Recorrido aéreo por la cuerda de los Agrios, un agudo espinazo calizo de la sierra de Cazorla con tres cumbres que caen a plomo sobre el Guadiana Menor salvando casi 1500 metros de desnivel.
ficha

sierra de Cazorla
noviembre de 2009
8 h
14 km
1300 m
estable, frío
la primera parte transcurre por carriles y sendas en buen estado; el regreso siempre monte a través por terreno abrupto, fuertes pendientes y roca desnuda que exigen habilidad montañera
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Decía Sabina que al lugar donde has sido feliz no deberías tratar de volver. Este sábado incumplí tan sabia sentencia y es que cada vez que regreso la película se ve de manera diferente.

La cuerda de los Agrios,1Otros la llaman Cordillera de los Agrios. Entre cuerda y cordillera no sabríamos decir muy bien cuál es la más aceptada. esa espina gris y ruda que antaño fue frontera del reino nazarí, hoy es para nosotros un estrecho pasillo de roca, un pretexto para sentirnos como aves migratorias que, al enfilar hacia África desde los fríos derroteros del Norte, ven en lontananza la banda brillante de Sierra Nevada y la tibia promesa de la invernada.

Sin embargo, a día de hoy, apenas hay nieve en el Sulayr pero eso no nos importa: nos conformamos con distinguir los perfiles del Veleta, los Machos y el Mulhacén. Todo eso teniendo presente que no debemos descuidar nuestros pies, no vaya a ser que por mirar tan lejos vayamos a perder la vertical en un sitio tan áspero y agrietado como este.

La cuerda — o cordillera — de los Agrios es uno de los tres apéndices de la Sierra que se extienden hacia el Sur para acabar derrumbándose literalmente en el Guadiana Menor — los otros dos son la sierra del Pozo y la cuerda que arranca del Cagasebo para morir en el cerro de Don Pedro y el castillo de Tíscar. Para recorrerla hay que armarse de paciencia, calzar botas apañadas y tener un día de buen tiempo — abstenerse en jornadas con mala visibilidad o mucho viento. La recompensa es una cabalgada magnífica repleta de aire y luz y acompasada por el vuelo helicoidal de las rapaces.

Muy temprano llegamos al Puerto de Tíscar donde nos reunimos un grupo heterogéneo. Unos, los panderos, vienen de Jaén. Los otros, desde diversos puntos, son habituales en las rutas de Sansón que es quien lleva el mando del asunto. Yo vengo de telonero y me traigo de artista invitado a Moss que goza de muchos incondicionales. Es una buena oportunidad para conocer gente y para disfrutar de la Sierra en este otoño tan benigno que estamos viviendo.

Generosas vistas de Sierra Nevada

El recorrido comienza cerca del Torreón de don Enrique donde cogemos el carril que serpentea hasta colocarse en la umbría del Rayal, bajo su corona caliza. Después ascendemos hacia el collado Valiente por una traza marcadísima — recién balizada — que nos pone bajo el Picón del Guante. Para subir la primera montaña de la jornada — el Aguilón del Loco o cerro Villalta — nos desviamos de la senda principal para ganar altura por otra que va buscando un breve collado a Poniente del Aguilón. Éste lo ganamos con una breve trepada por las características rocas afiladas que nos llevan hasta la cima.

Comemos algo suave y nos enfrentamos, ahora ya sí, al verdadero desafío de la jornada. Una espléndida y aérea cresta con más de una legua de longitud que se va curvando hacia Poniente de modo que podemos contemplarla en su totalidad desde su comienzo en el que estamos — subidos al Aguilón — y cuya visión, además de estremecernos, nos emociona. Son todos estos cortados, derrumbaderos, cejos, aristas, poyos, grietas, cuevas, lapiaces, y lanchas los que hacen áspero el lugar y le confieren su nombre. Es en esta geografía donde cobra sentido el calificativo que Machado dio a Picos: los huesos de la tierra que asoman desgarrados. Perfectamente podría haberse inspirado en esta cordillera Don Antonio para escribir esas líneas.

Descendemos buscando las Navillas y empiezo a pensar que las almohadillas de Moss están sufriendo más de lo esperado. Estuve dudando hasta el último momento si traerlo — o no — a esta excursión. Al final opté por jugármela pero creo que me he equivocado porque ya le he visto un poco de sangre. Ángel me presta esparadrapo y gasas y le vendo las patas traseras. Aún así, y pese a caminar ya más protegido, prefiero no continuar por arriba y aviso a mis compañeros de que me voy para el valle buscando el camino que desciende desde el collado Angosto. Me despido y quedamos para vernos en los coches y con Moss desciendo trabajosamente la ladera hasta el fondo del valle.

Desde ahí, por terreno mucho más cómodo, me marco todo el alpargatazo del carril hasta la carretera del puerto y luego subo los tres kilómetros y pico que me separan del coche. Cuando casi estoy llegando giro la cabeza hacia arriba y veo que mis compañeros ya descienden por la ladera del Pecho de las Ardillas. En poco tiempo están ya en los coches. Ha sido una buena jornada y encima Moss está perfecto: en el descenso por el carril se ha hartado de perseguir ardillas a diestro y siniestro con lo que deduzco que no le duelen nada las patas. Para la próxima tendrá sus botas. Claro que sí.

fotos

en la sierra de cazorla