La altura de las montañas
Supongamos que estamos ascendiendo por la Sagra sin GPS ni altímetro. En un determinado momento, mientras recuperamos el resuello, nos gustaría saber la altitud a la que nos encontramos. Está claro que si somos conocedores del terreno podemos ayudarnos de las montañas vecinas conocidas para estimar nuestra propia altura. Mirando al norte tenemos los Mirabetes o la Guillimona que rondan los 2mil metros. Son buenas referencias para estimar nuestra posición. Otra opción consiste en mirar hacia poniente, hacia la zona de Sierra Seca que alcanza los 2100 y pico metros.
El caso es que con estas apreciaciones hay que tener mucho cuidado ya que, cuando miramos a las montañas en la lejanía, nuestra percepción es muy diferente si nos encontramos a mayor o menor altura con respecto al grupo de montañas que estemos mirando. Así, si a la altura 2000 miramos hacia el Tornajuelos, un 2mil vecino de Sierra Seca fácilmente visible porque nada se interpone en la visual, lo que vemos es esto:
En esta foto se aprecia perfectamente la cumbre del Tornajuelos y a la derecha la cumbre de las Empanadas. Tornajuelos se ve más alta que las Empanadas por que en realidad así es y las Empanadas están casi al mismo nivel que la cota secundaria de la foto, pese a que las Empanadas tienen casi 100 metros de altura en relación a dicha cota.
Veamos ahora la siguiente foto de las mismas montañas tomada desde la cumbre de la Sagra, casi 400 metros más arriba:
Observamos ahora que las Empanadas están más altas que el Tornajuelos. ¿Eso por qué? Pues porque vemos en perspectiva y todas nuestras líneas de visión — nuestras visuales — fugan a lo que se llama nuestra línea del horizonte. Ésta es una recta imaginaria que se encuentra a la altura de nuestros ojos en el infinito. Como ahora estamos a 2380 metros, tanto Tornajuelos como Empanadas quedan por debajo de ella y las dos cumbres fugan hacia ella igual que los raíles de tren en la siguiente fotografía:
Observemos que, aunque las traviesas a y b están a la misma altura real — suponemos que la vía no tiene pendiente — la especial perspectiva nos sugiere que el punto b está más alto que el punto a. Esto es lo mismo que les ocurre a Tornajuelos y a Empanadas. El primero está mucho más próximo a nosotros que el segundo, por eso lo vemos mucho más bajo que las Empanadas a pesar de que, en realidad, Tornajuelos es casi 100 metros más alta.
Análogamente, cuando observamos dos montañas desde una posición más baja ocurre el mismo fenómeno pero intercambiando los roles: la montaña más próxima siempre nos parecerá mucho más alta que la lejana. De hecho, dos montañas de la misma altura pero a diferente distancia siempre parecen tener distinta altura como les sucede a los puntos c y d.
En definitiva, experiencias como esta deben hacernos ser cautelosos a la hora de estimar la altura de las montañas vecinas — y la propia en la que nos encontramos — de acuerdo a la percepción que tenemos de ellas. No siempre es más alto lo que parece más alto.
La perspectiva del segundo de cuerda
En relación a lo que hemos comentado ya anteriormente, cuando te pones debajo de una pared nuestra especial manera de ver las cosas puede confundirnos — como la noche — hasta el punto de que muchas veces pecamos de optimistas. Quiero decir que, normalmente, cuando vemos una pared desde abajo, la vemos mucho más tumbada de lo que realmente está. Esta sensación se acentúa si además nos quedamos asegurando a un primero de cuerda al que le toca negociar no sólo el tema objetivo de superar los pasos, sino también el muro subjetivo del miedo a la caída.
Un ejemplo que me viene a la memoria está aquí en esta foto del primer largo de una vía de dos largos en el Peñón de Ricote:
Entre cada una de las cintas hay tres metros por lo que la distancia entre sus pies y el matojo que hay en primer término ronda los 9 metros. Desde nuestra perspectiva cómoda y confortable de la reunión apenas podemos apreciar el recorrido y la escala vertical de la pared.
