Navidad es tiempo de excesos y saturaciones. Hay que planificar un par de salidas tranquilas con el fin de despresurizar las tripas y las agendas que no está bien eso de meterse tanta tralla en tan poco tiempo. Y en esas estamos. Una mañana, la del 30 de Diciembre, sin madrugar mucho nos acercamos a la cercana Sierra de Ricote para subir a su cumbre — los Almeces — siguiendo la cómoda pista del barranco del Pozo.


[Fotografías de Salvador Martínez Béjar y el autor]

Navidad es tiempo de excesos y saturaciones. Hay que planificar un par de salidas tranquilas con el fin de despresurizar las tripas y las agendas que no está bien eso de meterse tanta tralla en tan poco tiempo. Y en esas estamos. Una mañana, la del 30 de Diciembre, sin madrugar mucho nos acercamos a la cercana Sierra de Ricote para subir a su cumbre — los Almeces — siguiendo la cómoda pista del barranco del Pozo.

En realidad, la pista tiene pendientes próximas al 20 por ciento en muchos tramos lo que te obliga a apretar el muslo más de lo habitual en una subida por carril. Se adentra directamente hacia el núcleo de la sierra y en un quiebro de 180 grados se aparta de la cumbre para — saliéndose del barranco — rodear la cara sur y entrarle a la cima por el Este.

Tengo dos ascensiones por aquí: una con mi hermano Perico hace la friolera de 18 años que hicimos la pista andando a toda leche también un día de nochevieja y luego descendimos por la pista principal. Recuerdo bien que me acababan de quitar una escayola del brazo y que terminamos la ruta corriendo porque se nos hizo de noche y empezó a nevar. No llegué a las uvas.

La segunda vine con Federico y nos metimos por dentro del barranco hasta arriba donde está el pozo de la nieve. Había mucha coscoja y matojos y nos costó bastante superar algunos tramos muy cerrados. Ahora tengo informes recientes de que está muy complicado el paso por ahí por lo que desechamos la opción vietnamita y continuamos por la monótona pista hasta el pico de los Almeces.

En el pico hace un viento recio. No me gusta esta cumbre por las antenas. Hay que asomarse mejor a los dientes de Poniente donde uno puede hacerse una idea del sitio en el que está: en el mismo centro de la región de Murcia con 1000 metros de diferencia sobre Archena, el Segura y el llano de Molina. Eso es mucho.

Pero no tenemos tiempo para acercarnos a ese mirador excepcional así que descendemos por la carretera principal, nos cruzamos con un ciclista esforzado y luego ya tomamos la pista de la umbría que tiene, a la altura de Piedra Lisa, un desprendimiento de tres pares de narices. En ese desgarro — posiblemente debido a las fuertes lluvias — descubrimos un pliegue con varios giros que nos llama la atención. A partir de ahí, un alpargatazo tremendo hasta recuperar el coche. Ya hemos hecho hueco para la cena.


José Antonio Pastor González


Hago montañas desde que tengo uso de razón. Primero al lado de casa en mi Atalaya y en el Almorchón de Cieza. Después por las sierras de Segura y Cazorla que son mi segundo hogar. Finalmente, y por supuesto, también en Sierra Nevada y el resto de las cordilleras Béticas.

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