Magnífica circular que transcurre por la cuerda de la Calera y la loma de Cagasebo. Tras disfrutar de los laricios marchamos hacia Puerto Llano, remontamos hasta Cabañas y descendemos por el nervio de la sierra del Pozo hasta el barranco de la Canal para finalmente ascender al cerro de don Pedro y regresar a la Presilla.

ficha

Sierra de Cazorla, Sierra del Pozo
mayo 2012
1900 metros
28 kilómetros
11 horas
inestable, fresco
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Desde la primera vez que estuve en la zona de Tíscar me quedé enganchado de los tajos y despeñaderos que caen hacia la depresión del Guadiana Menor. A grandes rasgos yo aprecio tres lenguas montañosas enormes, inexpugnables, cada una con su personalidad y su encanto propio que paso a describir a continuación. La primera por levante — y por derecho propio al ser la más alta y extensa — es la Sierra del Pozo, tremenda alineación que culmina en Cabañas pero que encierra otros dos miles de rincones agrestes y soberbios lugares, tantos que sería imposible enumerarlos aquí. Por decir algo: Cañá de Varas, Gualay, las Tabletas, Puerto Pinillo, Torcal de Linares, Guazalamanco y ya me planto.

A poniente, y como antigua raya que separaba el reino nazarí de los cristianos que aspiraban a la reconquista,1¿Se le llamará Rayal por este motivo a una de las cumbres de esta zona? están los Agrios. Unos le llaman cuerda y otros prefieren cordillera; en cualquiera de los dos casos, los Agrios son un espinazo tremendo que requieren una cabalgata de jornada completa sorteando los abismos que caen hacia Quesada y sus olivares. De los Agrios y su vinculación sentimental con el que escribe estas líneas sólo me resta añadir que el logo de esta web es una de sus cumbres2En concreto, me refiero al Picón del Guante..



Espléndidos ejemplares de laricio en la loma de Cagasebo

Entre medias del Pozo y los Agrios encontramos un cordal de menor entidad, más humilde, romo, discreto y que ni siquiera tiene un nombre de conjunto. Arranca desde el mismo Santuario, remonta hacia el cerro de don Pedro, continúa por la cuerda de la Calera, se pierde entre los Callejones3Topónimo frecuente de las zonas calizas de altura con abundantes dolinas y terreno quebrado y complejo. Ejemplo: los callejones de las Majadas en Cuenca. y culmina en la loma del Cagasebo. Esta divisoria se une a las dos anteriores — o se separa, según se mire — por dos collados y dos barrancos. Así, hacia poniente se distingue de los Agrios por el collado Angosto4Sí, sí, ya sé que también hay un collado Trabino, pero dejemos la división en el Angosto y aceptemos Trabino como parte de los Agrios. del que nace hacia el sur el arroyo de la Cañada de Tíscar. Al otro lado, hacia levante, es el conocido Puerto Llano el paso que las une. Desde este último nacen varios barrancos — seguimos mirando al sur — que confluyen en el barranco de la Canal, una hendidura de curvas vertiginosas y desniveles mareantes que muere a los pies de la sierra entregado al Guadiana Menor.



El grupo en el pino de la Entrega


Hoy estamos aquí para recorrer este sector entre medias de los Agrios y el Pozo

Bien. Hoy estamos aquí para recorrer este sector entre medias de los Agrios y el Pozo. Pero ya que nos ponemos, también nos vamos a dar una vuelta por la zona sur del Pozo para no desandar nuestros pasos y sacar una circular bien apañada. La idea de la ruta, el trabajo previo y la resolución de los embarques se la agradecemos a un nutrido grupo de personas encabezadas por Ángel (Sansón) que es el alma del cotarro. Todas ellas han colaborado para precisar un itinerario que combina sendas de herradura y monte a través a partes iguales con apenas unos metros de carril. En definitiva, un pateo serio de casi 30 kilómetros y 2000 metros de subida que te proporciona una visión panorámica sencillamente espectacular, casi como la que podría tener uno de los muchos leonados que nos sobrevuelan — que conste que esto está escrito en modo exageración.



Caminando hacia Puerto Llano bajo la caseta de Cabañas


Pero lo mejor está todavía por llegar: en la loma de Cagasebo, cerca del collado Angosto, admiramos el pino de la Entrega

Muy temprano comenzamos a caminar por el carril que remonta la Cañada de Tíscar y cuando llevamos media hora nos desviamos para ascender el barranco de la Presilla siguiendo una senda de herradura cuyas hormas apenas se conservan. El camino nos sube hasta un collado que separa el cerro de Don Pedro del resto del macizo y nos asoma a la sierra del Pozo cuyos paredones vemos ahí enfrente, a contraluz de un sol que se levanta por encima de los Poyos de la Yedra.

