Fantástica travesía de Sur a Norte en perpendicular a los valles uniendo dos señalados municipios de Albacete y ascendiendo las principales sierras: Cabras, Calar de la Sima, Calar del Mundo y Cuerda de las Almenaras (¡¡¡¡material recuperado de 1997!!!)

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Etapa 1: Nerpio-Pedro Andrés

Un minibús nos deja a Federico y a mí en la plaza mayor de Nerpio. Son las cinco de la tarde, hace bastante calor y el cielo está limpio de nubes y vapores. Sopla una ligera brisa de Poniente que agita las ropas de los balcones.

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Descendiendo hacia Góntar desde la altiplanicie de Jutia
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La cara norte de la Sierra del Taibilla: Sierra del Talón

Echamos a andar con decisión por la carretera que sube hacia Pedro Andrés. Nada más salir de Nerpio nos desviamos por una pista asfaltada que se dirige a Los Chorretites. El paisaje típico de la vega de Nerpio está formado por bancales de maíz y hortalizas; dispuestos de forma aleatoria los nogales dan sombra a los cultivos y nos muestran su fruta ya muy madura. El camino asciende suavemente y se aleja del valle para encaramarse sobre una plataforma de roca. Al fondo, y a contraluz, se adivina la torre Taybona que vigila de forma permanente el ajetreo de las gentes del valle. En una curva a la derecha observamos que un carril de tierra se abre a la izquierda, en dirección suroeste. Consultamos el mapa y decidimos arriesgar por el camino; estamos un poco hartos de tanto asfalto y nos apetece cambiar. El carril se va acercando paulatinamente al valle que forma el arroyo de la Aliagosa, bajo las cumbres de la sierra del Talón. Aunque tenemos sed y escuchamos el agua discurrir unas decenas de metros más abajo, esperamos a que el camino se acerque un poco más a la altura del arroyo. El paisaje es magnífico; enormes encinas centenarias acompañan la soledad de los cortijos abandonados. A nuestra izquierda se levanta el Pico del Lobo; la arista cimera se prolonga hacia el oeste y empieza a conformar la cara norte de la sierra del Taibilla. Con esta luz tan limpia y esta atmósfera se aprecian casi todos los detalles de las rocas y los perfiles de los árboles; aprovecho la inclinación del sol para tomar algunas fotos ahora que los tonos empiezan a ser más cálidos.

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Bajando a Pedro Andrés
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Saliendo de Góntar hacia los CHorreones
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El Calar de la Sima desde Los Prados

El valle se va cerrando y con él también el día. Queremos encontrar un buen lugar para dormir que esté próximo a Pedro Andrés. En el mapa apreciamos un collado que se encaja entre las Lomas de la Osera y el vértice de la Cruz del Taibilla. Aunque hay marcado un carril que vence al collado, nosotros no lo vemos por ningún lado y lo atravesamos por entre las sabinas y las rocas. Así, dejamos el cauce del barranco de la Aliagosa y ganamos vistas de nuevo al valle principal, justo en las fuentes del Taibilla. En el primer lugar que encontramos agua dejamos de andar y montamos la lona bajo un nogal. Cuando se hace de noche vemos el resplandor de las luces de Pedro Andrés al fondo del valle.

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Etapa 2: Pedro Andrés-Góntar

No somos capaces de madrugar y se nos hace un poco tarde. Ha hecho una noche magnífica y el doble techo lo guardaremos para no usarlo más en todo el viaje. Descendemos hacia el norte siguiendo las aguas surgentes de la fuente del Taibilla. Atravesamos el caserío de la Noguera y llegamos a Pedro Andrés. Allí desayunamos en un bar y compramos una hogaza de pan de kilo. Son casi las once y abandonamos Pedro Andrés por la carretera que se dirige hacia Góntar. Es una subida muy empinada y dura que se encarama sobre la sierra de Mingarnao. El asfalto deja paso a una pista de tierra blanquecina y amplia que comunica diversas cortijadas: Rambla Camina, los Morenos y Jutia. En esta última paramos a sestear bajo unos pinos y junto a la fuente. Unos caballos se entretienen espantando a las moscas con la cola y nos miran con ojos interrogantes cuando nos acercamos a verlos. Seguimos avanzando por el altiplano que conforman las sierras de Mingarnao y Góntar y que separa el Segura del Taibilla. Al oeste se contempla perfectamente la hendidura del río Zumeta y los paredones calizos que dan nombre a la aldea de la Muela. Cuando la tarde ya comienza a declinar la pista se introduce en un pinar de repoblación bastante espeso; por entre los árboles y en las curvas cerradas se adivina el caserío de Góntar, hermoso pueblo colgado de los paredones de la sierra Góntar y con espléndidas vistas al curso alto del Segura. Un poco antes de entrar al pueblo, y en una curva del camino, vemos una fuente donde nos bañamos. Dormimos bajo una higuera tras haber dado un paseo por la aldea en la que se celebran las fiestas patronales.

