Sierra de Espuña
abril de 2025
6 h incluyendo paradas
9 km
500 m
estable
itinerario de escalada de 125 m
véase el croquis de la vía un poco más abajo. En las fotos de la actividad también aparece un croquis sobre foto y un croquis del descenso.
track disponible aquí
Durante las vacaciones de Semana Santa hablo con Félix para hacer algo en la Semana de Primavera. Me da igual: roca, nieve, pateo, lo que se tercie y nos permita la meteorología y las agendas. Como los tiempos están muy ajustados me propone hacer una vía en el Valle de Leiva, el santuario iniciático de la escalada de dificultad en la Región de Murcia, la tapia donde casi todos los grandes han calibrado su maestría y pericia para superar los 200 metros verticales de esta tremenda falla caliza.
Sin que apenas transcurra un minuto tras su proposición —por mensaje de teléfono—, le digo que adelante, que sea lo que Dios quiera. No estoy muy confiado porque todas las vías de Leiva tienen un grado bastante exigente para mí, pero Félix me tranquiliza y me explica el plan: «Vamos a subir la vía Pirenaica, abierta con Nino, grado amigable y equipada con parabolts en todos los largos». Bueno, ya veremos qué tal.
Y aquí estamos, muy temprano, al comienzo de la pista que remonta el valle de Leiva y con una luz limpia de primavera. Nos acompaña el brillo de las hojas nuevas, en especial las de los arces renovados; también el óxido omnipresente de las cornicabras, el chasquido de las chovas y el cielo azul y profundo de las grandes alturas de Sierra Espuña.
Remontamos por la pista hasta una recurva donde nos salimos por una ladera empinada. A continuación, trepamos unas gradas hasta ponernos en la cocorota de un zócalo que nos eleva ya muchos metros sobre el eje principal del valle. Ahí, nos colocamos los aperos y Félix me indica por dónde arranca la vía. Es una placa vertical con pocos agarres que el maestro supera con calma perfilándose hacia la izquierda por un diedro.
Monta la primera reunión y subo resoplando con mi habitual parsimonia. Este grado me supera con creces —y más después de estar casi un año sin tocar la roca— pero la cuerda por arriba y el gen acerador que tengo en mis venas me llevan hasta la reunión entre maldiciones y bufidos.
Los largos se van sucediendo cada vez con más fluidez pues el terreno resulta más asequible. Hay bastante piedra suelta, algo habitual en este tipo de actividad de escalada clásica, donde abundan las repisas, canales y aristas expuestas al desgaste y la erosión. Félix me comenta que Nino y él eligieron ese nombre, Pirenaica, para la vía porque ese tipo de terreno les recordaba a algunas clásicas del Pirineo. Yo me dejo llevar y, la verdad, es que estoy disfrutando como un enano. En las largas esperas se me van los ojos hacia la umbría del valle donde brillan los arces de Montpellier —desde aquí, una constelación de pequeñas estrellas cuyo verdor hiriente contrasta con el lomo gris de la roca—. Más arriba, en el cielo, hay vapores que se elevan desde el Guadalentín y algunas nubes de evolución que se enroscan sobre su propio centro.
Félix sigue disfrutando encabezando la escalada, y eso que está lesionado de la rodilla, pero es que este señor no sabe parar. Es lo que tiene el fanatismo de la montaña: antes volcar que atrancar. El último largo es una preciosidad que busca una cresta súper estética, un balcón inclinado con excepcionales vistas hacia la derecha conforme le ganas metros. En la cumbre nos abrazamos y me siento muy feliz por haber vuelto a la roca caliente y a las cuerdas en una plaza tan exigente como esta.
Para el descenso, caminamos unos minutos hacia poniente y perdemos unos pocos metros en diagonal hacia el valle. Enseguida llegamos a una instalación de rápel muy confortable que, de una sola tirada, te permite poner los pies en suelo horizontal. Guardamos las cuerdas y descendemos por toda la pista de cháchara continua. Media hora más tarde nos estamos tomando una Coca Cola en el Jarro de Oro, a las afueras de Alhama. Un día cojonudo. Muchas gracias por todo, maestro.
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José Antonio Pastor González
Hago montañas desde que tengo uso de razón. Primero al lado de casa en mi Atalaya y en el Almorchón de Cieza. Después por las sierras de Segura y Cazorla que son mi segundo hogar. Finalmente, y por supuesto, también en Sierra Nevada y el resto de las cordilleras Béticas.
Todas ellas son el terreno de juego protagonista de esta web gracias a la cual disfruto por partida doble: primero subiendo las cumbres y luego relatando mi experiencia. Sed bienvenidos y gracias por vuestra visita.








Magnífica descripción y relato de la escalada. Leerlo es revivir las sensaciones, pero sin el agobio de tener el patio por debajo 🙂
Muchas gracias, maestro 🙂
La verdad es que fue una jornada muy chula. Me alegro de que la rodilla esté bien y de que puedas otra vez marchar de expedición. Hablaremos!!!