Tras descansar un rato viramos al norte y siguiendo trazas difusas ganamos metros poco a poco para hacer la Cuerda de la Calera. Nos perfilamos brevemente a la derecha para avanzar por el eje del barranco de la Tobilla y enseguida la vegetación se hace más rala: el lapiaz y los piornos comienzan a dominar las alturas y sólo los laricios son capaces de sostenerse en estas condiciones tan difíciles de exposición. Disfrutamos de algunos ejemplares soberbios, de perfil atormentado y fustes portentosos. Aquí y allá tomamos fotos enmarcadas por el cielo vivo de nubes y el verdor de la primavera. Pero lo mejor está todavía por llegar: en la loma de Cagasebo, cerca del collado Angosto, admiramos el pino de la Entrega, un laricio monumental que apenas destaca en la lejanía pero que sorprende por su cuerda: 6,80 metros a la altura de la cintura.5Dato del inventario de árboles singulares de Andalucía



A los reyes también les llega su hora

Tras el almuerzo proseguimos en dirección Puerto Llano y remontamos por el carril hacia Cabañas. El día se está poniendo cada vez más inestable y algunas nubes rompen contra los Agrios. Con el rabillo del ojo me fijo en Mágina que sigue abierta así que muy malo no parece que se vaya a poner; pero por si acaso, ya estamos descendiendo hacia el sur siguiendo la senda de herradura que serpentea hacia la fuente del Artesón. A la altura de la Cerrá del Escalón nos salimos del camino y derivamos hacia la zona oeste de la divisoria. Avanzamos a media ladera bajo la mole de la Salteneja y nos montamos en el Calar de Hinojares.



Mirando hacia la Bolera


Sin lugar a dudas, nos encontramos en uno de los mejores miradores de las Béticas…

Hemos estado un buen rato dentro del bosque y cuando salimos otra vez arriba de la cuerda respiramos aliviados porque el tiempo vuelve a mejorar. Transitando por el Calar de Hinojares disfrutamos de excepcionales vistas: desde Mágina a poniente hasta María a levante pasando por sierra Arana, sierra Nevada y el cordal Baza-Filabres. Todo eso en el horizonte, porque en el plano medio abarcamos toda la depresión intrabética y el caos de tierras blandas de la hoya del Guadiana Menor. Sin lugar a dudas, nos encontramos en uno de los mejores miradores de las Béticas, un balcón privilegiado con vistas a mediodía que, en días como hoy de luz limpia, nos permite calibrar la hermosura y la grandeza de esta cordillera.



Rapaz. ¿Quebranta? ¿Leonado?

Tras sobrepasar el vértice de las Palomas caemos en picado por una arista descarnada y, en apariencia, complicada. Sin embargo, Ángel se sabe perfectamente el truco y nos muestra un cuele sencillo para descender hacia un jorro por el que ganamos el carril que sube a los Prados de Cuenca. Al entrar en el mismo giramos a la derecha y recuperamos agua en la Fuente de la Ponderosa. Son las cinco de la tarde y todavía nos queda un buen rato así que bajamos hacia el barranco de la Canal para remontar a continuación buscando la casa forestal de la Fuente del Pino. De todos los caminos posibles — hay cuatro que yo veo — elegimos el menos marcado que remonta de nuevo hacia el collado del cerro de Don Pedro.



Diego mira hacia el barranco de la Canal


Estos últimos metros entre encinas siguiendo la horma definida de la vieja senda los disfruto con tranquilidad

Estos últimos metros entre encinas siguiendo la horma definida de la vieja senda los disfruto con tranquilidad. Pienso que hemos tenido suerte al final con el tiempo porque esta ruta con calor hubiera sido un suicidio; noto también que este vientecillo que se cuela entre las chaparras y las varicas de San José viene fresco y algo húmedo. Soy consciente de que este cansancio de piernas, este sol de cara en los últimos pasos, esta tranquilidad de nubes enganchadas en las crestas altas es nuestro tesoro, el que siempre hemos poseído, aunque en ocasiones lo hayamos olvidado. Por eso venimos aquí, para hacer memoria.

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