Ascensión clásica a la Sagra por la vía más transitada — el embudo — y descenso por el mágico bosque vertical. Se trata de un opción estupenda para ver dos vertientes de la misma montaña y completar una jornada redonda de montaña. La ascensión por el embudo en condiciones invernales puede requerir el uso de material específico de alta montaña.
ficha

sierra de la Sagra
diciembre de 2007
5 h
14 km
1050 m
anticiclón, estable
dificultad de conjunto F con pendientes máximas de 35 grados; en invierno puede requerir el uso de crampones y piolet; atención a la orientación en días con pobre visibilidad
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La Sagra — como casi cualquier montaña — admite infinitos itinerarios. El clásico del embudo puede hacerse menos monótono si se elige como descenso alguna alternativa bien distinta. Lo normal es descender por la pedrera o pedriza aunque en los últimos tiempos cada vez está más deteriorada y lo que antes era un disfrute inmenso ahora se ha convertido en un penaero resbalando entre unas pocas piedras sueltas y tierra congelada.1Se trata de un caso de estudio de erosión acelerada en el tiempo por la tránsito continuado de personas. De hecho, se puede apreciar ya en las fotografías aéreas de la zona el río de piedras y es el elemento visual que más destaca de la Sagra.

Por este motivo y desde hace ya algún tiempo me gusta más bajar por el bosque vertical. Aunque sale una ruta más larga, también es más variada y se abarca prácticamente toda la fachada norte de la montaña. Además, está muy poco transitada. En su contra: la maraña de caminos que hay que desentrañar para volver a los coches desde el Collado Blanco.

Comenzamos el camino en las proximidades de los Collados de la Sagra, un complejo hotelero donde podemos dejar los vehículos. Otra opción es subir algo más arriba y estacionar en la puerta del observatorio astronómico. En cualquiera de las dos opciones debemos caminar por la carretera hasta que encontramos un vallado en la margen izquierda. Debemos salir de la carretera y colocarnos detrás del cercado para caminar en paralelo al mismo hasta cruzar un arroyo y llegar a una explanada donde antes del cierre se aparcaba.2Existe una amplia problemática en relación al vallado de la montaña. En los últimos tiempos las cercas y las cancelas han proliferado y están convirtiendo el paso de los montañeros en una prueba de furtivismo. Sería deseable que la Federación Andaluza de Montaña tomara cartas en el asunto y se llegara a una solución factible tanto para propietarios como para montañeros.

Desde aquí se coge un carril que suele estar embarrado en temporada y que remonta hasta unos terrenos de labor. Encontramos pronto una bifurcación muy señalada. A la izquierda iríamos hacia la zona de la pedriza y el collado de las víboras. De frente subimos hacia el embudo que es la nuestra en el día de hoy. Más adelante y en pocos metros, hay otro sendero que sale a la derecha para remontar la loma Carrillo y acceder a las vías de la Sagra que discurren a la derecha del embudo como, por ejemplo, la pingüino.



La senda sube ahora con fuerte pendiente entre pinos y se va perfilando hacia la derecha hasta ponerse justo en el desagüe natural del embudo. Llegamos a una zona de piedras en la que termina la vegetación arbórea continuada y nos adentramos en un estrechamiento con enormes farallones de roca. Éste es el punto más delicado del embudo por el tema de la caída de piedras y además donde hay más pendiente. Después del mismo, nos espera una cuesta larga que ronda los 30-35 grados de inclinación media que con nieve dura exige material invernal y saber usarlo.

Primeros pasos y la Sagra ahí enfrente

Una vez que hemos terminado la cuesta llegamos a la divisoria principal. La cumbre se alcanza caminando apenas diez minutos hacia el suroeste. Desde la misma, descendemos buscando el collado sur de la Sagra que separa ésta de la cresta sur, otra vía muy interesante. El descenso es muy evidente y justo antes del collado deberemos perfilarnos a la derecha (norte) para evitar una zona con rocas grandes.

Volvemos a estar en el terreno del pino laricio. Desde el collado nos adentramos de nuevo en la vertiente norte de la montaña para seguir un sendero3Este sendero antes tampoco existía pero a fuerza de bajar mucha gente también se ha ido fabricando. Por fortuna, como aquí el tránsito es en los dos sentidos, su trazado es mucho más racional y va haciendo continuas zetas lo que minimiza el impacto. que va haciendo zetas bajo estos majestuosos árboles que no han conocido – por fortuna – el vuelo del hacha. Si tenemos dudas con la orientación nos puede servir de ayuda el cortijo del collado Blanco y su era encementada que se aprecia claramente por debajo la la línea del bosque. Hacia allí debemos dirigirnos.

Una vez que estamos en el cortijo, toca continuar por varios caminos en un laberinto de cruces que exigen, bien conocimiento del terreno, bien llevar el GPS calibrado con la ruta que proporcionamos más arriba. ¡Suerte y a disfrutar!

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