Ascensión clásica al Banderín o Machada, un casi 2 mil en la divisoria de Sierra Seca con espectaculares vistas a la Sagra. Como aliciente, se remonta el barranco del Tornajuelo por el interior que culmina en un bosque espléndido de laricios muy bien conservados.
ficha

sierra Seca, Granada
diciembre de 2013
6 h
15,3 km
970 m
anticiclón, sol
senda marcada con hitos aunque bastante perdida en muchos tramos; nosotros nos despistamos y nos metimos en el barranco que es sencillo de andar pero que tiene un cierre en la cota 1600 con escape por la margen izquierda para regresar a la senda;
croquis disponible en GMaps
track aquí disponible

[Fotografías: César Gómez y el autor]

Lo bueno del monte es compartir las jornadas con amigos. Ya pueden ser compañeros que están contigo desde que empezaste la EGB hace tropecientos años a colegas que la vida en los últimos tiempos te pone en el camino y con los que, por afinidad manifiesta, al final acabas compartiendo bocata, senda y cuestas.

Y en eso estamos este viernes de camino a Sierra Seca, una alineación repleta de dos miles con mucho protagonismo en esta web porque ella lo vale, eso por descontado.

Dejamos el coche en el comienzo de la pista que sube a los Prados del Conde. Ésta arranca desde la carretera asfaltada que enlaza Huéscar con Santiago por el puerto de la Losa justo a la altura del cortijo de la Noguera en un lugar inconfundible por tener enormes cipreses a ambos lados que denotan el carácter forestal de la vía. Aunque podríamos acortar la salida unos kilómetros, el río Raigadas baja con bastante caudal y no me apetece probar la estanqueidad de los bajos del coche.

Empezamos el pateo por dicha pista blanquecina que remonta hacia el puerto del Peñón del Toro, todo un desafío a pedales que me está volviendo a llamar. Tras un par de kilómetros llegamos a un cruce y nos decidimos por la derecha hacia una segunda pista algo menos amplia pero también transitable para turismos. Ésta se va internando en el barranco del Tornajuelo ganando metros imperceptiblemente hasta los 1450 donde encontramos una vieja casa forestal y una fuente.



El carril aquí termina y en el ensanche donde los vehículos dan la vuelta se ven las trazas iniciales de un sendero de piedra seca que cogemos. Seguimos las pisadas muy marcadas por la margen orográfica izquierda. Así, vamos remontando metros por una ladera de tierras color óxido y encinas de porte mediano que permiten un caminar fácil. (Destacamos aquí que en la ladera de enfrente, margen orográfica derecha, vemos también las hormas de la citada senda de piedra seca. Leyendo el libro de Carlos Excursiones por el Sur de España, vol II encuentro que él marca la ascensión precisamente por esa senda de la margen derecha. Dicha senda baja más tarde al fondo del barranco, cambia de margen y se une a la que nosotros estamos llevando.)

En un momento dado, encontramos una bifurcación. Lo más natural parece seguir de frente pero en el suelo encontramos unas grandes ramas atravesadas. Por lo visto, el camino bueno es doblar a la derecha remontando la ladera. De cualquier forma, preferimos continuar de frente porque vamos a buscar el eje del barranco, algo que conseguimos en un descenso a trocha resbalando cada dos por tres porque la tierra está helada.

En la oscuridad del fondo del barranco olvido ajustar la exposición de la cámara y casi todas las fotos me salen movidas. Bueno, ¿qué le vamos a hacer? La vaguada es razonablemente cómoda de andar con algunas sencillas trepadas y muchos ejemplares de arces, árboles querenciosos del frío, la humedad y los ambientes umbrosos como éste en el que nos encontramos.

Parece que vamos a poder salir por arriba sin problemas cuando una pared de unos 8 metros nos cierra el paso. En la margen derecha reconozco un angosto collado como salida hacia la pista del Peñón del Toro pero nosotros nos salimos por la margen izquierda superando unos resaltes y caminando en horizontal por las viras de roca hasta que las paredes ofrecen un punto débil.

Finalmente, entroncamos de nuevo con la senda que habíamos abandonado en el cruce – la buena, se entiende – y ésta nos lleva plácidamente hasta la fuente del Agujero en un entorno de prados de alta montaña y laricios muy bien conservados de porte majestuoso. (En el Atlas de Árboles Singulares de Andalucía aparece reseñado precisamente el ejemplar que más sobresale en la cabecera de este barranco. Aquí podéis consultar una ficha completa de dicho árbol.)

Desde la fuente buscamos ya sin senda un collado en la divisoria principal que aquí también lo es de aguas mediterráneas y atlánticas. Mientas al norte tenemos la cuenca del Segura con la solitaria Cañada Lamienta, al sur todos los barrancos y ríos drenan hacia el Guadiana Menor y, por ende, al Guadalquivir.

Y así, caminando bajo enormes laricios y sorteando enormes bloques nos asomamos a los Campos y las grandes alturas donde nos recibe un grupo numeroso de leonados que danzan sobre los roquedos de las cumbres. Gastamos las tarjetas de memoria haciendo fotos y en el vértice damos buena cuenta del bocata.

El descenso lo efectuamos deshaciendo nuestros pasos aunque ya no nos internamos por el barranco, sino que seguimos todo el tiempo la senda principal que, sin problemas, nos lleva hasta la vieja casa forestal. En el trozo largo de alpargata que hay hasta el coche comentamos la magnífica jornada y el regalo que se lleva César al haber visto su primer quebranta libre en vivo y en directo. Ojalá que hayan muchas más así.

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