Una de las clásicas del parque natural de la sierra de Castril que remonta el abrupto barranco de Túnez y asciende a las Empanadas, una de las máximas alturas de estas sierras. El descenso se propone por el cortijo de la Puerca y su vereda acrobática.

ficha

sierra de las Empanadas y Cabrilla, P.N. de la sierra de Castril
3 y 4 de enero de 2011
11 horas
19 kilómetros
1500 metros
soleado, frío
senda definida hasta el cortijo del Maestrillo, luego campo a través; orientación fina en el descenso hasta la Puerca, luego senda de herradura muy clara
pincha aquí para ver el croquis
track aquí disponible

Estamos ante una imprescindible del sur. Ubicada en la linde de dos parques naturales — Castril a un lado y Segura y Cazorla al otro — se encuentra esta cumbre cuyos mejores itinerarios, los que realmente le confieren valor y espectacularidad, se encuentran a levante, en la vertiente que drena hacia el río Castril.

No queremos desmerecer con esto la caída hacia Segura y Cazorla; al contrario: también hay subidas muy interesantes partiendo desde Rambla Seca por ejemplo o desde los mismísimos Campos. Incluso existe la posibilidad de efectuar una impresionante cabalgada por todas las cumbres de la Cabrilla incluyendo las Empanadas.

Pero todos estos itinerarios carecen de la verticalidad y el desnivel de los accesos desde el mismísimo río Castril.1Por buscar un ejemplo similar, le pasa lo mismo a las Banderillas con sus dos vertientes: la que mira al Tranco — espectacular, soberbia y vertical — y la que mira a los Campos — alomada, sencilla y tranquila. Y otro ejemplo más: Cabañas desde la Bolera — tremendo — y Cabañas desde Puerto Llano — un paseo.

Hace ya tiempo que quería documentar de forma adecuada una ascensión a este gigante de la Bética por su vertiente más abrupta y salvaje. Así que el día 3 de Enero nos plantamos Lourdes, Moss y el menda en los cortijos del Nacimiento a una hora tranquila: las 11h30m. Algunos podréis pensar: ¿cómo van a subir a las Empanadas en invierno saliendo a mediodía? Está claro que no hay tiempo para hacer esta actividad con luz saliendo a la hora del ángelus pero es que la cosa tiene truco: llevamos todo el arreglo para pasar una noche en las entrañas de la Sierra. Si es que nos gusta tanto…

Empezamos el camino habitual bajo los tubos de la central y hace un día magnífico. En las cumbres se adivina bastante nieve por lo que echamos las polainas no vaya a ser que las necesitemos por allí arriba. Antes de cruzar por el puente de madera — el río baja caudaloso y no se puede vadear sin resfriado seguro — nos fijamos en el chinar de Túnez, el empinado cono de deyección por el que nos vamos a colar en la parte alta del Barranco de Túnez. Hay mucha señalización nueva y las sendas están limpias y muy marcadas. Eso está bien.

Primeras vistas de la cara oriental de las Empanadas

Nada más cruzar el puente la senda se encamina hacia el cortijo de la Puerca pero nosotros tomamos un camino hacia la izquierda que se adentra entre las retamas. La blanca pedrera del chinar está cada vez más cerca. Enseguida entramos en ella y cogemos calor mientras nos colamos entre paredones verticales y árboles imposibles. Tras un rato de subida nos asomamos para disfrutar de la impresionante brecha del barranco de Túnez vista desde aguas arriba. En la vertiente opuesta se adivina un senderillo por el que también se puede acceder a esta zona pero que todavía no he explorado.

La senda continúa ahora a media ladera y con tendencia a descender buscando el lecho del barranco. Todavía no se ve la cumbre de las Empanadas porque hay un poyo que tapa la cima y que se destaca en el espolón que desciende por el collado de la Cruz separando el barranco de Túnez del de la Magdalena. Cuando llegamos al lecho del barranco baja muchísima agua por éste. Buscamos un sitio cómodo para vadearlo y nos pasamos a la margen derecha. Desde ahí, la senda asciende poco a poco junto a un enorme peñasco y unos apriscos. Aprovechamos un claro de sol para comer algo y tomar fuerzas hasta que las sombras nos alcanzan y la temperatura se pone en 3 grados. Hay que seguir caminando.

