es que hay trozos del camino que no controlamos o que no recuerdo exactamente y claro, tampoco es plan de empantanarse mientras te cae la noche recogemos los bártulos y tiramos hacia el Sur buscando el valle de Riópar. El itinerario transcurre ahora por la Dehesa de las Almenaras, siguiendo un alegre arroyuelo que va cogiendo caudal y fuerza conforme avanzamos. Nunca había visto este lugar con tanta agua — como veis este será un pensamiento recurrente a lo largo de los días — hasta que nos separamos del eje de la vaguada para ascender hacia el cortijo de Miguel Serrano.

Desde ahí, la vereda gana un suave collado con bonitas vistas hacia el Oeste donde se aprecia la mole de la Sarga y el Padrón y descendemos a media ladera buscando la antigua carretera que enlazaba Riópar con Alcaraz3Esta carretera, ahora prácticamente sin tráfico, es perfecta para la bicicleta por el ambiente, los pinos y las cuestas. Entramos en ella, hacemos un par de curvas en sentido descendente y en una revuelta cerrada, en el kilómetro 191, nos salimos para descender por una traza poco marcada hacia el Sur.

Momento de la comida: Moss nos mira atentos por si le cae algo

La senda está casi invadida por la vegetación y se nota que es un camino que corre el riesgo de perderse. Frente a nosotros nos cierra la vista el Cerrón de San Cristóbal y unos verticales picachos en los que se refleja el sol de la tarde. En un momento dado perdemos la vereda o, más bien, ésta se pierde entre las aliagas y las retamas y nos vemos obligados a salirnos hacia la derecha — el Oeste — buscando unos llanos con viñedos abandonados. Nos tiramos por los taludes que sostienen los bancales y en un salto me hago daño en la rodilla derecha, pero nada grave. Pronto recuperamos el camino y entramos en El Villar, un núcleo de casas desperdigadas próximo al cerro sobre el que se yergue el caserío de Riópar viejo. Atamos a Moss para que los vecinos no nos llamen la atención y cruzamos la carretera que une Riópar con la N-322.

La jugada nos sale perfecta porque estamos frente al desvío del camping así que entramos en este. Sólo hay una tienda y los dueños andan arreglando los desperfectos del duro invierno. Acaban de abrir las instalaciones, nos duchamos con agua caliente — un lujo que deberemos recordar — y cenamos sopa y jamón. La noche transcurre muy tranquila. Mañana seguimos.

fotos

capítulos de este viaje