La Sagra de nuevo, ascendida en esta ocasión desde la ermita de las Santas. Actividad interesante cuando se quiere evitar la masificación del embudo así como los tramos más técnicos.
ficha

sierra de la Sagra
enero de 2012
6 h
15 km
1300 m
estable, frío
ascensión cómoda siempre por sendas siendo la más indicada para los no iniciados de entre todas las que suben a la Sagra; el único punto delicado son las gradas de la antecima este que pueden requerir uso de crampones y piolet; atención a la orientación en la parte baja del bosque pues con abudante nieve y sin huella es confusa; ojo con el desnivel y la distancia pues son mayores que las otras opciones habituales
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Estuvo nevando a comienzos de la semana. Se enroscó la borrasca en las costas de Argelia y mandó vientos húmedos de levante que, aplastados por el peso de una bolsa de aire frío en altura, se condensaron en enormes copos para sellar las Béticas con su elemento favorito — también el más volátil y esquivo.

Anduvimos atentos a los partes, a las webcams, a las ventanas de buen tiempo, a los telediarios de la pública con su información meteorológica de 20 minutos y, con todos estos ingredientes, montamos una ascensión popular a la Sagra para disfrutar de una de las montañas más visitadas del sur.

Si bien el plan estaba fijado para el domingo, el jueves pude escaparme a media mañana para echarle un vistazo al recorrido. Esto lo hice fundamentalmente para evitar sorpresas de última hora y para comprobar que la ascensión estaba segura sin necesidad de material específico de invierno.

Nada más cruzar la curva de Mojantes donde antes estaba el hogar de la ‘gloria bendita’ — esa curva donde por vez primera uno se encuentra frente a frente con el cono perfecto de la Sagra reflejando la luz de la mañana — advertí que apenas había nieve en la montaña. Y sin embargo, al sur, en la panza de María se adivinaba un paquete tremendo que lamía las laderas hasta el mismo pueblo. En fin. Caprichos atmosféricos.

De esta forma, el jueves llevé a cabo mi rápida exploración y comprobé que todo estaba perfecto. Grabé la ruta en el GPS para más seguridad y regresé a casa satisfecho. Le dije a Lourdes que el domingo íbamos a disfrutar y para eso estamos hoy todos aquí, en las Santas, junto a una ermita coqueta y recogida que aloja en su interior a Nunilón y Alodía, dos mártires navarras que encontraron acomodo en estos pagos por avatares relacionados con la colonización de estos territorios en la época de la Reconquista.

El itinerario comienza desde la misma ermita subiendo unos peldaños que comunican con un bonito cortijo muy arreglado. Desde ahí se atraviesa una pista y ya nos metemos en una senda algo indefinida que serpentea entre carrascas, coscojas y pinos sueltos. Esta senda en realidad es un atajo de la misma pista que hemos cruzado y a ella salimos unos metros más adelante, exactamente en un punto donde hay un cruce. Nos adentramos por un carril menos marcado hasta llegar a un viejo cortijo con una balsa y unos nogales ahora desnudos. La nieve hace ya acto de presencia en las umbrías y, pese a los -2 grados con que empezamos a caminar, muchos son los que ya se han quitado los abrigos.

Un detalle

Remontamos una ladera con bastante pendiente hasta entroncar unos pocos metros con otro carril y lo abandonamos definitivamente para adentrarnos en la magia del bosque nevado y una senda íntima y poco concurrida. Así vamos ganando metros paulatinamente, con algunos repechos empinados pero casi siempre por tramos en suave pendiente hasta que alcanzamos un breve collado con buenas vistas. Nos asomamos a las rocas y abajo está el refugio de la Sagra con muchos vehículos. Desde ahí sale la subida normal por el collado de las Víboras; nosotros estamos haciendo una variante más emboscada y solitaria.

La senda, siempre definida con hitos e incluso algunas hileras de piedras, asciende hacia una zona amplia y llana donde su trazado principal tienda a volcar hacia el sur. Nosotros la dejamos por otra menos clara que remonta por la derecha para afrontar las fuertes pendientes que nos dejan en el collado de las Víboras. Hace un sol estupendo, nada de viento y sólo el eco de los disparos de los cazadores nos inquieta. En una nava almorzamos antes de pasar por el collado de las Víboras e introducirnos en las fuertes pendientes que nos llevan hasta el Morro de las Zamarrillas, un escalón en el límite de los 2000 metros bien definido por el tronco enorme de un laricio tronchado que mis ojos vieron en pie años ha.

En la antecima este

A partir del collado de las Víboras la huella está muy marcada de la gente que viene tanto del refugio como de la zona de los collados de la Sagra. Comenzamos a cruzarnos con gente que viene desde la cumbre y comprobamos que la senda está muy resbalosa debido a que la nieve compactada por las pisadas se ha convertido en hielo y desliza. Pese a ello, hace tan buen día, las vistas son tan grandiosas y las ganas de conseguir la cumbre son tan grandes que todos continuamos para arriba ayudándonos de los bastones. Quienes no tienen problemas son Moss y Tara: ellos ascienden con tracción a uña limpia, cuatro puntos de apoyo y un centro de gravedad a 30cm del suelo y lo llevan genial.

En un momento dado la senda se mete en la sombra de la cima oriental y serpentea hasta la base de los contrafuertes que la defienden. Este es el punto más delicado de la ascensión porque es el único sitio con algo de exposición y que, en presencia de hielo continuo, exige normalmente el uso de crampones y piolet. Pero hoy la traza habitual está bastante seca y los tramos de hielo son aislados y muy cortos. Más aún, es posible efectuar un escaqueo por la derecha remontando fácilmente por unos bloques y evitando el tobogán de tierra dura por el que usualmente se desciende. Así lo hacemos y nos asomamos a la parte final de la ascensión.

Regresamos

Estos últimos metros son los más disfrutones. A nuestra derecha está toda la caída del embudo de la norte. Remontamos la senda hasta que ya asoma el geodésico en lontananza. Apuramos los pasos para llegar y comernos el merecido bocadillo al sol. Por increíble que parezca, no sopla nada de viento, la visibilidad es perfecta en todas las direcciones y en la cima podríamos estar una eternidad pero sabemos que eso no es posible. El sol manda y tras las fotos de rigor reemprendemos el descenso tras despedirnos de varios amigos en la cumbre.

La bajada transcurre mucho mejor de lo esperado clavando bastones y buscando las zonas menos pisadas. En poco más de dos horas regresamos a los coches y remoloneamos con las últimas luces, el bizcocho con pasas y nueces de María del Mar y los chascarrillos de la jornada. Mientras tanto, en la otra vertiente, los compañeros del Club Universitario de Montaña de Murcia tienen un percance y una compañera se rompe el tobillo en su descenso por el bosque vertical. Por fortuna, el rescate se efectúa correctamente y, dentro de la desgracia, todo queda en un susto y una paciente recuperación. Desde aquí le deseamos a Fina que pueda volver a disfrutar pronto de la montaña.

fotos

en la sagra


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José Antonio Pastor González


Hago montañas desde que tengo uso de razón. Primero al lado de casa en mi Atalaya y en el Almorchón de Cieza. Después por las sierras de Segura y Cazorla que son mi segundo hogar. Finalmente, y por supuesto, también en Sierra Nevada y el resto de las cordilleras Béticas.

Todas ellas son el terreno de juego protagonista de esta web gracias a la cual disfruto por partida doble: primero subiendo las cumbres y luego relatando mi experiencia. Sed bienvenidos y gracias por vuestra visita.

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