Interesante travesía por el Calar de la Sima recorriendo gran parte de sus vertientes con el aliciente de conocer varios de los valles más atractivos de la zona: la Cañada del Avellano, los Voladores y el arroyo de la Peña Palomera. Además, incluye como colofón la ascensión a la cumbre por el extremo sur remontando el Fraile o Toconal.

ficha

Calar de la Sima, sierra del Agua
abril de 2012
1 día y medio
28 km
1700 m
inestable, lluvia, frío
actividad muy variada por carriles, sendas, trazas y monte a través; atención a la orientación en la superficie del Calar con mal tiempo
pincha aquí para ver el croquis
track aquí disponible

La media montaña en primaveras agitadas como la que vivimos enseña sus mejores galas. En la Sierra comienzan a despertar los caducifolios, las navas se tapizan de verde intenso y las primeras flores adornan prados y taludes. Mientras, en el cielo, se suceden nubes nerviosas que rotan empujadas por el flujo del oeste y alivian su peso al confrontarse con los relieves de las béticas.

En realidad, y ante una predicción tan horrenda como la de este fin de semana, jamás de los jamases habríamos salido de travesía. Lo que pasa es que teníamos un compromiso adquirido con unos jóvenes deseosos de experiencias montañeras y por no recular aquí estamos, en los Prados Altos, dentro de los coches y esperando a que escampe para comenzar nuestro camino.

Pero no tiene pinta de que la cosa vaya a mejor. Aún así, en un momento dado, cesa la lluvia torrencial y aprovechamos para colocarnos las mochilas y comenzar la ruta. Remontamos hacia la Peña de la Cabeza por el GR66 y al asomarnos al Hueco del Tus las nubes vuelven a descargar sobre nosotros. Por suerte, ahora es una lluvia fina que llevamos bien y ascendemos por el carril hacia el Cuco del Mentiras.

En el descenso hacia la Pradomira la cosa mejora porque estamos más protegidos por el bosque y un relieve favorable. Cogemos el camino hacia los Voladores y mientras charlamos animadamente nos introducimos en la Cañada del Avellano, un precioso valle encajado entre el Calar de la Sima y el del Cuquillo — este último también conocido como Calarico.

En el collado que asoma a los Voladores nos encaramamos en un poyo característico que ofrece estupendas panorámicas del gran verde que aquí alimenta ríos como el Tus y árboles tan exigentes como avellanos, cerezos y melojos. Con todo, lo que más me atrae de este rincón venerable son sus cortijos diseminados, edificaciones cuyos restos apenas pueden adivinarse entre la frondosidad del bosque hasta el punto de que sólo las hileras de chopos delatan su presencia.

La Camarica de Abajo

Antaño, hace ya más de medio siglo, habitaban decenas de familias en estas soledades laborando las huelgas y reforzando las hormas de los caminos de herradura. Conocían perfectamente todas las trazas y sendas e interpretaban con precisión las señales del cielo mientras destilaban esencias y trajinaban con el ganado buscando los mejores pastos. En su lucha constante por la vida remontaban hacia las alturas del Calar donde sembraban centeno en los años malos y regresaban con el grano en el centro del verano. Finalmente, esperaban el día propicio para aventarlo en una de las muchas eras estratégicamente dispuestas para recibir el seco empuje del terral.

Hogaño, sólo encontramos a un pastor solitario que sube desde Siles en la temporada de verano y, sorprendentemente, una pareja que ha decidido salir adelante en estas soledades bajo las paredes del Calar. Charlamos con ellos mientras cae la tarde y nos acomodamos para sobrellevar una noche fría, húmeda y desapacible. Menos mal que hay vino, buen ambiente y mucha densidad por metro cuadrado bajo el doble techo.

A la mañana siguiente amanece bueno y salimos pronto de las tiendas para aprovechar la bonanza. Mientras desayunamos y recogemos crecen algunas nubes y en el ascenso hacia el cortijo de la Camarica nos chispea. Voy pensando que si se nos cierra el tiempo tendré que improvisar una salida por el prado de Juan Ruiz o recular por camino conocido. Por el momento, tras vadear el arroyo y dejar atrás la Camarica de Arriba, la cosa no va a peor y la lluvia deja de notarse conforme nos introducimos de nuevo en el bosque.

¡Qué maravilla!

Caminamos ahora encerrados entre un pinar de resinero espeso, oscuro y con pendientes suaves. Apenas hay referencias y me limito a mantener el sur como rumbo dejando a mi izquierda los despeñaderos del Calar. En un momento dado nos asomamos a un cerro con un clarete y nos ubicamos en el mapa. Vamos bien, el día ha mejorado y enseguida nos colamos sobre la coronilla del Fraile o Toconal con unas vistas espectaculares del valle del río Tus así como de los Huecos de Bañares.

Con sol y buen tiempo nos hacemos fotos y disfrutamos de los últimos metros hacia la superficie del Calar. Al alcanzar la plataforma vemos a lo lejos la Peña Palomera y más allá el punto culminante de 1897 metros que queremos subir. Elegimos nuestro itinerario evitando las zonas más pedregosas y las dolinas para no perder metros. A nuestra espalda la atmósfera comienza a removerse y vienen nubes desde poniente. Nos va a tocar estar otra vez a remojo.

Cumbre del Calar de la Sima. Un kilómetro más al norte se distingue el vértice geodésico

A la altura de la Peña Palomera dejamos las mochilas en un abrigo de roca y cogemos lo imprescindible para hacer la cumbre. Tras las fotos y la lógica alegría regresamos a todo trapo para recuperar los armarios y descender por el GR66 y la vereda que acompaña el arroyo de la Peña. Es justo en ese momento cuando las nubes rompen con violencia y comienza a nevar copiosamente. Escapamos del temporal buscando la tranquilidad en las cotas bajas y bastantes metros más allá aprovechamos una breve tregua para comer apoyados en unas piedras. Aún así, sigue lloviznando por lo que enseguida continuamos caminando.

Enlazamos con el carril que nos llevará a Rincón Cavero y, una vez sobrepasado este cortijo, ya sólo nos resta cerrar el alpargatazo por pista hacia los Prados. Al llegar a los vehículos sigue lloviendo como cuando vinimos. Parece que nos vamos a marchar de igual forma pero no, hoy somos bastante más ricos que ayer a esta misma hora: atesoramos una nueva inmersión en el gran verde y sin neopreno.

fotos

en el calar de la sima