Partiendo de Santiago de la Espada descendemos a las Juntas por carretera junto al río Zumeta. Luego remontamos hacia Anchuricas y la Toba y cerramos el circuito por Despiernacaballos.
ficha

sierra de Segura
noviembre de 2019
4 h
58 km
1700 m
inestable, frío, lluvia fina
recorrido sencillo por carreteras de asfalto sin apenas tráfico y piso regular salvo un trecho de pista asfaltada con algunos rotos
croquis en mapa no disponible
track disponible aquí

Necesitaba una inmersión urgente en un otoño auténtico, una estación húmeda, fresca, imprevisible, de tonos cálidos y sonidos broncos. Ansiaba contemplar el contraste entre las grises nubes, el rojo de los serbales y el verdor de los pinos. Requería deslizar la mirada por la banda amarilla de los chopos que definen el curso de los arroyos y ríos que todavía conservan su alma.

Y así, urgido por la necesidad más primaria, me planto en Santiago de la Espada dispuesto a devorar el otoño en apenas unas horas. El día anda rudo, con fuerte viento, nubes bajas y unos 6 grados a media mañana. Me pongo el traje de faena y todos los aderezos. Enjaezo la burra y me lanzo por la carretera veloz hacia las Juntas.

Estos primeros kilómetros favorables se mezclan con unos rayos de sol que se cuelan por encima de las crestas de Huebras. Me siento especialmente feliz por lo bien que están encajando las cosas. De vez en cuando me asomo al cauce del Zumeta y me fijo en la senda de la margen derecha que alguna vez recorreré. Mientras tanto, me conformo con escudriñar los vericuetos y quiebros de este hermoso río de montaña que una empresa mercenaria, Iberdrola, deja seco más abajo de la presa de la Vieja.

En la aldea de Tobos me detengo para coger agua del pilón y hacer alguna foto. Me sobrecoge el silencio de las calles y entiendo que una gran parte de estas casas tienen vida en verano porque están arregladas. Sin tiempo para más me dejo llevar, paso por el Morrión y continúo bajo la mirada atenta de los leonados que trazan sus circunferencias sobre los cantiles de los Macalones y la Molata de los Almendros.

De repente, las Juntas. Parada obligada para echar un vistazo al río y para ponernos en modo subida. Me quito los guantes y el gorro y devoro una manzana. El cartel del término de Santiago-Pontones está muy deteriorado. Cada vez le quedan menos teselas. Yo siempre lo miro con detalle: me fijo en los nombres y me asombra — ¿cómo no? — lo enorme que es este municipio y todo lo que abarca. Sólo le falta el mar.



No dispongo de mucho tiempo y pronto sigo dando pedales buscando el embalse de Anchuricas. He cambiado de río pero no de sierra que sigue siendo la de Segura. Encastillada bajo los farallones del Calar de las Pilillas está la aldea de Miller. Adivino su castillo roquero y el primero de los puntales que, en armónica sucesión, convergerán en el enhiesto puntal de los Canteros, probablemente el mejor mirador de la cuenca alta del Segura.

«Las cosas que no se nombran al final acaban por dejar de existir y por eso las traigo aquí: las Gorgollitas, el Carrascal, los Paulinos, los Galdones y la Fresnedilla.»

Pero antes de eso están las cuevas de los Anguijones y enfrente el Parralejo donde hace casi 30 años una señora mayor me dio de cenar en su casa cuando era un mochilero hambriento que venía desde Puerto Marchena. En la explanada donde dormí aquella noche hay una fuente del Icona que a día de hoy está cegada. Una muesca más que añadir en el debe de estas montañas dejadas de la mano de la administración. Pero tampoco vamos a dramatizar, en el haber están las luces, los bosques, las salamandras y las aguas cantarinas. Eso sigue ahí después de 30 años y espero que perdure para, al menos, 3000 años más.

