El collado de las víboras es posiblemente el acceso más sencillo y a las alturas de la Sagra. En esta ocasión presentamos la conocida subida por el embudo y el descenso por dicho collado.
ficha

sierra de la Sagra
enero de 2010
6 h
9,5 km
990 m
viento, inestable, frío
dificultad de conjunto F con pendientes máximas de 35 grados; en invierno suele requerir el uso de crampones y piolet; atención a la orientación en días con pobre visibilidad; la dificultad es menor si se asciende y desciende por el Collado de las Víboras aunque las gradas superiores de la antecima este requieren tiento y atención en caso de hielo y/o nieve
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La Sagra es un buen lugar para celebrar o marcar hitos importantes. No se sube todos los días y normalmente el disco duro de nuestro cerebro, en un alarde periférico, registra no solamente la ascensión en sí sino también su contexto. En esta ocasión Lourdes y yo celebrábamos nuestro cumpleaños como pareja y se me ocurrió — inspirado en la idea de Lelete — ir a celebrarlo con un combinado: ascensión y homenaje global en el hotel de los Collados. La mezcla montaña, pareja, lujo, relax y cena de reyes es altamente recomendable.

Pero no todo iba a ser el pastelón típico de una película americana así que la Sagra nos recibió con una meteo mucho más agresiva de la esperada por lo visto en las predicciones. Ya desde antes de Casablanca, en esa curva mágica en la que la C330 vira a la derecha y en un cambio de rasante aparece majestuosa reflejando el sol naciente, nos dimos cuenta de que en altura pintaba malo: una nube hacía de gorro para la cumbre y otras muchas nubes altas estaban enganchadas en la Guillimona y Sierra Seca.

Un poco más adelante, en la subida por carretera hacia los collados vemos las encinas menearse con fuerza. Ya tiene que estar soplando fuerte para que las hojas recias de estas coriáceas sufran tales vaivenes pero sí: rachas violentas de viento presagian una jornada exigente y movida.
Dejamos el coche a un lado de la carretera pues la explanada habitual está cerrada con una alambrada, cosa que nos desconcierta y sorprende. Si es un predio privado podría cobrar un euro por vehículo y ganaría en días como hoy un billete de los verdes. El dueño sabrá lo que hace: yo de él ya habría montado un chiringuito para recibir con cervezas a la gente que desciende.

Comenzamos la ascensión tranquilos y optamos por el embudo pese a la poca nieve que se adivina. Después de los nevazos de la semana pasada el fuerte viento que hizo el lunes y el martes ha dejado grandes calvas y sólo en los rincones a sotavento del noroeste se mantienen espesores importantes. Hay mucha gente haciendo la misma vía; supongo que todos preveíamos una jornada de blanco exultante y nos vamos a tener que conformar con buscar el camino óptimo para no andar poniendo y quitándonos los crampones.

Tirando de zoom mucha gente en la montaña

Después de dejar los pinos nos ponemos los pinchos y entramos en la parte más empinada del embudo. Ya baja gente de la cima y nos avisan del fuerte viento. Por ello, en el peñón que hay debajo de la piedra de los caramelos, nos paramos a comernos el bocadillo. Aquí por lo menos apenas sopla y tenemos tranquilidad para incluso pelar unas naranjas, algo impensable en la cumbre. Como nos estamos quedando pajaritos tiramos para arriba y en la piedra de los caramelos hacemos el típico flanqueo a la derecha buscando apurar los crampones. En un momento dado se acaba la nieve y tenemos un trecho de 50 metros hasta el próximo nevero. Pensando que la arista iba a estar muy venteada y sin apenas nieve juzgo acertado quitarnos los crampones y buscar ya la roca de forma continua.

Me equivoco.

Me equivoco porque nos hemos quitado los pinchos en una zona con mucha pendiente, hay algo de nieve y hielo y nos cuesta mucho trabajo avanzar por las rocas sueltas. Este último trecho hasta la divisoria cimera nos cuesta un mundo pero al final ganamos la senda que viene por la normal. A nuestra derecha vemos a dos colegas que ascienden sin problemas con sus crampones y me doy cuenta del error: hasta la cima es perfectamente factible llegar con los pinchos. En fin.

Descenso hacia el collado de las Víboras

En la cima apenas estamos cinco minutos. Unos sevillanos nos echan una foto y nosotros a ellos y para abajo. El descenso lo vamos a hacer por la arista Este buscando el collado de las Víboras. Pasamos bajo la cima Este y llevamos mucho cuidado en salvar las gradas rocosas porque, aunque hace bastante temperatura y la nieve está blanda, el paso continuo de personas la ha compactado en los sitios más peligrosos. Salvamos las gradas, dejamos a nuestra izquierda el comienzo de la famosa pedriza — porque ya está sin piedras — y descendemos por una traza muy marcada buscando las Víboras.

La senda cada vez se va definiendo mejor y cuando se perfila hacia el sur de la montaña nos evita el fuerte viento. Pasamos el pollo de las Zamarrillas y estamos tentados de ahorrar camino tirándonos directos para abajo por alguna de las palas con nieve pero preferimos mantener la vereda segura hasta llegar al amplio collado de las Víboras. Tomamos ahora el claro camino que se define hacia el noreste y desciende en diagonal a izquierdas hasta el prado de Toscanillos donde entroncamos con la senda principal que viene desde el refugio y las Santas y que también nos lleva hasta nuestro punto de partida.

Son las cinco de la tarde, hemos estado más de seis horas en acción. Estamos cansados, contentos y muy felices ante la perspectiva nada habitual de que sólo nos esperan 300 metros de coche para encontrar una habitación, una ducha caliente, una cena magnífica con buen vino y una noche… de Almax. ¿Sería mucho pedir otra ronda para el año que viene?

fotos

en la sagra