El camino ahora cruza un arroyo tributario del barranco de Túnez con una bonita cascada y unas pozas que invitan al baño aunque hoy no sea un buen día para mojarse. Seguimos ganando metros entre pinos blancos y caminando por grandes losas calizas hasta que de nuevo la senda pierde un poco de altura y vuelve a ponerse en el lecho. Ahora va haciendo continuos quiebros de un lado a otro para buscar los mejores pasos aunque siempre con tendencia a colocarse en la margen derecha.

La misma que antes pero apaisada

En este último tramo ya es visible la impresionante cara este de las Empanadas que ofrece un aspecto fiero y agresivo. Hace sólo unos días estaba subiendo por la norte del Mulhacén y, aunque las diferencias son obvias, el aspecto que presenta esta vertiente es similar al de un coloso de la alta montaña. Los últimos metros los hacemos por la margen izquierda llevando cuidado de no resbalar con algunas placas de hielo hasta que llegamos a las huelgas del cortijo del Maestrillo.

Allí apañamos la logística de la noche. Montamos el tenderete, nos lavamos, cenamos poca cosa y antes de las seis ya estamos en los sacos. Moss se entretiene dando vueltas alrededor de la tienda y nosotros nos dormimos. Un par de veces salimos a aliviar esfínteres. La primera a las diez de la noche. Saludamos a Orión que se asoma destacado por levante y flipamos con el brillo de Sirio. Aunque lo más impresionante son los millones de puntitos luminosos que jamás percibiremos en el llano. Viendo la inmensidad de este cielo empezamos a comprender qué llevó al Maestro a no querer abandonar este paraje:

El llamado cortijo del Maestrillo fue morada durante cuarenta años de un maestro de escuela llamado Eduardo que un día se echó a vivir al monte para pasar sus días en completa soledad. Era visitado esporádicamente por pastores y serranos; incluso alguno de ellos aprendió a leer y escribir gracias a las enseñanzas de Eduardo. Asimiló de tal modo su aislamiento que se hizo anciano en su cabaña cumpliendo en ella 86 años. Conforme sumaba edad la gente del lugar vivía con preocupación su suerte sobre todo cuando los temporales se abatían sobre las Empanadas. Cuentan que en uno de estos nevazos pasaron muchos días sin saber del maestro por lo que los cortijanos avisaron a la Guardia Civil que consiguió subir hasta la cabaña donde le hallaron muy enfermo. Casi por la fuerza lo ingresaron en un hospital de Granada pero el maestro escapó a la primera oportunidad y regresó a las Empanadas. A los 86 años le falló la vista y pudieron convencerle de que se mudara a Castril a donde bajó con pena.
[…]

La primera vez que visité las Empanadas hacía un mes que habían bajado al maestro. […] Lo que más me sorprendió fue descubrir fuera un hoyo excavado y un saco de cemento que el maestro tenía preparado para que lo enterraran si llegara el caso el primero que lo descubriera.

Juan Carlos García Gallego en Excursiones por el Sur de España

La siguiente vez que salgo son casi las cinco de la mañana y Lourdes duerme profundamente. Hace un frío de mil demonios y mi termómetro marca cuatro negativos. Vuelvo tiritando y me enfundo hasta que el sol nos despierta antes de las nueve de la mañana. El Maestro sabía perfectamente donde tenía que poner su cortijo: desde los primeros rayos a los últimos tenía toda la luz del mundo, incluyendo la de las estrellas.

Desayunamos, recogemos y ascendemos por una vereda cada vez más confusa que busca el collado Salistre. Como llegar hasta el collado supone un gran rodeo le digo a Lourdes que nos hagamos la ladera este en un todo tieso, modalidad que consiste en atravesar las curvas de nivel en perpendicular, justo lo que no recomiendan los manuales. ¿Qué le vamos a hacer? No hay que ser tan empollones.

