Paseo agradable que enlaza Murcia y Cieza siguiendo el hilo conductor del río Segura y buscando al máximo los caminos de tierra alejados del asfalto y los vehículos motorizados. Feraces huertas, verticales cerradas y rincones sorprendentes nos esperan en una jornada tranquila, sin sobresaltos y que admite muchas variantes.

ficha

región de Murcia
septiembre de 2013
3 h
49 km
440 m
estable, viento del norte
recorrido casi siempre por carriles y sendas de tierra y algún corto tramo de carretera local asfaltada sin apenas tráfico; apenas algún corto tramo técnico en el paso por el Menjú
pincha aquí para ver el croquis
track aquí disponible

En un mundo tan motorizado y dependiente de los combustibles fósiles siempre reconforta comprobar que, todavía, tenemos la sartén por el mango y podemos permitirnos hacer desplazamientos de media distancia con la fuerza de nuestras piernas y el bombeo de corazón y pulmones. Las carreteras de toda la vida que unen Cieza con Murcia evitan el accidentado valle del Segura en la vega alta: imposible hacer una línea recta entre tanto despeñadero, precipicio, meandro y vegetación. Pero nosotros no necesitamos velocidades altas ni calzadas amplias, a mi burrita y a mí nos es suficiente con un carril estrecho, una vereda de apenas medio metro serpenteando entre cañas, baladres y álamos que nos permita remontar el río hasta nuestros orígenes. Y eso es lo que buscamos en esta actividad.

Podemos fijar la salida en el Campus de Espinardo de la Universidad de Murcia. Desde allí parte la vía verde del Noroeste que nos permite avanzar rápidamente. Enseguida alcanzamos Molina de Segura, atravesamos la N344 y llegamos al puente de hierro que antecede al municipio de Alguazas. En este punto abandonamos el trazado de la vía verde para ponernos en paralelo al río Segura por la conocida mota del río, una palabra que siempre me ha llamado la atención y que la R.A.E., en su séptima acepción, describe así: Ribazo o linde de tierra con que se detiene el agua o se cierra un campo. Más certero, imposible.



Ulea, Villanueva y el Cajal

Del firme seguro y rectilíneo de la vía verde pasamos ahora a perseguir el trazado del río en sucesivos meandros, esquivando cañas y disfrutando de la exigua vegetación de ribera que todavía perdura en los márgenes de la vega media. Pasamos entre Lorquí y Ceutí y antes de entrar en Archena abandonamos momentáneamente el curso del río para atravesar el barrio Spreáfico buscando la carretera local B10 a la que accedemos cerca del puente de hierro sobre el Segura. Ésta serpentea siguiendo la margen izquierda del Segura y nos permite contemplar uno de los tramos mejor conservados del río donde podemos disfrutar de sauces, chopos, álamos, palmeras y cultivos de cítricos. Aquí y allá aparecen casas antiguas de labor, viejas hormas de piedra seca e infraestructuras hidráulicas heredadas en sucesión directa de los últimos moriscos en el siglo XVI. Todos estos elementos aparecen enmarcados en una geología fantástica de cerros, terrazas aluviales y precipicios que se descuelgan desde las altas sierras, relieves que cierran el horizonte de este paradisíaco valle de Ricote y que fuerzan al Segura y sus huertas a estrecharse como buenamente pueden para salir del paso. Se nota que este lugar me tiene atrapado, ¿verdad?

¿Un paseo ribereño desde Murcia a Cieza?

Este reportaje de la web viene a colación de una noticia aparecida en el diario La Verdad en el estupendo blog de Miguel Ángel Ruiz. Al parecer, el gobierno regional prepara una inversión de 50 millones de euros para construir un paseo ribereño desde el Balneario de Archena hasta la localidad ciezana que recorra todos los municipios de la Vega Alta y que convierta la orilla del Segura en una ‘autopista verde’ que sirva de revulsivo turístico para la comarca.

No seré yo el que sancione este tipo de iniciativas encaminadas a disfrutar de la belleza y poner en valor la magia de estos parajes. Sin embargo, me parece excesivo e insultante el coste de este proyecto tal y como están las cosas. En realidad, la actuación bien podría realizarse con mucho menos presupuesto sin necesidad de grandes infraestructuras, sin expropiaciones masivas, sin cartelería onerosa, etc. La prueba de que se puede hacer así y de que es factible recorrer este camino sin ver apenas un coche es precisamente este artículo en esta web. Además, en lo que respecta al turismo verde, hay otras muchas cosas sencillas y rápidas por hacer que podrían acometerse, pero no venden titulares.

En mi opinión, como suele ocurrir en estos casos, los políticos prefieren vender ruido, parafernalia, publicidad, cortar muchas cintas y gastar la pasta de todos que al final se pierde sutilmente en las manos de unos pocos. Todavía no comprenden que ha llegado el momento de hacer muchas cosas pequeñas en lugar de unas pocas grandes. Recuerden señores: Small is beautiful!



Pedaleando entre cañas

Y así, casi sin darnos cuenta, estamos entrando en Ulea. Pasamos por sus calles buscando el extremo occidental del caserío donde cogemos la estrecha carretera de asfalto que entra a Ojós donde nos cambiamos a la margen derecha. Es el momento de transitar bajo los estratos anaranjados del Estrecho del Solvente, lugar desde el que parten los dos ramales del trasvase para abastecer e irrigar las tierras de Alicante, Murcia y Almería. Nosotros continuamos ahora por la carretera local hacia Blanca, localidad a la que entramos por el barrio del Alto Palomo. En lugar de cruzar el puente de hierro nos vamos hacia el Tollo por la carretera local RM-B17 y enseguida cogemos un sendero que se introduce en las mismas entrañas de la huerta que aquí sigue siendo para consumo local en la que se produce de todo: frutales, tubérculos y hortalizas. Al pasar junto a la depuradora nos salimos de nuevo a la carretera local — es posible bajar por el Jarral, pero desechamos esta opción en el día de hoy — y entramos a Abarán justo donde desemboca la Rambla de Benito.



Salto de la Novia

En lugar de cruzar el puente sobre el Segura, nos mantenemos en su margen derecha y buscamos el paraje del Menjú, lugar frondoso y aristocrático que conoció tiempos mejores y que permite llegar a Cieza sin necesidad de pisar asfalto. Tras sortear el único tramo técnico de esta ruta ganamos vistas del Castillo y la Atalaya de Cieza que nos acompañan en estos últimos kilómetros tranquilos hasta el puente de hierro donde damos por finalizado este viaje río arriba. Enseguida más y mejor.

fotos

en el valle de ricotta