Itinerario circular que recorre las tierras altas de Lorca. Para ello remonta el río Guadalentín,;se adentra en la sierra del Pericay siguiendo el cañón del Río Luchena y asciende el collado de la Carrasca. El regreso se efectúa pasando por Zarcilla de Ramos y sigue el trazado del GR-253.
ficha

tierras altas de Lorca, región de Murcia
mayo de 2018
5 h
81 km
1200 m
fresco, nubes de evolución
recorrido por carreteras sin tráfico y pistas forestales aptas para una bicicleta gravel; fuertes pendientes de piedra en la ascensión al collado de los Machos
croquis en mapa disponible pinchando aquí
track disponible aquí

Me iba para Baza pero un error en la logística con las sillas de los críos me obliga a cambiar de planes para estar en casa antes de las cinco. Mientras paso por Totana voy pensando un plan alternativo. Se me ocurre navegar por los cereales de la cara norte de María pero no llevo mapas y tampoco puedo aventurarme demasiado. Debo buscar una opción relativamente segura y próxima a casa.

A la altura de Lorca recuerdo el curso que hicimos de cicloturismo de alforjas. Inspirados en la ruta de aquella ocasión aparco en las afueras de la Ciudad del Sol y salgo dando pedales por la carretera local hacia la Parroquia.

Apenas encuentro tráfico y sí muchas pedanías de nombres curiosos. La tendencia siempre es a subir con frecuentes toboganes. En el fondo asoma imponente la figura del pico del Gigante. A la izquierda del mismo, toda la fachada de las Muelas y, a su derecha, la Morra del Tabaco, el tajo del Luchena y la silueta cónica del Pericay. Casi sin darme cuenta el cielo se cierra y me caen algunas gotas.

Un poco más adelante las nubes se abren y desciendo hasta cruzar el río Corneros (toponimia IGN) y, en llano, me adentro por el callejero de la Parroquia que también encuentro como Fuensanta en otros mapas. Supongo que algún lorquino me lo podrá explicar con detalle.

Hay bastante vida en esta pedanía y en los colegios los críos juegan en el patio. Me salgo de la calle principal por una carretera ascendente que enfila directamente hacia el collado de Carasoles, una horquilla perfecta que define el Gigante al sur y la Morra del Tabaco al norte.

Me detengo unos minutos para dejar que la polvareda del camión que baja piedra de las canteras se difumine en la mañana limpia de primavera. Le echo un vistazo al GPS y caigo en la cuenta de que hay una posibilidad más atractiva para llegar a Casa Iglesias. Así, desecho la amplia calzada que remonta hacia el collado de Carasoles y tomo a mano derecha una buena pista que busca la ladera este de la sierra de Pericay.

El camino es muy agradable y avanza entre grandes llanos de cereal hasta que, pasado el cortijo de las Cañadas, comienza a remontar para ganar metros sobre el cauce del Luchena. El terreno se convierte ahora en forestal y la pista está salpicada de piedras. Debo ir con cuidado porque éste no es el mejor terreno para esta bici, aunque se defiende bien y se comporta como una campeona.

Reconozco bien los detalles en el cauce del Luchena. En concreto, la Casa de la Chiripa, donde estuvimos hace unos pocos años. Sin lugar a dudas, este cañón es una de las excursiones más sorprendentes que puede uno hacer en esta zona del sureste ibérico. (Tengo que sacar ya mismo un reportaje de las varias veces que hemos andado por allí. Mea culpa.)

En las zonas más elevadas las montañas se ponen especialmente abruptas. En los cantiles se aprecia perfectamente la estancia del buitre leonado gracias a sus deposiciones de color blanquecino. Me concentro en las agujas, los poyos y los volaeros mientras el camino cada vez se pone más tieso y pedregoso. Ahora comienza a hacer unas zetas sucesivas buscando el collado de la Carrasca, rozando los 1000 metros.

“Me fascina esta zona anónima entre las provincias de Murcia y Almería donde se extinguieron los últimos lobos allá por el siglo XIX.”

Una vez arriba el paisaje todavía se pone más salvaje y agreste. Me fascina esta zona anónima entre las provincias de Murcia y Almería donde se extinguieron los últimos lobos allá por el siglo XIX. Unos metros más allá me detengo en un mirador en el que aprecio, no sin cierto disgusto, varias canteras funcionando a pleno rendimiento. Reflexiono para qué cojones se gastan un pastizal en cartelería y en promover el turismo rural para luego permitir industria pesada en el núcleo más frágil de estas montañas. En mi opinión, ambas actividades son incompatibles.

La Casa Forestal Iglesias está rehabilitada y convertida en un magnífico albergue. Me han hablado muy bien de él. Unos metros más arriba hay un área recreativa con muy buena pinta: la Culebrina se llama. Doy una vuelta caminando por los alrededores de Casa Iglesias en plan curioso hasta que comprendo que aún me queda mucho camino. Tomo así de nuevo la burrita y desciendo raudo hacia la presa de Valdeinfiernos.

Este embalse fue uno de los primeros que se construyeron. Tantos años hace ya que está completamente colmatado de sedimentos y no cumple ninguna función. En la carretera encuentro unos equipos de televisión que le están haciendo una entrevista a algún pez gordo. Yo continúo mi camino como si nada. Tampoco quiero fastidiarles el plano a estos señores. (Luego resulta que serán periodistas de El Mundo haciendo un reportaje sobre el pantano. Podéis verlo pinchando aquí.)

Vuelvo a rodar por asfalto del malo, pero asfalto es y sobre él vuelo. Remonto esforzado hasta el collado del Carril donde hay una estación del SAIH y me dejo caer hacia Zarcilla de Ramos mirando con el rabillo del ojo y con pena el resultado del incendio que aconteció hace unos pocos años en la sierra del Almirez. En lo alto destaca la piedra del mismo nombre. Ahí me tengo que subir algún día.

En el callejero de Zarcilla me hago un pequeño jaleo que salvo gracias al autobús escolar. Cojo la carretera a Lorca y pongo la directa. Voy justo de tiempo pero llego. Al coronar el leve Puerto Blanco me salgo del asfalto y me dejo caer por la Cañada Hermosa hasta la Casa del Fraile donde entronco con el GR-253. Éste fue precisamente el recorrido que hicimos en el curso de cicloturismo hace ahora 9 años. Lo recuerdo perfectamente y, en caso de duda, siempre están las señales blancas y rojas para sacarme del apuro.

Siempre en terreno descendente y siguiendo el curso de las aguas por la Casa de Panes llego al embalse de Puentes. Una vez allí me adentro en el curso del río Guadalentín para ir deshaciendo kilómetros en paralelo a la carretera por la que empezó esta historia hace cuatro horas. Al final llego a tiempo de todo: de arreglarme bien comiendo y de recoger a los peques. Jornada redonda.

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paseos en bici