De la Pradomira pasamos por la Cañada del Avellano para bajar a los Volaores. Nos cuesta mucho encontrar el paso hacia el Prado de Juan Ruiz. Al final tenemos suerte y llegamos a la vieja aldea donde nos llevamos una sorpresa.
ficha

sierra de Segura
marzo de 2010
8 h
21 km
800 m
anticiclón, estable
carril y senda sencilla hacia los Voladores; el paso al prado de Juan Ruiz es confuso y lo sacamos a trocha
croquis todavía no disponible
track todavía no disponible

Y seguimos con el relato. Me había quedado con el amanecer de este cuarto día. Estamos dentro de la tienda, sigue haciendo viento pero ya no escuchamos la lluvia en el doble techo. ¿Tendremos una tregua? Asomo la cabeza y veo las nubes correr rápido en las alturas. Moss está muy contento porque, al parecer, nos vamos a mover ya.

Lavo los cuencos y empiezo a preparar el desayuno en el ábside porque pega muy fuerte el aire. De repente, todo se vuelve a poner negro y una granizada del carajo nos sorprende. Vaya por Dios que la meteo no nos va a dar tregua. Cierro el ábside, apago el hornillo y me meto otra vez en la tienda a esperar. Como vemos que no para acabamos tomándonos la leche con magdalenas así enroscados en los sacos y al final nos quedamos otra vez medio durmiendo. Cuando nos volvemos a despertar son más de las 10 pero ya no graniza. Incluso parece adivinarse alguna mancha azul entre las nubes. Somos optimistas.

A las 11 ya hemos recogido el campamento y el sol empieza a asomar por el otro lado del Calar de la Sima. El día está precioso, con nubes altas y retazos de cielo azul hiriente. La naturaleza está limpia y saturada de colores. Además, el camino hacia el arroyo de la Cañada del Avellano, con espectaculares vistas hacia la parte sur del Calar del Mundo, también ayuda a motivarnos.

Moss muy activo

En la Cañada del Avellano descubrimos huellas de una bici. Vaya tela 1Esto me va a jugar una mala pasada en el subconsciente. Hay un libro de Vicente Ríos y Manuel Villalba en el que se describe la vuelta al Calar de la Sima en BTT. Yo recordaba esta actividad aunque no en detalle y durante toda la jornada estuve pensando que la vuelta en BTT pasaba de los Voladores al Prado de Juan Ruiz por donde nosotros mismos queríamos pasar hoy. Claro, esto me hacía pensar que íbamos a tener un camino “decente” ya que si pasaba una bici, ¿no íbamos a hacerlo nosotros? El tema está en que la vuelta en bici no se cierra por donde yo pensaba, si no bajando al río Tus y luego remontando hacia el Espino. Cagadas de la memoria.. Ascendemos los antiguos bancales y nos introducimos entre pinos. A mí se me van los ojos a la derecha, a la Sierra del Cuquillo, en cuya cima estuvimos hace justamente dos años y que cobija uno de los mejores encinares que yo recuerdo por estos pagos. Poco a poco le ganamos metros al valle y nos asomamos al collado que da vistas a los Voladores.

En el collado saco el mapa y repaso lo que tengo ante mí. Tenemos que encontrar el paso más sencillo hacia el Prado de Juan Ruiz. Para ello podemos elegir entre varios collados que se extienden ante nosotros aunque, en buena lógica, el que debe tener un camino trazado debe ser el de menor altura. Identifico éste e iniciamos el descenso hasta el primer cortijo de los Voladores que se nos queda a mano izquierda. Está recién encalado y tiene ropa tendida en la puerta además de placas solares. Da gusto ver señales humanas en un lugar tan apartado, tanto, que ni siquiera existe un carril de acceso2En realidad, un estrecho carril asciende desde el río Tus, en las proximidades del aserrador hasta el cortijo de Navaltornillo. Este carril es precisamente el que se coge para hacer la vuelta en BTT de la que antes hablaba..

Cañada del Avellano

Descendemos un poco más siguiendo el curso del arroyo y en las proximidades del cortijo del Arroyo Cañizares sacamos la comida. Tenemos hambre pues ya han pasado varias horas desde la leche con magdalenas y granizo. Disfrutamos de los tibios y escasos rayos de sol que se cuelan entre las nubes altas así como del soberbio entorno de montaña en el que nos encontramos. Esta ladera Oeste del Calar de la Sima y sus Poyos de Cañizares… pero qué guapa que está. Lamentablemente el cielo se está cerrando cada vez y eso nos quita mucha confianza de cara a la jornada de hoy. No queremos mojarnos hoy otra vez y además tenemos alguna ropa pendiente de la secadora. Mal asunto este de la lluvia.

Para cruzar el collado cogemos una traza leve que no pierde altura y que deja un poco más abajo el cortijo de Navaltornillo del que vemos sus chopos ahora desnudos. En un momento dado, nos cruzamos con una senda muy amplia que asciende hacia el Sur. La cogemos confiados y pronto nos encontramos con una bifurcación en Y. Para añadirle más emoción al asunto, en la ladera de enfrente, al otro lado del barranco, vemos otra senda clarísima.

¿Qué hacer ante las tres posibilidades?

Mi intuición me dice que la senda buena es la de la ladera de enfrente (opción 1 del croquis). Le digo a Lourdes que me espere porque voy a echarle un vistazo. Me quito el armario, atamos a Moss para que no me siga y desciendo al arroyo para cruzarlo y subirme a la senda. Está muy marcada y asciende con fuerza hacia una zona llana — una nava — sobre la que asoma, tras lo más alto, el calar del Rayo.

