La Piedra del Cambrón, también conocida como Peña del Cambrón, es una destacada cumbre partida entre dos comunidades, dos provincias y dos parques naturales. Proponemos la ascensión clásica desde el Bellotar con el aliciente de ganar la cumbre por uno de los pocos puntos débiles de la montaña.
ficha

sierra de Alcaraz, sierra de Segura
junio de 2016
4 h
11 km
700 m
estable, calor
actividad por carriles, senderos poco definidos y un tramo largo de monte a través con fuerte pendiente y roca suelta; pantalón largo y bastones; en invierno, con nieve dura y sin equipo, mejor hacer la subida normal
croquis disponible aquí
track disponible aquí

Le quedan pocos días a la montaña del sur para ser disfrutada con sus mejores galas de primavera. Ya están asomando por el mar de Alborán las lenguas de aire africano que resecarán las gramíneas y el resto de plantas anuales. Pronto reinará la chicharra entre las escamas blanquecinas de los laricios y el olor a cortezas y a jumas invadirá todos los rincones a la hora de la siesta.

Es el momento, pues, de apurar los últimos verdes de la temporada. Me propongo por ello ascender la Piedra del Cambrón, una de mis cuentas pendientes que había estado dejando para este momento de mi vida en el que las escapadas deben ser cortas y certeras. Reviso los antecedentes y todos me llevan al Bellotar, una aldea pequeña perteneciente a Villaverde del Guadalimar desde la que parte una pista en perfecto estado para ganar la cumbre.

De wikiloc obtengo varios tracks que remontan hacia el collado de las Lagunillas evitando el paso por la pista principal. Parece buena idea así que me pongo en piloto automático y voy a seguirlos: dejamos el coche bajo una frondosa noguera y caminamos por un carril secundario hacia el cortijo del Pollo Plumar. El lugar es realmente precioso con grandes chopos, un arroyo y buenas vistas hacia la Sarga. De ahí parte una senda que cogemos y nos acerca a unos terrenos de labor donde hay plantados unos olivos.

Conforme subo no lo quito ojo a la peña del Cambrón que me tiene enamorado. Realmente es una montaña preciosa y con una estética muy rotunda desde esta vertiente. Se presenta como un castillo inexpugnable hasta que, al ir doblando al oeste y ganando vistas a la vertiente noroccidental del pepino, aprecio algunos puntos débiles en las murallas por los que colarme. Ya me está entrando el gusanillo de probar cosas nuevas. Si es que no lo puedo evitar.

Panorámica mirando hacia el oeste: Sagra al fondo, embalse de Siles en el valle, el Yelmo, la sierra de las Villas y toda la zona de la Mancha a la derecha

Mi intuición se confirma minutos más tarde cuando me cruzo con un pastor. Mantenemos un rato de charla y le pregunto por dónde sube él. Me señala la ladera que estaba pensando y sonrío para mis adentros. Ya tenemos nuevo plan.

Enseguida alcanzo la pista principal que está en perfectas condiciones y que me lleva al collado que también es divisoria autonómica. Aquí encuentro señales muy viejas del PR A 173 y justo en ese poste de madera abandono la comodidad y me interno por una veredilla por la que se cabalga con un pie en Andalucía y el otro en Castilla la Mancha. Avanzo decidido hasta que la traza se pone a flanquear la montaña en dirección horaria por lo que me salgo de la misma y afronto las curvas de nivel en perpendicular. Ahora mismo estoy cerrado por un denso bosque de pino resinero y voy con la incertidumbre de si no me habré colado por debajo de las paredes.

Tras un par de pequeñas trepadas usando las manos solo para mantener el equilibrio salgo del bosque y gano vistas a toda la pendiente que me resta por subir. Respiro tranquilo pues se ve buen paso y me voy apoyando en los bastones para ganarle metros a la montaña. La pendiente aquí es fuerte, similar a la del embudo de la Sagra. Cuando hago fotos aprovecho para volver a tomar resuello mientras Moss me espera a la sombra de los pinos aislados que sobreviven.

Panorámica hacia el sur. De izquierda a derecha: Calar del Mundo, Calar de la sima, Sagra, Yelmo, Banderillas y sierra de las Villas

Me toca hacer un par de quiebros para evitar pequeñas paredes y al final gano la pendiente cimera que me deposita en lo alto de la montaña. Me acerco primero al refugio forestal de la parte de Jaén donde tengo unas muy buenas vistas de Siles, su sierra y ya más lejos el Yelmo, las Villas y la Sagra. Hace un día súper agradable, con brisa fresca y la temperatura justa para no pasar frío pero tampoco torrarte. Camino ahora por un afilado lapiaz hacia la caseta del lado de Albacete. Ésta tiene mejores vistas aún y desde su barandilla hay un enorme precipicio que cae a plomo sobre el valle del río Guadalimar. Enfrente de mí el macizo de la Sarga y el Padrón, los Picarazos, el cerro Picayo y el Padroncillo. Mantengo una animada charla con el vigilante, me como el bocadillo de atún a la sombra y le paso a Moss un trozo de salchicha seca.

Finalmente toca despedirse. Busco ahora el paso habitual para acceder a esta montaña. Parece que se trata de un tranco1La R.A.E. define tranco como paso largo o salto que se da abriendo mucho las piernas. En el argot serrano, un tranco es un paso en la montaña por un lugar escabroso, con fuertes pendientes y en el que se ha habilitado un camino utilizando hormas de piedra seca, troncos y demás elementos naturales con objeto de mantener la estabilidad del mismo. que han habilitado con barandillas de madera y que me lleva hasta un carril donde está el vehículo del forestal. Bajo la sombra de grandes pinos el camino desciende hasta el collado de Piedra donde me salgo del carril para coger una senda algo difusa. Ésta se interna bajo la cara sur del Cambrón y desciende de forma pausada hasta una naveta justo bajo la caseta en la que he estado almorzando. Supongo que el vigilante me estará viendo desde ahí arriba porque además voy vestido de naranja. Unos metros más abajo alcanzo una pista enorme con un depósito circular de agua y una generosa fuente donde Moss se pone ciego. (En este tramo me he encontrado decenas de cintas de plástico de una prueba senderista que la organización no ha recogido.)

Cruzamos la pista en perpendicular y cogemos una senda bastante pisada por ganado que desciende por el nervio de un espolón de tierras blandas y que nos lleva hasta la misma carretera a la que accedemos junto a un puente. Hemos cerrado ya el circuito. Una montaña preciosa, un ascenso con su punto de emoción y una jornada de primavera bien aprovechada. ¿Qué más se puede pedir?

fotos

en sierra de alcaraz