Pues sí. Reconozco que tengo la web abandonada y que ya no hay excusas: mis hijos no consumen tanto de mi tiempo como para dejarla sin actualizar meses y meses. En realidad, el problema es otro. Pienso que tenía el estándar para publicar tan elevado que me costaba horrores plantearme sacar cualquier cosa.

Me explico. El proceso para crear una entrada cualquiera consiste en hacer la actividad, tomar las fotos, escribir el relato, definir el track, procesar las imágenes, escribir los pies, depurar los datos técnicos, volcar en las redes, etc. En tiempo esto puede ser, en el mejor de los casos, una mañana completa y ahora mismo eso es un lujo que no me puedo permitir.

Debía tomar una decisión. Debía escoger entre no publicar o bajar el listón y sacar contenidos menos depurados. Ha ganado la segunda opción y aquí estamos de nuevo con un formato más breve y flexible: las mini entradas o entradas directas. (Las entradas normales se mantienen. Será el tiempo disponible el que haga que me decante por un formato ú otro.)



Y aquí está la primera de este nuevo tipo. Estuvimos hace una semana por la sierra del Pozo. En esta web siempre hemos tenido debilidad por ella y fue la protagonista de uno de los primeros reportajes publicados hace ya más de 20 años, reportaje que también tuvo su publicación correspondiente en papel.

Comienza a despuntar el día cuando llego al cruce de la carretera de Tíscar con la pista que remonta hacia Puerto Llano. Hace calor para la época y todo está muy seco.

En esta ocasión quería acompañar a mis amigos que habían venido para todo el fin de semana. Resulta que yo, el sábado, tenía un compromiso familiar así que acomodé una jornada de domingo para engancharme al pelotón a la altura de las Navas.

Y ahora ya, en tiempo presente, os cuento qué tal fue la cosa. Por motivos logísticos, dejo el coche en el desvío de la aldea de Cuenca, bajo los farallones de la parte sur de la sierra del Pozo. Empiezo a pedalear a las ocho de la mañana. Apenas hace frío y remonto muy animado hasta el cruce de la carretera de Tíscar con la pista que remonta hacia Puerto Llano.


 

Me quito los manguitos y negocio los primeros kilómetros que son los peores por lo roto que está el piso de macadán. Tras la Ponderosa, de la que siempre mana un caño generoso, la pista da una tregua bajo las paredes de la Salteneja hasta cruzar el eje del barranco de la Canal. A partir de ahí hay una nueva subida hacia la curva de los Vaqueros y, a continuación, un tramo relativamente llano hasta los últimos dos kilómetros que son los más duros con diferencia por lo roto del piso.

El estanque de la Cañada de las Fuentes con un pequeño hilo de agua. 

Me encuentro súper cómodo con las sensaciones. Voy comparando esta ascensión con la última vez que hice este puerto, hace exactamente seis meses. No hay color: ni estoy pasando frío, ni voy penando con la bici y tampoco llevo hambre canina.

En lo alto del puerto me deleito contemplando todo el extremo sur del parque. ¡Qué maravilla! Me dejo caer hacia la Cañada de las Fuentes y me detengo en las mesas a tomar un bocado. Estoy completamente solo, algo muy extraño siendo domingo de octubre.

Javi cruzando el Guadalentín en Vado Carretas por el nuevo puente.

Continúo el descenso hacia el puente de las Herrerías y de ahí busco la subida al Collado Verde y las Navas. Mi cita es a las 13:00 en el bar del Cabrero. Con mucho calor para la época remonto las cuestas y me encuentro con mis colegas bajo las ramas de un nogal centenario. Soy feliz con el aperitivo, pero el cielo se va cerrando y preferimos comer una vez terminada la ruta así que descendemos raudos hacia Vado Carretas.

El tramo de la Cañada del Mesto lo hacemos bajo la lluvia. No importa. Es un descenso precioso entre encinas por un sendero técnico que se deja hacer con la gravel. Salvo el corto tramo de la Cerrá de la Herradura, apenas echo el pie a tierra. La pista de la Bolera está arreglada. Mis amigos terminan en el cámping. Yo continúo para recoger mi coche que está a 15 km por terreno favorable. Hemos quedado en el restaurante del km 6 para reponer fuerzas. Una jornada magnífica.


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José Antonio Pastor González


Hago montañas desde que tengo uso de razón. Primero al lado de casa en mi Atalaya y en el Almorchón de Cieza. Después por las sierras de Segura y Cazorla que son mi segundo hogar. Finalmente, y por supuesto, también en Sierra Nevada y el resto de las cordilleras Béticas.

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