Toda esta ilusión se nos desmonta si somos nosotros los que subimos de primero y echamos un vistazo hacia quien nos asegura. Comprendemos entonces que las cosas vistas desde arriba son muy diferentes y es entonces cuando podemos darnos cuenta del vacío, la distancia y la caída que tenemos bajo los pies:
He rebuscado fotos para ilustrar esta sensación que yo suelo tener mucho cuando hago deportiva. Lo que pasa es que, precisamente en deportiva, hacemos muy pocas fotos y el primero de cuerda no suele llevar cámara por lo que el ejemplo que os voy a poner ahora es de una ascensión alpina en mixto. Primero la perspectiva del que está abajo (yo) asegurando a Félix:
Y luego lo que Félix contempla unos metros más arriba que para mi gusto es mucho más espeluznante:
La escala de las montañas
Si en lugar de plantearnos a qué altura están las cosas nos preguntamos por la distancia a la que se encuentran también es complicado dar una estimación correcta. En montañas con árboles, carreteras, edificaciones y otros elementos que sirven de referencia es posible, más o menos, estimar si algo está lejos o cerca. El problema se presenta cuando caminamos por las alturas de Sierra Nevada, el aislamiento de la Cabrilla o la soledad de los Campos de Hernán Perea. En lugares así, donde reina la roca, la nieve y el viento, apenas podemos escalar nuestra percepción y es muy frecuente subestimar las distancias.
Ejemplos clásicos de esto que estamos comentando son las lomas de Sierra Nevada. ¿A quién no se le ha hecho interminable el tránsito por la loma del Calvario, la loma Papeles o la loma de Peñamadura?
Todo esto que comentamos se agrava todavía más en presencia de nieve. En tal caso, la percepción es todavía más homogénea y a menos que la atmósfera esté sucia con humedad o polvo, es virtualmente imposible apreciar la profundidad del paisaje. Por ejemplo, en la siguiente foto aparecen el Mulhacén y la Alcazaba. Las cumbres están separadas por varios kilómetros pero parecen solaparse y estar casi juntas:
Una singularidad de estos paisajes de alta montaña es su carácter fractal. Un fractal es un objeto geométrico cuya principal propiedad es la autosimilitud: su estructura básica, fragmentada o irregular, se repite a diferentes escalas. Es lo que le ocurre a un helecho por ejemplo, que su apariencia global es idéntica a una pequeña porción del mismo. Pues bien, en alta montaña, es posible hacer fotografías a diferentes escalas de modo que nos confundan por completo: lo grande nos puede parecer pequeño y viceversa.
En general, si podemos enmarcar nuestra visión con objetos reconocibles como personas, casas, árboles, carreteras, acequias, etc. entonces sí somos capaces de escalar el paisaje que estamos contemplando. En la siguiente foto tenemos la ascensión al terrible puerto de Trevélez desde el Postero Alto, una subida interminable y bien aburrida. Cuando miramos para arriba no sabemos mucho lo que nos queda:
Sin embargo, si echamos la vista atrás, el propio refugio del Postero, el bosque de coníferas y el caserío de Jerés del Marquesado, nos dan una idea de las distancias enormes en las que nos movemos:
Y esto es todo. Esperamos vuestras sugerencias, correcciones, matices e, incluso, vuestras propias experiencias visuales. Bienvenidas serán. ¡Hasta pronto!
Nota final: las dos portadas de estas entradas son obras del magnífico artista M.C.Escher del que soy un fanático seguidor. Se nota, ¿verdad?
entradas relacionadas

José Antonio Pastor González
Hago montañas desde que tengo uso de razón. Primero al lado de casa en mi Atalaya y en el Almorchón de Cieza. Después por las sierras de Segura y Cazorla que son mi segundo hogar. Finalmente, y por supuesto, también en Sierra Nevada y el resto de las cordilleras Béticas.
Todas ellas son el terreno de juego protagonista de esta web gracias a la cual disfruto por partida doble: primero subiendo las cumbres y luego relatando mi experiencia. Sed bienvenidos y gracias por vuestra visita.







