Ascensión al monte Nabaín o Navaín, también conocido como Santa Marina, desde la localidad de Ascaso. Actividad tranquila de gran interés geológico en una de las alineaciones externas del Pirineo con excepcionales vistas hacia el Macizo del Perdido.

ficha

sierra de Santa Marina, Sobrarbe, Pirineo Aragonés
agosto de 2012
3 h
7 km
820 m
estable, despejado
recorrido montañero por campo a través siguiendo hitos, orientación sencilla con buena visibilidad
pincha aquí para ver el croquis
track aquí disponible

En el verano de 2012 pasamos casi un mes en Ascaso, un pequeño y solitario pueblo del Sobrarbe colgado literalmente de la montaña, rodeado de espesos bosques de robles, carrascas y pinos y en el que se realiza la muestra de cine más pequeña del mundo. Fueron días estupendos en los que acometimos actividades como la Peña Montañesa, el Barranco de la Pardina, el Pico Bacías y la ascensión circular al Perdido por Añisclo y bajando por Ordesa.

Nuestro esquema consistía en hacer actividad un día y al siguiente descansar en la estupenda Casa Juez donde nos alojábamos y donde nos sentíamos como en la nuestra gracias a la hospitalidad de Nekane, Néstor y Miguel. No teníamos tele ni la necesitábamos, porque estas jornadas intermedias entre excursión y excursión las disfrutábamos con baños en el Ara o en las pozas del barranco de Ascaso donde Moss se sentía como pez en el agua.

Aquel verano fue extremadamente seco en el Pirineo. Los arroyos bajaban mustios y apenas aguantaban algunos neveros en las umbrías que miran a Gavarnie. Sin embargo, a comienzos de Agosto, entró una borrasca con flujo del norte que trajo tormentas y lluvias y que se enroscó en las cumbres más altas del macizo para quedarse durante varios días.

Mirando hacia el congosto de Jánovas

Visto que era imposible aspirar a realizar actividades en altura sin mojarnos, decidimos subir una sencilla montaña desde la puerta de casa. Con viento fresco que venía de Francia comenzamos nuestra ascensión buscando el mejor paso entre la bujea y esquivando los erizones. Salimos por la calle principal — que además es la única — de Ascaso y subimos una cuesta que arranca desde el mismo reloj que ha dado fama al pueblo.

La subida va buscando el reborde sur de la sierra de Santa Marina, un anticlinal de libro con marcados estratos que fueron plegados violentamente en el choque de la placa ibérica con la europea. Hay excelentes vistas del valle del Ara a su paso por Boltaña y su entronque con el río Cinca allá por Aínsa. Nosotros nos aproximamos a los voladeros que miran hacia el congosto de Jánovas para admirar el vuelo certero de las rapaces. Muy al fondo se aprecian las aguas turbulentas del Ara que en estos días bajan aterradas, pero no de miedo, sino de los arrastres de las tormentas.

El paisaje es realmente espectacular. Es aquí donde se aprecia como el río Ara — el último gran río pirenaico que se conserva virgen y sin infraestructuras — rompe la montaña creando un desfiladero tremendo en el que estuvo proyectada una presa que jamás se llegó a hacer pero que se llevó por delante a muchos de los pueblos de la comarca vía expropiación forzosa. Una triste historia que tras los últimos acontecimientos judiciales parece que, quizás, tenga un final feliz.

Panorámica hacia el norte desde la cumbre

Tras una hora y media alcanzamos la cumbre que se distingue perfectamente porque están las ruinas de la ermita de Santa Marina. El geodésico lo han emplazado sobre uno de los muros de mayor grosor al que es posible encaramarse pero con cuidado. Los acantilados que miran al norte ofrecen una vista espléndida de toda la comarca de la Solana, de la zona de Añisclo y de las grandes cumbres del macizo del Perdido que, a día de hoy, están ocultas tras las nubes.

Mientras almorzamos llega un grupo numeroso de franceses. Se conoce que huyen despavoridos por el mal tiempo que reina al otro lado del túnel de Bielsa, actitud que ya nos resulta familiar pues en la Peña Montañesa también nos encontramos con otro grupo similar. Nos invitan muy efusivos y nos ofrecen un vino rico que nos permite bajar casi volando buscando nuestro entrañable hogar en Ascaso donde nos espera un buen baño en las pozas del barranco, un plato de pasta con verduras y una siesta kilométrica.

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