Resoplando ganamos la divisoria Granada—Jaén y ponemos rumbo al sur a la vez que nos encontramos las primeras nieves ineludibles. Está bastante dura pero como hay poca pendiente no tenemos problemas para progresar. Vamos en paralelo a la alambrada y ganamos tras un buen rato la cima de las Empanadas, máxima elevación de Segura y Cazorla. Hace un día precioso, definido, limpio y sin viento. Disfrutamos de la cumbre un buen rato y nos hacemos fotos. Nos damos cuenta de que la Cabrilla siempre acumula mucha más nieve que el resto de sierras. No en vano, es la que más cota tiene con continuidad y mantiene casi los 2000 metros en muchos kilómetros cuadrados.

Bonita perspectiva de la Sagra

Pero ahora hay que volver. Así descendemos hacia el norte por la divisoria buscando el collado Salistre que ahora sí alcanzamos. En lugar de regresar por el mismo sitio vamos a cerrar la actividad de forma circular. Para ello nos internamos en la vertiente de Puerto Lézar y avanzamos a media ladera bajo las paredes occidentales del cerro de la Carrasca. Así, sin ganar ni perder altura y llevando mucho cuidado con las placas de hielo, alcanzamos una pequeña brecha que comunica de nuevo con el valle de Castril. Este collado, del que desconozco su nombre, conocido como el Portacho, es realmente bonito y se nota muy transitado por el ganado y los pastores.

Cuando levantamos la cabeza vemos la danza paciente y precisa de los reyes de las alturas. Un grupo de quebrantahuesos aprovecha las térmicas para otear todos los rincones buscando el rastro de alguna cabra despeñada o un cervatillo extraviado. Saco rápido la cámara y cazo — fotográficamente por supuesto — la imagen de Malena, una joven hembra de quebranta oriunda del zoo de Berlín. Os pongo la historia a continuación que me ha pasado el amigo Carlos de la fundación Gypaetus:

Malena, de Alemania a Castril

En esta ocasión el ejemplar que observaste es Malena, una hembra liberada en 2009 en la sierra de Las Villas. Es muy interesante el avistamiento, ya que este ejemplar perdió el emisor, por lo que los únicos datos sobre su estado son los que obtenemos directamente en el campo, ya sea nosotros mismos o gracias a gente como tú.

Malena es una hembra nacida en el zoológico “Tiepark” de Berlín. Llegó a España en junio de 2009 y fue liberada el 23 de ese mes en la sierra de Las Villas, junto a otra hembra, “Oliva”.

Tras comenzar a volar a finales de julio, fue ocupando un territorio cada vez mayor, visitando las principales áreas utilizadas por el resto de ejemplares de quebrantahuesos. A principios de la primavera de 2010, Malena perdió el emisor en un pequeño cortado en el término municipal de Riópar, Albacete. Desde entonces el ejemplar es avistado regularmente en áreas de la Sierra de Segura, Castril y la sierra de las Cabrillas.

Tras haber disfrutado del vuelo de estas gigantes y majestuosas aves descendemos buscando el cortijo de la Puerca por una meseta preciosa con amplias vistas que ya conocí cuando estuvimos haciendo el cerro de la Carrasca y que se conoce con el nombre de la Serrezuela. Como en aquella ocasión nos despistamos para acceder al cortijo de la Puerca y perdemos momentáneamente la vereda pero sin consecuencias. Enseguida estamos comiendo un bocado junto al cortijo y disfrutando de un atardecer tranquilo y largo.

Con la vista nos vamos despidiendo de las luces y las montañas. Levantamos los ojos hacia las buitreras, hacia las lindes y puertos, hacia las manchas de pino y las agujas de roca; los grandes neveros atraen poderosamente nuestra atención en la penumbra mientras nos rozamos con las ramas blandas de las cornicabras. Agachamos ahora la cabeza para no despeñarnos en nuestro descenso por la acrobática vereda del cortijo de la Puerca. En el valle la oscuridad gana el pulso y los vapores del río se elevan para adornar el titilar de las primeras estrellas. Es, pues, la hora del regreso.

fotos

en sierra de castril