Encuentro un cortijo abandonado que no aparece en los mapas y extensos bancales con chopos. Sigo subiendo, ahora ya sin senda, confiado en que voy a poder asomarme al otro lado del collado, pero el bosque se va cerrando, aparecen aliagas y espinos y me resulta casi imposible avanzar sin arañarme. Me extraña mucho que este sea el paso de la zona de los Voladores hacia la zona Sur: Huecos de Bañares, Espinea, Prado de Juan Ruiz…

Con la mosca detrás de la oreja regreso hacia donde está Lourdes, a la Y. Le comunico lo que hay: mi intuición la ha cagado y el camino que he intentado no debe ser. Ahora toca elegir sobre éste en el que estamos: ¿izquierda o derecha?. Decidimos tomar izquierda en ascenso — la derecha desciende hacia el arroyo — y subimos afanosamente (opción 2 del croquis). El cielo está totalmente cerrado y no descartamos tener que hacer la misma jugada que ayer abriendo la tienda a toda prisa.

Los Volaores

La senda es amplia y bien hecha y nos lleva a un nuevo grupo de cortijos. Desde luego que estamos muy lejos de pasar al lado Sur así que yo ya empiezo a desesperarme sobre nuestra situación. ¿Cómo pasaba la gente de esta zona al Sur? Es el momento de sacar el GPS para ubicarnos en el plano. Apelamos a la técnica y, para mi sorpresa, resulta que estamos en el cortijo de la Camarica de Abajo. Vaya por Dios. En mi ignorancia, pensaba que estábamos ya en el de Arriba

Gracias a San GPS esbozamos una nueva táctica, desandamos la senda hasta la Y y nos tiramos hacia la otra — y única — opción (la opción 3 del croquis, sin referencias en el mapa). Cruzamos el arroyo de la Camarica con bastante esfuerzo y la senda clara se pierde entre miles de trazas de ganado. No importa: ahora sabemos exactamente donde estamos y por dónde queremos pasar. Remontamos con mucho esfuerzo la ladera de encinas y pinos. Enfrente nuestro, unos pliegues impresionantes y un pastor sobre los cortados al que le preguntamos con gritos: ¿vamos bien para Juan Ruiz? Y él se lía a hablar entre el ruido del viento, las borregas y el agua, pero no le vemos hacer gestos negativos ni tampoco se echa las manos a la cabeza, sino que además escuchamos la palabra mágica de la Sierra: volcar. Eso es lo que queremos, volcar al otro lado.

La Camarica de Abajo

La pendiente cede, las miles de trazas se aglutinan en unas pocas y empiezan a verse hitos. El ojo de la borrica se pone bueno y este tipo de resoluciones justifican todas las angustias. Progresamos hacia el Sur por un terreno cada vez más despejado y bonito. ¡Cómo estoy disfrutando de las cascadas y esta traza semiperdida! Al final, llegamos al collado, que más bien es un gigantesco campo de fútbol sobre el que es difícil elegir el descenso. Nos tiramos a la buena de Dios y encontramos nuevas trazas bastante fiables. Las seguimos y pronto se hacen senda. Finalmente, la senda desemboca en otra mayor con señales de PR. BIEN. Estamos donde yo pensaba: en el PR que sube desde Juan Ruiz hacia el Calar de la Sima3Para justificar mi creencia de que este collado debía ser sencillo de pasar tengo estos dos argumentos: i) yo pensaba que la circular en BTT del Calar de la Sima estaba propuesta por aquí y ii) también pensaba que en el collado debía desembocar el PR que muchas veces había visto en mi paso por el Prado de Juan Ruiz. En ambas cosas me equivocaba, la circular en BTT va para el río Tus y el Espino y el PR que sube al Calar desde el Prado de Juan Ruiz nunca llega a tocar el collado sino que se va hacia el cortijo de las Hoyas y de ahí para arriba..

Arroyo de la Camarica

Unos minutos más y salimos a la autopista de los Huecos de Bañares, esa enorme pista que enlaza Albacete con Jaén. Cien metros más, cruzamos la era del Prado de Juan Ruiz y bajamos al cortijo. Vemos salir humo de la chimenea. ¿Quién está ahí? Nos asomamos y tenemos ante nosotros un grupo muy numeroso. Más de 10 personas se afanan con el fuego y limpiando la estancia. Nos presentamos. Ellos son de todas partes y están haciendo una travesía similar a la nuestra. Su guía es un tal Julio Villar, un personaje casi de ficción que en los años 60 era alpinista puntero y que, tras un accidente, decidió dar la vuelta al mundo en una barquita de 7 metros de eslora. De sus cinco años circunvalando la Tierra salió un hermoso libro, Eh Petrel, que ocupa muchas estanterías en muchas casas. En la mía guardo otra joya suya: Viaje a pie.

Es curioso esto de los guiños del destino. Un autor que te engancha, un libro que te emociona, un camino improvisado por la Sierra, un cortijo abandonado que acoge a los últimos huéspedes y, de repente, ahí te encuentras al escritor, al hombre que sólo conocías por su palabra y su dibujo. Y lo mejor de todo es que esa noche compartimos chorizos serranos, pan de los Giles, arroz picante y orujo. Fue el colofón perfecto para una jornada aventurera donde las haya.

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