Método fácil para hallar la distancia que abarca la vista desde la altura dada de un monte con buena aproximación. d (en kilómetros) = 4 veces el mayor múltiplo de 5 cuyo cuadrado es inferior a la altura considerada (en metros). Para Europa sólo es necesario recordar o calcular mentalmente los cuadrados desde 10 hasta 70, de 5 en 5:
100, 225, 400, 625, 900, 1225, 1600, 2025, 2500, 3025, 3600, 4225, 4900, …
Para alturas inferiores a 100 metros , es mejor tomar los cuadrados sucesivos, de uno en uno.
Por ejemplo, desde el Kolitza en el País Vasco, de 880 metros de altura; la distancia que abarca nuestra vista es, con buena aproximación, de 4 por 25 = 100 km, puesto que 625 =25^2 < 880 < 900 = 30 ^2
Muchas gracias Rafa. La idea es aprender todos juntos porque yo también disfruto y aprendo mucho escribiendo sobre estas cosas…
Tú es que tienes buenos ojos y sabes disfrutar de casi todo… me gusta ese entusiasmo que pones en las cosas 🙂
Muchas gracias Manuel. Se hace lo que se puede y lo que más me gusta es buscar la intersección de dos parcelas que ocupan muchas de mis horas, la montaña y las matemáticas. Habrán más entradas de este tipo… es un proyecto que tengo arrinconado pero que aspiro a ir dándole salida poco a poco…
Matemáticas y ciencia aplicadas a la montaña. Gracias por ilustrarnos un poco más a todos. Un gran abrazo.
Luiso, eres un artista. Está verdaderamente interesante tu aportación. Gracias.
Muchas gracias Fran. De todos modos, habrá que mejorar algunos detalles tal y como has visto en el debate de nevasport jejeje…
Un ejemplo de lo que explicas -magníficamente, como siempre- es el origen del nombre del K2:
El ingeniero y topógrafo inglés Thomas Montgomerie, desde la cima del pico Haramukh, a más de 200 km del Karakorum, hizo un dibujo de los picos más prominentes de la cordillera. A vista fue designándolos por orden de su «altura aparente», precedidos de la letra K (de Karakorum): K1 (el Masherbrum), aparentemente la más alta, pero que realmente tiene 7821 m; K2 (8611 m), sobran comentarios; K3 (el Broad Peak), otro ochomil), etc.
Su propio dibujo (realizado en 1850) testifica lo dicho:
http://commons.wikimedia.org/wiki/File:K2_by_Montgomery.jpg
Un abrazo y enhorabuena por esta entrada.
Mmmmhhhhh esta aportación tuya me obliga a revisar la entrada como si me hubiera devuelto el referee un informe del estilo: «the paper will be published if the following suggestions are attended…» En fin, me tocará seguir trabajando en el tema 🙂
Lo peor de todo es que cuando esté con el traje académico y el birrete sobre la calva tú tendrás puesto el casco… arrrgghhhhh 😉
José Antonio Pastor González, que maravilla, que ilustrativo, que imágenes más «cercanas». Sin duda, un lujo poder apreciar el entorno con el apoyo de la ciencia.
Buena lección magistral…..y luego dicen que las matemáticas carecen de sensibilidad y poesía, aplicadas como tu a la montaña son todo un lujo, aunque se nota que todo lo que hagas relacionado con ella es siempre una gozada, interesantisima la entrada que complementa la anterior y que the paso a mas..espero.
Buena lección magistral…..y luego dicen que las matemáticas carecen de sensibilidad y poesía, aplicadas como tu a la montaña son todo un lujo, aunque se nota que todo lo que hagas relacionado con ella es siempre una gozada, interesantisima la entrada que complementa la anterior y que da paso a mas..espero.
Muchas gracias Manuel. Se hace lo que se puede y lo que más me gusta es buscar la intersección de dos parcelas que ocupan muchas de mis horas, la montaña y las matemáticas. Habrán más entradas de este tipo… es un proyecto que tengo arrinconado pero que aspiro a ir dándole salida poco a poco…