Precioso pateo que parte del nacimiento del Segura y remonta hasta los cantiles que miran hacia la vertiente del Guadalquivir. Desde arriba, monte a través, nos enredamos buscando un paso practicable para llegar a los Centenares. Desde el despoblado, caminamos siguiendo el valle hacia las Huelgas y finalmente subimos por las Espumaredas.
ficha

sierra de Segura
mayo de 2009
8 h
22 km
1100 m
inestable, fresco, tormenta
recorrido con bastantes tramos de campo a través y lugares escarpados. La salida de las Huelgas hacia las Espumaredas se puede hacer por senda, aunque nosotros vamos por dentro del arroyo. Existe la posibilidad de hacer la ruta circular saliendo por los Miravetes hacia Fuente Segura.
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No existe ningún lugar en la Sierra en el que el olvido haya sido más cruel que en estas aldeas de Santiago-Pontones. Obligadas a desaparecer por los intereses espurios de una administración autócrata y despiadada, muchos de sus habitantes fueron desalojados forzosamente para ser recluidos en un lugar artificial como es Cotorríos, poblado creado por el antiguo Instituto de Colonización para acallar las conciencias.

De la expropiación a la dinamita fue sólo un suspiro y aldeas como las Canalejas sucumbieron entre zarzas y enredaderas al paso de los años mientras otras — las menos — como los Centenares o los Miravetes, resistieron erguidas al olvido, asistidas en su soledad por la compañía de los chopos, los roquedos, los temporales de Poniente y el vuelo preciso de las rapaces de los cantiles.

Son lugares en los que el mismísimo Julio Llamazares se habría podido inspirar para escribir la impresionante Lluvia Amarilla y en lugar de Ainielle, del Sobrepuerto, de Berbusa, estaríamos hablando ahora de los Miravetes, las Huelgas o las Espumaredas como escenarios en los que la locura invade las mentes de los lugareños que resisten la inercia de los tiempos y los caprichos de una justicia humana ciega, absurda y arbitraria.

Estas reflexiones son el poso de un paseo que hice este último sábado, invitado por Ángel — muchas gracias — y en el que nos acompañó Bernardo, una persona de 70 y pico años que nació y vivió en las Huelgas, que se mueve en la Sierra como pez en el agua — es su medio, se nota — y que nos explicaba con paciencia y orgullo cómo sembraban, cómo hacían los caminos, cómo su padre clavó un pitón en la roca para embalsar el agua y regar dos o tres paratas que darían una exigua — y suficiente — cosecha para afrontar los inviernos y sus nieves.

De la expropiación a la dinamita fue sólo un suspiro y aldeas como las Canalejas sucumbieron entre zarzas y enredaderas al paso de los años. 

El paseo discurrió desde Fuente Segura hacia el filo de las Umbrías de Parra. De ahí a los Miradores en leve ascenso y luego, entre los pinos, un descenso vertiginoso hacia el collado de las Hoyas. El grupo se dividió, unos optaron por asegurar la llegada a los Centenares por el camino habitual mientras que otros nos tiramos por un marcado espolón, siguiendo trazas de ganado, hasta llegar al eje del barranco de los Lobos y remontar hacia los Centenares.

De los Centenares me quedo con su limpieza, con sus eras desparramadas en armónica disposición abiertas a los cielos para aventar el cereal. Es preciso plantarse un minuto bajo cualquiera de los chopos, apoyarse en las piedras del camino y repensar cómo era la vida en este centro del mundo. Una vida durísima, muy imbricada con el medio, dependiente de los soles y las lluvias, de las nieves y los vientos, una vida muy auténtica, para nada desnaturalizada por preocupaciones absurdas y cuyo mayor desafío siempre estaría centrado en la supervivencia en el más literal de los sentidos. Una vida arrancada de cuajo por el capricho de quienes vieron incompatibles el ganado y la caza, el serrano y la caza, la tímida agricultura y la caza. Una administración cuya lógica uno-dimensional rezaba: mejor muflones, gamos y ciervos que serranos. Decisiones controvertidas, injustificables… actuaciones que bajo la luz del presente se nos antojan terriblemente injustas y simples.

Una maravilla esta cerrada de Parrate

A ver, que me pierdo… volvamos con el paseo… De los Centenares tiramos hacia los Miravetes (aunque no llegamos a pasar por ellos) y de ahí, tranquilamente, hacia las Huelgas. Una comida bajo los chopos y nos asomamos a la cerrada de Parrate. Y más tarde, para regresar hacia Pontones, en lugar de ascender por el camino de herradura de las Espumaredas, nos adentramos por el mismo arroyo, desafiando a las rocas húmedas y al tiempo de la Sierra, que son las zarzas que van borrando los caminos.

Tan ensimismados estábamos con el agua bajo nuestros pies que apenas advertimos los cúmulos que se formaban sobre nuestras cabezas. Y en un suspiro, la tormenta. Mojados, calados y satisfechos con un paseo por lugares que merecen siempre ser recordados terminamos en Fuente Segura. Esta entrada quiere ser un humilde homenaje a estos lugares, a lo que significan, a los serranos que se tuvieron que marchar con lo puesto, viendo como mientras descendían por las cuestas de la sierra de Mirabueno subían al mismo tiempo las máquinas abriendo camino para entrar a dinamitar sus vidas.

fotos

en la sierra de segura