Me encantan estas situaciones en las que, después de una tira de años, regresas a un sitio que sólo has vuelto a visitar — una y otra vez — en la intimidad de tus pensamientos. Caigo en la cuenta de que hoy me parece un lugar mucho más luminoso, cálido y sencillo. Me pongo a subir, los primeros metros son asequibles hasta la repisa donde lo más natural es arrodillarse primero para ponerte de pie después.

Por fin hemos pisado esta cima. Han sido 19 años de espera desde que, jóvenes y con pelo, subimos al Almorchón por la umbría, descubriendo el barranquillo que parte de la fuente del Obispo en un itinerario que ya hemos mostrado en esta web un par de veces. Al llegar a la supuesta cima de la montaña comprendimos que no estábamos en el punto más alto. Vimos claro que el pico más occidental era el más prominente de las tres cumbres así que no estábamos en el lugar que queríamos.

Almorchón. Cima Secundaria. Diciembre de 1991.
Almorchón con pelo. Cima Secundaria. Diciembre de 1991

En cualquier caso, tampoco esa circunstancia nos supo a mal ya que estábamos bastante más preocupados en encontrar un itinerario alternativo de bajada. El de ascenso nos había resultado un tanto complicado y no queríamos volver por el mismo camino. Teníamos entonces 17 años y muy poquita experiencia. Encontramos una buena alternativa para descender bajo las paredes de la cumbre principal. A día de hoy es la bajada más habitual — y también la vía de ascenso más repetida a las cimas secundarias — hasta el punto de que hay gente que ha colocado hitos de forma generosa.



La niebla se va abriendo en el valle del Segura. Diciembre de 2010


La cima principal es un enorme torreón rocoso tal y como la vemos desde la cima central. Noviembre de 2009


El grupo asomándose a la divisoria: primeros rayos de sol

¿Y por qué ahora? Pues porque dentro de un curso organizado por gente de mi club — el club Montañero Murcia — una de las prácticas consistía en ascender hasta ahí arriba. Genial pues. Juan Carlos que es quien maneja el cotarro nos pasa la siguiente información sobre el Almorchón para que os hagáis una primera idea del toro que nos van a soltar:

Reseña de Carlos García Gallego

El Almorchón es de las pocas montañas de la comunidad que exigen ser escalada para hollar su cima. Fortaleza irreal, cortada por todas sus vertientes, domina por antonomasia los extensos campos de Cagitán, entre Calasparra, Cieza, y el río Segura, los Embalses de Alfonso XIII y del Cárcabo. El dominical de El País, saco una fotografía de portada del Almorchón, tildándola como una de las más bellas montañas españolas. El desnivel de la ascensión es de 380 metros.

La ruta normal del Almorchón discurre por su vertiente oeste y arista suroeste. La aproximación es monte agreste con restos de sendero entre pinar carrasco y vegetación mediterránea con dominancia de albaidas y espartos, sabina y enebros. Se sube por la variante de la arista suroeste, que permite subir caminado pero por terreno abrupto hasta la cresta somital, donde una brecha asoma a la cara este de la montaña. Es necesario un corto rápel o descenso por la cuerda de 15 metros, para alcanzar un collado bajo la cima, y luego escalar unos 25 metros (IV, un paso IV+ grado), más una arista fácil (III + y II grado) para culminar la aérea cima principal.

El descenso de la cima se hace destrepando la arista (pasamanos) y con un rápel de 20 metros que deja en collado anterior a la cima, desde donde se remonta hasta la arista (15 metros III y IV).



Croquis de la ascensión


Preparando las reuniones

Hace un día tranquilo, soleado y frío. La niebla se queda a ras del valle mientras nosotros le vamos ganando metros a la montaña por roca resbaladiza y húmeda. Cuando nos asomamos a la arista suroeste el sol nos regala sus primeros rayos y vemos que va a ser un día disfrutón. Remontamos un rato más hasta el primer rápel y ahí nos apalancamos todos para esperar nuestro turno.



Parte del grupo esperando su turno en el rápel

Tenemos a nuestra disposición 4 monitores que protegen toda la ascensión de principio a fin. Esto es hacer las cosas con garantías, sí señor. Mientras llega mi turno me asomo al collado que hay bajo la cima y recuerdo la última vez que estuve en él, hace ahora la friolera de 13 años — ojo que no estoy mezclando historias como el abuelo de los Simpsons así que no confundamos situaciones: la primera vez en la montaña fue hace 19, la primera en este collado concreto hace 13.



¿Me pillas?

En aquella ocasión vine acompañado de Cristóbal y Antonio, dos amigos de Bullas que habían ascendido a este coloso acompañados de José Antonio Navarro, uno de los montañeros más veteranos y con más ascensiones de Murcia. Subimos por trepaeros húmedos y complicados que, en aquel entonces, a mí me parecieron todo un mundo. Cuando alcanzamos el collado bajo la cima Cristóbal subió con la cuerda anudada al arnés sin seguros intermedios hasta montar una reunión en terreno confortable. Si en el pasado me pareció una locura ahora me quito el sombrero por su temple y su tranquilidad.



Anabel preparada para rapelar

A continuación aseguró a Antonio y yo me quedé ahí, en el collado, con todas las ganas del mundo, pero sin atreverme a tirar para arriba. Tal empanada tenía en mi cabeza de adolescente romántico que escribí esto por aquel entonces relatando los minutos de soledad en la sombra de la pared:

Ascendiendo al Almorchón, en ese estrecho hombro, antesala de la cumbre, donde es preciso progresar asegurado; en ese lugar mellado, hueco finísimo de roca y brecha inclemente de los vientos. Agazapado, meditabundo, algo triste por no alcanzar la cumbre junto a mis compañeros. De repente, el sonido débil y sugerente del cuerpo que atraviesa el vacío de los cielos: la imprevisible danza de dos buitres leonados que surcan estos océanos de viento y sombra, mares repletos de arrecifes afilados de roca y corales arbóreos. Y así, en unos segundos, se alejan tanto que sus enormes cuerpos ahora solo son dos pequeños puntos en la lejanía. En la visual, al fondo, se destacan las sierras del Noroeste, probable hogar de estos señores del nublo y las desesperanzas. Por hoy, ya han volado bastante.



Domingo saliendo para la fisura

Por fin me llega el turno. Rapelo hacia el collado de la cima e intento recordar el lugar. Me encantan estas situaciones en las que, después de una tira de años, regresas a un sitio que sólo has vuelto a visitar — una y otra vez — en la intimidad de tus pensamientos. Caigo en la cuenta de que hoy me parece un lugar mucho más luminoso, cálido y sencillo. Me pongo a subir, los primeros metros son asequibles hasta la repisa donde lo más natural es arrodillarse primero para ponerte de pie después. Este es el pasito por el que Carlos le da IV+ a la vía y en el que yo me quedé atrapado hace muchos años. Pero hoy rompo con el pasado, gano fácil la última grieta y llego a la reunión. De ahí a la cima es un paseo.



Ginés y Anabel en la cumbre

Cuando piso el punto más alto apenas estoy unos minutos porque hay gente detrás esperando. Si bien he roto el bucle en el que estaba atrapado desde hace 13 años, también he cerrado otro círculo mucho más amplio que tenía abierto desde hace 19, cuando por vez primera contemplé la cima del Almorchón desde la antecima, y nació el deseo de subirla.

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