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Etapa 3: Góntar-Arguellite

Amanece de nuevo un día despejado y caluroso para Septiembre. Hoy sí salimos pronto en dirección a la aldea del Collado, pequeña población que se desparrama por las laderas de la sierra de Góntar. Desgraciadamente, esta zona de la montaña fue mordida por las llamas en un gran incendio a mediados de los 90. Ninguno de los carriles que aparecen en los mapas tiene contrapartida en la realidad pues la sierra es ahora un laberinto de camino carreteros que han abierto para sacar la madera quemada. Avanzamos hacia el Norte sin tener muy claras las elecciones que vamos haciendo en cada cruce. No obstante, recuperamos la confianza cuando vemos a lo lejos una línea eléctrica que suponemos que da servicio a la aldea de los Chorreones. Así, en menos de media hora estamos en el carril de que sube desde el valle del Segura hasta dicha aldea mientras vemos en la hondonada los árboles de ribera mecidos por el viento. Es casi mediodía cuando alcanzamos la parte más baja de nuestra ruta, es decir, el vado del río Segura. En el caserío de Ladonal nos pegamos un baño buenísimo aprovechando que están soltando agua de Miller: la corriente casi nos lleva hasta el pantano de la Fuensanta si nos descuidamos. Nos apartamos del río para comer para que no nos coman los tábanos y dormir la siesta tranquilos. A media tarde, con luz oblicua y un cuerpo recuperado ascendemos los kilómetros de carretera que nos separan de Arguellite. Al atardecer entramos en esta aldea que parece sacada de los dibujos de un niño: bancales de hortalizas cuidadas con esmero, pies de encina con varios siglos, casas encaladas y dispuestas en la ladera con cuidado, todo ello enmarcado por la grandiosidad del Calar de la Sima que se eleva abrupto y exigente. Después de asearnos en el lavadero de la aldea preparamos la cena bajo un grupo de encinas y nos metemos en los sacos mientras las últimas luces se reflejan en el puntal de Rodas.

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Etapa 4: Arguellite-Los Giles (Hueco del Tus)

Hoy comienza la etapa reina de este Tour pues en ella vamos a acometer la subida al Mentiras, máxima altura del Calar de la Sima. Como ya empieza a ser rutina, comenzamos con retraso tras haber remoloneado en los sacos ocultándonos de la luz del sol. Enlazamos Arguellite con la aldea de los Prados siguiendo el arroyo del Asperón bajo la sombra de enormes pinos y encinas. Reponemos agua en la fuente de los Prados y abandonamos el caserío por una carretera de asfalto hacia el cortijo de los Prados Altos. Vamos a entrarle al Calar por el Norte, por un lugar conocido como la Peña de la Cabeza donde una extraña formación de piedra sugiere el citado topónimo. Estamos más o menos en un collado bastante plano que separa la cuenca del Segura de la cuenca del río Tus. En el fondo del valle vemos las aldeas del hueco del Tus, entre las que se encuentra nuestro punto de llegada: los Giles. A nuestros pies tenemos un carril en buen estado que flanquea la ladera del calar hacia el Oeste. Lo tomamos para encarar la montaña por el lugar más directo y cómodo. En una sabina rastrera escondemos las mochilas — no sin cierto recelo — para recogerlas a la bajada y con lo puesto tiramos para arriba. Hay un solazo impresionante, es casi mediodía y la atmósfera se desploma seca, seca. Una visibilidad excelente nos permite ir adivinando todas las cumbres de esta zona de la sierra: el Navalperal, el Espino, el Yelmo, el Calar del Mundo, el Argel, todos ellos nombres míticos para los serranos que sugieren el reino de las alturas. Pronto aparecen la Sarga, el Padroncillo, el Cambrón y las Almenaras y seguimos subiendo. ¿Hasta cuándo? El calor se va haciendo insoportable y hace tiempo que dilapidamos nuestras reservas de agua. Sólo queremos llegar pronto para hacer la cumbre, disfrutar de las vistas y regresar a la sombra. Finalmente, y de improviso, la ladera se interrumpe de forma brusca y nos muestra un precipicio con una caída de más de 700 metros. Al fondo se adivina el valle del Segura y salpicadas por entre el inmenso pinar, emiten blancos destellos las aldeas que viven resguardadas en las faldas del Calar. A nuestra derecha se perfila el vértice geodésico de la cumbre, lugar al que nos dirigimos medio hipnotizados. Una vez allí, competimos por la exigua sombra que nos ofrece para contemplar la panorámica de 360 grados. Nos llama la atención la Sagra, que aparece destacada hacia el Suroeste; también destaca el calar de la Cabeza de la Mora, justo al lado de nosotros y que presenta formas audaces, complejas y muy atractivas. Un estornudo me provoca una hemorragia nasal que me hace sangrar abundantemente con lo que a la bajada parezco un Cristo. Llegamos a las mochilas y buscamos la senda de bajada hacia el valle del río Tus. Las señales de un GR nos llevan por el buen camino y pronto estamos en las Mohedas y el Collado Tornero. En el río por fin puedo lavarme y presentar así un aspecto menos llamativo. Es ya tarde avanzada pero sólo nos restan unos kilómetros de asfalto hasta los Giles. Pernoctamos bajo unos pinos junto al río Tus, cuando todavía éste desciende joven y sólo es un alegre arroyo que se despeña desde las alturas del Calar del Mundo

