Espectacular ruta circular que asciende a la Sarga-Padrón, uno de los macizos gigantes de Alcaraz con estupendas vistas hacia la Mancha y casi todas las montañas de Alcaraz, Segura y Cazorla. La ascensión discurre por el arroyo del Tejo hasta la divisoria de aguas; de ahí continuamos hacia la Sarga y el Padrón y descendemos por una senda deliciosa a Villaverde del Guadalimar.
ficha

sierra de Alcaraz
abril de 2012
5 horas
17 km
1000 m
inestable, nuboso
orientación sencilla aunque sin confiarse; primero por pista, luego monte a través hasta las cumbres; el descenso comienza por senda evidente aunque luego se difumina algo en el bosque de resinero; a partir de los Picarazos senda evidente hasta el punto de partida
pincha aquí para ver el croquis
track aquí disponible

La Sarga y el Padrón (o Sarga-Padrón) son dos montañas en una sola. Ambas destacan prominentes desde los llanos de la Mancha y desde el valle del Guadalimar en la vecina Jaén; también se advierten con facilidad cerrando el horizonte por el oeste en la incipiente cuenca del río Mundo en el valle de Riópar.

Las anteriores ocasiones que hemos visitado el macizo siempre hemos abordado la ascensión por la cara norte siguiendo el arroyo de las Fábricas y encaramándonos entre poyos, volaeros, cejos y cortados para culminar los 1752 metros del Padrón acompañados de un buen bocadillo. A éste le hincábamos el diente con las manos manchadas de resina al agarrarnos a los pinos en la subida de lo empinada que estaba.

En esta ocasión y por tratarse de un día especial hemos decidido improvisar, ser originales y buscar una ascensión integral por el sur desde el mismo pueblo de Villaverde de Guadalimar que es la localidad de referencia para visitar esta montaña. Lo del día especial tiene que ver con lo siguiente: resulta que hoy por fin vamos a conocernos en persona los componentes del grupo después de más de dos años con el internet, el facebuk, los mensajes y los foros. ¡Bien!

Nos encontramos en la plaza de Villaverde y tras las presentaciones salimos del pueblo para dejar los coches en la carretera que sube hacia el cementerio y la pista del arroyo del Tejo.1Un topónimo frecuente en la Sierra. Lástima que el árbol al que alude no sea tan común. Comenzamos a caminar bajo un cielo de nubes bajas, amenazantes y cerradas. No sabemos qué nos va a deparar la jornada así que nos centramos en el plano corto y disfrutamos de la conversación y el murmullo de las generosas aguas que acompañan toda la primera parte del recorrido.

Bajando con buenas vistas del Padroncillo y el Calar del Mundo

En apenas 45 minutos estamos ya en el cortijo del Tejo donde una bonita fuente hecha con mampostería de toba nos recibe. Más abajo hemos dejado algunas balsas, fuentes, áreas recreativas e incluso un camping abandonado 2Una reflexión recurrente en esta web: ¿por qué hay zonas donde los camping están masificados y otras en las que se encuentran abandonados? ¿Es la concentración de visitantes buena o mala?. Enfrente de nosotros y a poniente se adivina entre el pinar de resinero el caserío de Guadalimar que centellea y en el que rebota la luz de la mañana. El sol va ganando hueco entre las nubes, calienta el ambiente y las inflama; comprobamos así que las grandes sierras que antes estaban cubiertas ya se vislumbran en el horizonte: desde el Calar del Mundo aquí delante hasta el Yelmo y las Banderillas en lontananza.

Cuando la pista comienza a llanear — cota 1250 aproximadamente — nos salimos por la derecha y remontamos hacia un collado que separa el macizo del Padrón del cerro Picayo, justo en la linde municipal entre Riópar y Guadalimar, linde que también es divisoria de aguas entre el Mediterráneo (levante) y el Atlántico (poniente). De esta forma, haciendo equilibrios por este espolón tan significado, vamos remontando hacia la primera cumbre de la jornada — lo de significado es porque una gota que cae unos centímetros más allá puede refrescarnos los pies en la Antilla, en Huelva, mientras que la gota que rebota para acá y se infiltra hacia la cuenca del Mundo posiblemente alimente las encañizadas del Mar Menor en Murcia.

En un momento dado abandonamos los pinos y domina el terreno calar. Al llegar arriba hace bastante fresco y un poco de viento. Nos abrigamos tras unas rocas y comemos sobre el tapiz de una nava que estrena primavera aunque todavía sin flores. El día cada vez se va arreglando más y estamos de un humor estupendo. Bien, bien.

Moss me observa. Al fondo la Sagra

Pronto nos ponemos en marcha otra vez, descendemos unos metros para superar la naciente vaguada del arroyo del Tejo que también es origen del Guadalimar y cogemos un nuevo carril que remonta hasta el vértice del Pico de la Sarga donde nos hacemos fotos y disfrutamos de las amplias vistas. Con los codos apoyados en el vértice y absorbiendo al máximo toda la luz y los horizontes se me ocurre el siguiente pensamiento peregrino: si concebimos las Béticas como el resultado de un tremendo maremoto geológico provocado por el choque entre las placas ibérica y africana, bien podemos afirmar que estamos en la cresta de la ola. Y no de cualquiera, sino de la primera. Tanto es así que hacia el noroeste lo único que apreciamos es la calma chicha del Campo de Montiel y las inabarcables extensiones de la Mancha que permanecen ajenas a los caprichos de la orogenia.

Pues bien, ahora toca descender de nuevo al valle por un recorrido diferente. Para ello desandamos unos pocos metros por el carril y enseguida a mano derecha (al sur) encontramos una senda muy trillada que pierde metros de forma vertiginosa hasta enlazar con la pista de los Picarazos. A poniente de estas impresionantes piedras caballeras y frailes de roca descendemos a un viejo cortijo en ruinas del que parte una senda preciosa y con recientes rodadas de bicicleta.

La dirección del camino es nítida hacia el sur — hacia Villaverde que está ahí abajo — y pierde metros de forma continua pasando por un collado que determina el pico del Cerrón. A nuestra derecha — a poniente — siempre está presente la silueta rotunda de la Piedra del Cambrón que va cambiando de aspecto conforme perdemos metros: antes parecía accesible e inocente y ahora que andamos muy por debajo se presenta otra vez fiera y agresiva.

Un rato más y pronto vemos el cementerio junto al que hemos dejado los vehículos. Descendemos hasta llegar a un campo con olivos y cerramos la circular con un sol de justicia y muchos grados de temperatura. Una jornada estupenda con gente que merece la pena y con la que esperamos repetir en un futuro no muy lejano. Hasta pronto pues.

fotos

en la sierra de alcaraz