Anchuricas me recibe con un tono apagado. Es el reflejo del cielo oscuro que amenaza con romper de un momento a otro. Busco algún encuadre para hacer alguna foto interesante pero desde la carretera no localizo nada que merezca la pena. Tendría que descender a la orilla pero lo dejo para otro día. Continúo hasta la cola misma del embalse no sin antes percibir que, en el desvío a las Gorgollitas, no hay un triste cartel que lo indique. Las cosas que no se nombran al final acaban por dejar de existir y por eso las traigo aquí: las Gorgollitas, el Carrascal, los Paulinos, los Galdones y la Fresnedilla.

En el cruce de la Toba evalúo el panorama. Mi intención inicial consiste en remontar el río Madera y ascender a la carretera de la Cumbre por Arroyo Canales. Luego tirar hacia Pontones y de allí a Santiago. El día está cada vez más inseguro y yo no quiero torrarme con el horario así que me embarco en un nuevo y más asequible desafío: subir Despiernacaballos sin echar pie a tierra.

En la Toba me detengo junto al viejo puente. Los paneles del Bosques del Sur están destrozados por algún gilipollas. Más deteriorado aún está el cartel de la Junta del consultorio. Sevilla queda muy lejos de aquí y hay pocos votos que rascar. Cada vez tengo más claro que esta sierra deberá sobrevivir por sí misma. Es duro pero es así.


El (no) caudal ecológico del Zumeta

Es rarísimo encontrar ríos naturales en nuestras montañas. Todos ellos han sufrido la intervención humana de las más diversas formas: derivaciones, azudes, presas, canalizaciones, etc. El Zumeta no se salva y unos kilómetros antes de liberar sus aguas en el Segura se remansa en el embalse de la Novia.

Por un Zumeta Vivo
Por un Zumeta Vivo

La explotación eléctrica de dicho embalse corresponde a Iberdrola que, a día de hoy, sigue derivando el 100% de los caudales del río Zumeta hacia la central de Miller sin dejar ni un litro por segundo de caudal ecológico. En la práctica, el Zumeta es un río muerto desde la presa de la Vieja hasta las Juntas.

Actualización a 13.11.2019. Iberdrola anuncia que ya tiene todos los permisos y que comenzará las obras en breve para restaurar el caudal ecológico del Zumeta. Seguiremos atentos la evolución de esta historia.

Varios colectivos y habitantes de la zona ya han denunciado esta situación. Queremos ríos vivos en nuestras montañas del sur.

Imagen extraída de la convocatoria en Facebook.

Fuentes consultadas:
La Contra de Jaén
EQUO Jaén
Diario Jaén


La pista de Despiernacaballos remonta por laderas imposibles y busca los escasos puntos débiles para ganar más de 500 metros desde el valle del Segura hasta las faldas del Almorchón a casi 1600 metros. Sopla un viento del norte que me pone a prueba en algunas de las zetas cuando lo llevo de cara. Por suerte la parte final busca netamente el sur por la vaguada del arroyo de Cañada Hermosa.

En el cruce con la A-317 vuelvo a ponerme los guantes y el impermeable. Desde aquí me dejo caer 5 kilómetros a plomo casi sin tocar los pedales para entrar en Santiago bajo una fina lluvia y 4 grados de temperatura. Le doy un toque al bueno de Andrés Ortiz Tafur por si le apetece un café pero no podemos cuadrar los horarios. Me conformo con un bocado rápido y salgo para casa conduciendo hacia el Puerto del Pinar.

Al llegar a la Puebla el sol vuelve a lucir, las nubes navegan a más de 2000 metros y el sol rebota en la fachada norte de María. Los verdes ya no dominan la paleta del paisaje y las carreteras son rectas y anchas. El horizonte es amplio y la vida parece más sencilla. Pero quizás no tan hermosa.

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José Antonio Pastor González


Hago montañas desde que tengo uso de razón. Primero al lado de casa en mi Atalaya y en el Almorchón de Cieza. Después por las sierras de Segura y Cazorla que son mi segundo hogar. Finalmente, y por supuesto, también en Sierra Nevada y el resto de las cordilleras Béticas.

Todas ellas son el terreno de juego protagonista de esta web gracias a la cual disfruto por partida doble: primero subiendo las cumbres y luego relatando mi experiencia. Sed bienvenidos y gracias por vuestra visita.

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