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Etapa 5: Los Giles (Hueco del Tus)-Fábricas de Riópar

Salimos de los Giles remontando el arroyo del Tus hacia lo que se conoce como cuesta de las Peladillas por los hitos de piedras coloreadas que sirven de guía cuando la nieve cubre el terreno. Hace bastante calor pero notamos que el día es diferente al de ayer: el cielo no está tan limpio y un velo blanquecino nos inquieta. Para colmo, en la última cortijada nos encontramos con un aldeano que nos advierte: cuidado con el Calar, que es fácil perderse. Con la incertidumbre en el cuerpo seguimos hacia arriba mirando el 1:50.000 del Ejército que llevo bastante arrugado y las notas que recogí del libro de Ángel Ñacle en el que se describía la excursión. Es muy importante no errar en el punto de entrada al Calar pues, una vez arriba, apenas tendremos referencias y deberemos guiarnos mediante el mapa y la brújula. El paisaje es realmente espléndido y no nos supone esfuerzo alguno. Nos sentimos muy fuertes y el cuerpo se nos ha hecho a la mochila después de varios días en el camino. Miramos atrás y vemos el valle del Tus y el encajonamiento del Infierno, estrecho cañón por el que se adentra el río Tus en Jaén entre los dos calares más grandiosos de la zona: la Sima y el Mundo. Las fuertes pendientes dan paso a una zona más allanada y la ladera de la izquierda comienza a ofrecernos algo de debilidad. Como estamos hartos de no tener horizontes (sólo al SW podemos ver la lejanía) decidimos encaramarnos sobre la plataforma kárstica del Calar del Mundo. Así pues, le tiramos para arriba por entre las piedras buscando una buena altura desde donde divisar y planificar los pasos siguientes. Nos situamos en el mapa y ponemos dirección al Norte, hacia la sutil vaguada en la que se encuentra la Fuente del Espino o Pozo de la Bomba. El pico de los Viboreros se queda a nuestra izquierda y como referencia en el horizonte fijamos una perfecta pirámide triangular de roca gris que se levanta orgullosa muy al fondo. Al día siguiente reconoceremos — y tendremos bajo nuestros pies — esta forma triangular como el pico de las Almenaras, cúspide de la cuerda de montañas que contiene a las cordilleras béticas para que no se desparramen sobre las llanuras de la Mancha; no podíamos haber escogido un punto más alto y destacado para orientarnos. Seguimos avanzando penosamente por entre las rocas afiladas y huecas cuando, de repente, escuchamos el sonido inconfundible de un cencerro. Nos dirigimos hacia allá y descubrimos en una hondonada un prado de considerables dimensiones en el que un rebaño de ovejas sestea bajo los atormentados pinos laricios. Un land-rover recubierto de barro y aparcado bajo los pinos nos sorprende (¿por dónde habrá llegado aquí?). Descendemos a la altura del rebaño y un pastor nos mira curioso e impasible. Nos acercamos al hombre para charlar un rato pero no parece tener muchas ganas de conversar; nos cuenta cómo funciona la bomba del pozo y acto seguido se monta en el coche y se larga. El pastor no nos ha dicho por dónde bajar del Calar para llegar a Riópar (no nos ha dado tiempo) pero eso es un problema para más tarde. Por el momento, sacamos agua del pozo, comemos y bajo la sombra tomamos una siesta deliciosa. Cuando despertamos el cielo está cubierto pero no amenaza lluvia por el momento. No obstante, sentimos inquietud y queremos salir pronto de este laberinto de rocas y lomas agrietadas. Seguimos hacia al norte por donde bajaría una gota de agua hacia el valle del Mundo. Nos encontramos con una tinada vieja y un espeso bosque de pinos y algunas encinas. Buscamos el comienzo de una senda que, en teoría, debe llevarnos hasta la seguridad del llano. De nuevo, las señales providenciales del GR nos invitan a tomar una traza insegura que pronto se convierte en un camino de herradura con muy buena pinta. El descenso es muy cómodo y bonito, entre un bosque cerrado de pinos, encinas, quejigos, arces y serbales. Es una delicia advertir la pericia de quienes abrieron esta vía al paso del hombre y las bestias por esta ladera impenetrable y compleja. Finalmente, llegamos al valle del Mundo, atravesamos el río por la piscifactoría y por la carretera que sube el puerto del Arenal regresamos a la civilización. En Riópar pueblo no encontramos sitio para dormir tranquilamente y, tras comprar la cena, nos retiramos a una chopera cercana para descansar alejados del bullicio del pueblo.

