Itinerario circular que parte de Fuente Segura buscando algunas de las aldeas abandonadas de Santiago-Pontones como los Centenares y los Miravetes. Desde ahí, nos acercamos hacia la cuenca alta del Aguasmulas para disfrutar del nacimiento del río y los famosos merguizos, un reventón similar al que se da en otros lugares de la Sierra como en el río Mundo. El regreso lo efectuamos por la Fresnedilla y el camino de los Miradores.
ficha

sierra de Segura
abril de 2013
dos días (en la práctica, una jornada larga)
28 km
1491 m
estable, calor
traza perdida para bajar al nacimiento desde la Tiná de las Hoyas con inclinación y algún paso expuesto
ver el croquis en un mapa
ver el track en wikiloc

Este sábado pasado tenía motivos para acercarme por la Sierra para acoplarme con unos amigos y hacer las Banderillas siguiendo la clásica ascensión por Roblehondo y el Tranco del Perro. Por razones de logística no podía comenzar desde la zona del Guadalquivir así que planifiqué una ruta alternativa saliendo desde Fuente Segura el día antes por la tarde. (El diseño de esta actividad se lo debo en gran parte a las aportaciones de Paco Lorite que me facilitó: 1) comunicar Fuente Segura con los Miravetes y, 2) un acceso rápido al nacimiento del Aguasmulas desde la zona de la Hoya de la Albardía. Muchas gracias desde esta web por el estupendo catálogo de rutas que aportas por la zona de la sierra de Segura.)

De esta forma, siendo viernes a mediodía y relatando ya en tiempo presente, me quedo asombrado de la cantidad de agua que rebosa el nacimiento del Segura. No hay nadie en el área recreativa y aprovecho para bajar con Moss a tomar algunas fotos. En un descuido el perro se mete en la poza y se marca unos largos sin hacerme caso. Bueno.

Como la pista de los Campos y el carril de los Miradores los tengo muy vistos decido improvisar siguiendo el arroyo de la Fuente de la Puerca que abandono a la altura de Poyo Serbal. Desde ahí me asomo al valle en el que perduran los caseríos de los Centenares y los Miravetes, aldeas abandonadas de Santiago—Pontones que conocieron mejores tiempos hasta el cruel final auspiciado por la administración en la época de la dictadura.

Desde aquí arriba todo el valle parece un decorado: las huelgas tapizadas del verde primavera, la arquitectura serrana sencilla y resistente, las líneas sinuosas de los arroyos y caminos sólo interrumpidas por los poyos y volaeros donde reinan los quebrantas.

Desciendo hacia los Miravetes por una vieja senda que acompaña los restos del tendido eléctrico que daba servicio a estas poblaciones y junto al caserío como un bocado y descanso a la sombra. Como ya es tarde avanzada decido seguir sin demorarme mucho, atravieso el fondo del valle y remonto esforzadamente hacia los Centenares donde encuentro a un par de zagales de Cazorla con los que charlo un buen rato.

Los Centenares

Me despido y tomo el antiguo camino de herradura hacia el Prao de la Peguera y de ahí subo hacia el collado de los Frailes. Pese a todo, es buena hora y puedo entretenerme curioseando aquí y allá. Después de pasar por la Tiná de las Hoyas y un poco más abajo hay un breve colladito que gana vistas a la cuenca del Aguasmulas. Podría parecer una horquilla más sin importancia, de las varias que separan la cuenca del Arroyo del Hombre a mi lado con respecto a la cuenca del Aguasmulas. Sin embargo, ésta tiene trazas de mucho bicho y también de personal que se sube a admirar desde allí el espectacular rincón donde nace el río. Echemos un vistazo pues.

El colladete lleva a una traza estrecha que desciende levemente a media ladera bajo los paredones que remansan los Campos unos 300 metros más arriba. En muchos momentos ésta se diluye entre la pinocha y los desprendimientos pero manteniendo más o menos la misma altura y lógica se llega hasta una enorme covacha que bien podría ser la Cueva del Nacimiento tal y como aparece reflejada en el Alpina. No lo sé.

