Ascensión al Padroncillo desde el mismo pueblo de Riópar subiendo primero por el curso del río Mundo hasta los Chorros y el Puerto del Arenal. Desde ahí a la cumbre se repite el camino de subida y bajada. El regreso a Riópar se propone por el Campamento de San Juan.
ficha

sierra del Segura, Albacete
mayo de 2019
4 h
35 km
1200 m
inestable, llovizna, viento
recorrido por senda técnica al principio hasta los Chorros, luego pistas amplias y carriles cómodos; fuertes pendientes en la subida a la cumbre
croquis en mapa no disponible
track disponible aquí

Hemos vuelto. Han sido casi 4 meses sin subir a una montaña desde el mes de Enero de 2019. Y en la web más de 5 sin actualizar los contenidos. ¿Los motivos? Fundamentalmente uno: parada biológica. La familia ha aumentado y todos los esfuerzos están concentrados en una única dirección. No obstante, en cuanto las aguas han ido volviendo a su cauce y hemos visto un breve margen lo hemos aprovechado. Vaya que sí. Muchas gracias a quienes lo hacéis posible: mis patrocinadoras Lourdes y Juani.

Tenía apuntada esta montaña desde hace un porrón de años. Muchas veces superando el puerto del Arenal mientras me miraba desafiante con sus cresteríos y poyos de la cumbre. Pero siempre pensaba: más adelante. Y mira tú por donde, hoy ha sido el día elegido.

De Murcia me traigo el calor y el solazo de un Mayo sofocante en estos días. Pero en los llanos que transcurren entre el cruce de Molinicos y el puerto del Peralejo ya comprendo que voy a criar cagarrias. En el descenso hacia Riópar por las curvas me cae abundante agua y aprecio los márgenes de la carretera encharcados. Esta noche ha tenido que llover bastante por aquí.

Al llegar a Riópar detengo la furgo junto al cruce de la carretera de Siles. Hay 11 grados, 14 menos que en Murcia y está lloviendo. Por suerte me he traído todo el arsenal de ropa por si acaso. Son muchos años ya de sorpresas y cambios brutales de meteo en apenas 100 kilómetros en línea recta. La magia del relieve y las alturas, la misma que nos condena a ser la región más árida de la España continental.



Me hago el remolón y almuerzo algo dentro del vehículo mientras lentamente me visto de bici. Con buen criterio modifico el sentido del itinerario para empezar remontando por la senda del río Mundo que, por su margen derecha, se adentra en la espesura de la umbría del Calar bajo robles, pinos y encinas. Así estaré protegido del viento y la lluvia.

Este camino me está sorprendiendo mucho. El musgo domina la paleta y me detengo cada 50 metros para hacer una foto o admirar el río Mundo recién alumbrado desde las entrañas del Calar. En un momento dado la senda se aparta del cauce para ascender por unas pendientes imposibles para mi fuerza y técnica y debo echar pie a tierra. No hay problema. Así me da tiempo a gozar con más detenimiento de este santuario.

La cosa se pone técnica

Por encima del dosel arbóreo escucho ráfagas de viento y el constante sonido de la lluvia. Me alegro por mi elección. Me siento seguro bajo este laberinto de ramas y contraluces que apenas me dejan vislumbrar el cielo y el horizonte.

De repente comienzo a escuchar voces y así, de improviso, aparezco en la explanada del aparcamiento de los Chorros donde hay un par de autobuses y algunos vehículos privados. Consulto con el agente forestal (gracias amigo Rafa) la posibilidad de acercarme a ver el nacimiento y me sugiere hacerlo por la pista reservada a minusválidos que es amplia y sin escaleras. Genial.

Después de disfrutar del paraje de los Chorros enfilo hacia el puerto del Arenal. En lugar de ganarlo por asfalto me encaramo por una senda muy trillada que comunica directamente con el área recreativa del puerto. Una vez allí arriba y completamente solo me apalanco en la caseta de madera a comerme un bocata mientras espero que el temporal baje decibelios.

Conozco una pareja de eslovenos en modo bike-packing haciendo la ruta Cádiz—Valencia e intercambiamos impresiones. Les comento que estas montañas son muy parecidas a las suyas y me dan la razón: el Mundo no llega a tener la espectacularidad esmeralda del Soča ni las Almenaras se yerguen tan fieras como el Triglav, pero los colores, los bosques y las rocas sí que guardan semejanzas. Su idea es seguir más o menos el GR7 desviándose hacia los puntos más interesantes fuera del trazado. Nos despedimos y nos deseamos suerte en nuestros respectivos periplos.

Ha dejado de llover y el viento aúlla con menos fuerza. Aprovecho para lanzarme por la carretera hasta el cruce de la Venta Mendoza. Allí cojo una pista forestal en perfecto estado que va remontando las laderas del Padroncillo. El camino alterna breves descansos con fuertes rampas entre grandes rodales de pino rodeno. Voy sorteando los lugares más complicados hasta que, de repente, la cobertura arbórea desaparece y me encuentro totalmente expuesto en la descarnada superficie calar de la cumbre.

Estoy muy feliz: después de ser papá de familia numerosa esta es mi primera montaña

Los últimos metros son, posiblemente, los más duros. Unas rampas de cemento sostienen el camino en los lugares más vulnerables mientras accedo a la cumbre defendida por varias antenas y casetas. De momento apenas tengo visibilidad y me hago el remolón entre las construcciones protegiéndome del viento. Como no tengo mucha prisa exploro una raspa hacia el sur con pasos muy estéticos que desemboca en una dolina junto a tres pinos blancos solitarios.

«Disfruto mi enorme suerte, el haber llegado a la fiesta justo cuando sacaban la tarta.»

Van pasando los minutos hasta que, de repente, el sol gana paso entre las nubes y el viento levanta los jirones enganchados en la zona del Calar. En cuestión de pocos segundos el telón se abre y puedo contemplar todas mis montañas: desde las Almenaras al norte hasta la Sagra al sur. En lontananza la sierra de las Villas y el laberinto de Segura. En el plano corto casi puedo tocar el mirador de los Chorros y el Padrastro que asoma orgulloso entre otros cerros de menor entidad.

Disfruto mi enorme suerte, el haber llegado a la fiesta justo cuando sacaban la tarta. Identifico pasos y líneas en laderas y escarpes mientras me dejo secar por el sol de la tarde. Únicamente el Calar de la Sima y la Sarga—Padrón permanecen enclaustradas bajo unas densas nubes como queriendo señalar su prominencia sobre el resto de cimas.

Pero tengo que volver a casa. Sin apenas dar un pedal llego hasta la carretera que une Siles con Riópar y aprieto los dientes para volver a ganar el Puerto del Arenal. (La coordenada z de esta subida no se ha reflejado en el track.) Desde el mismo me dejo caer a Riópar por pistas y carriles secundarios ajenos al tráfico y al asfalto. Cuando llego al pueblo me recibe una temperatura de 19 grados, un sol tibio y campos de amapolas que adornan los ribazos. Este lugar me encanta. Volveremos.

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