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Etapa 6: Fábricas de Riópar-Alcaraz

Por fin, esta mañana no remoloneamos y antes de las siete ya vamos con las mochilas al hombro. Hemos dormido fatal porque el suelo estaba muy irregular y además han caído algunas gotas de madrugada. En el desayuno hemos decidido acortar en una jornada lo que nos queda de marcha, por lo que en este día vamos a afrontar las dos etapas restantes que nos separan de Alcaraz (este es el motivo del madrugón). Nos dirigimos hacia Riópar viejo por un carril nuevo que avanza entre chopos y pinos en dirección oeste. A la altura del Arroyo Frío giramos al Norte por una senda bien trazada que remonta el arroyo hacia su fuente. El haber dormido fatal pesa bastante y nos cuesta mucho ganarle metros a la sierra, pero cuando cruzamos la comarcal 415 para entrar en la Dehesa de las Almenaras la visión de la cumbre nos anima y aceleramos el paso. Llevo a Federico delante marcando el paso y no se le nota el ayuno voluntario que va a hacer en esta última jornada maratoniana. El muy bestia no cenó ayer noche (tras la paliza del Calar del Mundo) y me ha prometido que no probará bocado hasta Alcaraz. Como le conozco bastante bien y controla, le dejo hacer y observo con atención su evolución en el devenir de la jornada. En el punto más alto de la jornada — las Almenaras — me zampo dos paquetes de galletas Príncipe que me entran directas a la sangre. Federico está apoyado en unas rocas mirando al Norte: las sierras terminan para dejar paso a la llanura. Oteamos buscando cuál puede ser nuestro camino pero no descubrimos ningún accidente destacado. Descendemos hacia el norte hasta llegar al Contadero, collado en el que los pastores y ganaderos efectuaban el recuento de sus rebaños al transitar por estos lares. Al volcar hacia el Oeste vemos una pista amplia y nueva ladera abajo. Comparamos con el mapa y advertimos — no sin cierto pesar — que es el buen camino: sólo nos falta un alpargatazo de más de 20 kilómetros de carretera para terminar la jornada. Una vez en la pista-carretera Federico ya deja de hablar porque se encuentra en un estado de concentración límite. En las curvas que nos lo permiten atajamos por entre el monte y tras un par de horas llegamos a la comarcal 415 que desciende del Barrancazo. Por asfalto seguimos caminando cada vez más ansiosos por llegar a nuestra meta. Bajo el sol inclemente de la siesta llegamos a Vianos y unos kilómetros más adelante nos salimos de la carretera para bajar a Alcaraz campo a través. Vamos ya muy torrados y con muchas ganas de llegar. Sorteamos un bosquete de encinas y, por fin, tras una loma, descubrimos Alcaraz con sus famosas dos torres en la hondonada. Nos abrazamos de alegría y emocionados descendemos por la ladera casi corriendo. Estamos terminando nuestro periplo de seis días de duración con más de 140 kilómetros en las piernas y la ascensión de 3 sierras señaladas: el Calar de la Sima, el Calar del Mundo y las Almenaras. Al entrar al núcleo urbano preguntamos por el pabellón municipal o la piscina para lavarnos y descansar; como no tenemos bus para Albacete en lo que queda día hacemos noche en las puertas del polideportivo. Cuando nos metemos en los sacos por última vez en este viaje sentimos que podríamos haber llegado todavía más lejos. ¿Quién sabe si la próxima vez…?
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