De la covacha, y guiado por el rugido ensordecedor del Aguasmulas, voy perfilándome hacia la izquierda buscando los mejores pasos por un canchal de piedra gruesa hasta que me encuentro de frente con los merguizos, dos cascadas de igual tamaño por las que rebosa el acuífero de los Campos para alimentar generosamente la cuenca del Aguasmulas. El nacimiento de éste parece quedar algo más arriba, siguiendo una estrecha canal por la que ahora ruge furiosa el agua.

Los 'merguizos' más de cerca

Este sitio es un lugar enriscado y con tanta pendiente que siempre tienes la sensación de estar cayéndote. Busco los mejores pasos para descender junto al río apoyándome en un terreno formado por grandes mogotes de toba y musgo. Moss me sigue a escasos metros y tengo que vigilarlo para que no se meta en el río.

Ya que estoy aquí me gustaría investigar una subida diferente a las Banderillas: las Guitarras. Encuentro en la margen contraria una ladera despejada con una traza ascendente a derecha que parece ser la buena. Quedan dos horas de luz. ¿Por qué no probarla? Vamos a ello, aunque primero tengo que cruzar el río. Busco un vado practicable y no encuentro ningún sitio claro por el que cruzar. El agua baja muy fuerte y el fondo es de piedras grandes y resbaladizas. Mal asunto.

Llevo un bastón. Quizás quitándome los pantalones y sacrificando las botas — mojándolas quiero decir — podría apañarme para cruzar pero… ¿qué hago con Moss? Primero tendría que pasar yo con la mochila, dejar atado a Moss para que no me siguiera y luego regresar a por él. Sus casi 40 kilos no me permiten llevarlo a cuestas y tampoco creo que él pueda cruzar este río tan crecido dando brazadas. Con la familia — en este caso, con Moss — quiero riesgo casi cero así que ni me lo planteo.

Continúo algunos metros en paralelo al cauce para ver si suena la flauta pero conforme desciendo la cosa va a peor porque el río lleva más caudal — va recogiendo agua de otros arroyuelos y veneros — así que finalmente desecho la idea de explorar y cruzar el Aguasmulas y me dirijo a la Fresnedilla por el viejo camino que comunica el cortijo del Recó con la casa de Máximo. Este camino está más o menos transitado porque es la senda habitual que utiliza la gente para subir al nacimiento desde los Bonales. Además, tiene un cuello de botella muy característico para doblar un espolón que culmina en varios pináculos.

En la Fresnedilla, donde aún me queda una hora de luz, me permito una ducha con agua fresquita y un menú consistente en crema de espárragos, jamón con tomate del bueno y pan de pueblo. Veo el atardecer de forma indirecta: la luz rebota en los despeñaderos de las Banderillas y me llega tamizada por la atmósfera brumosa del día cálido que ahora termina. Enseguida me cuelo en el saco y Moss se enrosca junto a mis riñones como es habitual.

Descansamos mucho y bien y a eso de las seis ya estamos despiertos. El termómetro marca 6 grados y la luz del alba se insinúa definiendo los contornos de la vieja parra que hay en el portal de la casa. Desayuno dentro del saco y le doy a Moss todo lo que queda de comida, de la suya y de la mía. Gasto toda la munición porque está claro que no vamos a poder cruzar el Aguasmulas y que, por tanto, me es imposible llegar a Roblehondo para unirme con el grupo que sube desde el Borosa.

Regreso tranquilamente hacia Fuente Segura aunque ahora por camino distinto. En el collado que separa Cubero de la Fresnedilla les dejo un mensaje a mis amigos. Menos da una piedra. Continúo por la Tiná de las Hoyas y desde ahí busco la Hoya del Ortigal sin repetir el camino de ayer. Una vez en la misma, me encuentro con varios 4×4 que suben desde Pontones. Les saludo y me pongo en piloto automático con los auriculares. El carril de los Miradores me lo zampo en apenas hora y media y al llegar al Fuente Segura me encuentro una muy agradable sorpresa: está Jordi con su familia visitando el nacimiento. Un final estupendo para una jornada serrana de las buenas.

fotos

en el río aguasmulas