Paseo por los valles de Ordiso y Otal. Se accede por el río Ara subiendo el GR11 y luego remontamos el valle de Ordiso para, por el collado del mismo nombre, descender el valle de Otal hasta el puente de Bujaruelo.
ficha

valle del río Ara, pirineo Aragonés
julio de 2010
6 h
22 km
1020 m
inestable, tormenta
recorrido por carriles y sendas muy marcadas que, en principio, no revisten dificultad, salvo el tramo para ascender al collado de Ordiso que se efectúa campo a través; nosotros nos despistamos en el descenso y lo hicimos improvisando, aunque en el track está corregido
pincha aquí para ver el croquis
track aquí disponible

Se acabó el verano. Estamos de vuelta. Para empezar a rodar he descargado las tres tarjetas de fotos en el ordenador — dos gigas cada una — con la cosecha de imágenes mientras España le da un repaso a Líbano en el mundial de baloncesto. Entre canasta y canasta ojeo las imágenes y siento que tengo mucha tarea diversión acumulada. Será cuestión de empezar por un plato suave para desengrasar mi cabeza y el blog.

Nuestro primer viaje fue a Pirineos. Estuvimos allí diez días en Julio y algunos fueron bastante frescos, tormentosos e inestables. Como no estaba el tema para meterse en berengenales de altura nos dedicamos a hacer excursiones de un día. En este post nos vamos a ocupar de describir un paseo circular por los valles de Ordiso y Otal. Tras dejar el coche junto al puente de San Nicolás de Bujaruelo nos ponemos en la margen izquierda del río Ara y remontamos el GR11 por un camino delicioso entre praderas, bolos redondos y altas bujeas.

De vez en cuando los prados dan paso a zonas cerradas de hayas en las que es prácticamente imposible hacer una foto potable dada la poca luz que dejan pasar en este día nublado. La senda, tras salvar un desprendimiento y una fuerte subida, desemboca en un carril sin tráfico que nos lleva hasta el refugio de Ordiso o del Vado. Nos hemos cruzado con unas pocas personas en el recorrido. De aquí en adelante no veremos a nadie en casi cinco horas. Y ahí enfrente está Ordesa en verano a escasos dos kilómetros.

Cruzamos el río Ara por un puente de obra y remontamos el valle de Ordiso por una senda muy poco marcada entre cardos y lirios. Es un valle de clara vocación ganadera y hay muchísimas vacas desperdigadas entre la hierba. Llevamos a Moss atado para que no se ponga nervioso él y para que no se pongan nerviosas ellas. Ya he tenido experiencias sobrenaturales con los mansos bóvidos en laderas herbosas de Picos y prefiero no repetirlas.

Flores 3

El valle es pequeño y encajonado y está rematado por una preciosa cascada que desagua el barranco de Ferreras. Tras echarle un vistazo al precario refugio y comer un bocado rápido — esto lo digo por cómo está el día que si no, menuda siesta hubiera caído — encaramos la subida hacia el collado de Ordiso campo a través sorteando los cardos y las boñigas. Es una subida disfrutona entre verdes prados, campas de lirios y roquedos de formas curiosas. Entre resoplidos y sin sufrir mucho acabamos asomándonos al valle de Otal y la fiera cara Norte de la Sierra Tendeñera cuyas cumbres están ya ocultas por las nubes.

El descenso tiende hacia el Norte mirando al collado de Tendeñera que es una ventanita abierta de luz que nos llevaría directos a la zona de Panticosa. No obstante, nosotros debemos girar al Sur y descender siguiendo el viejo trazado del GR11 para buscar el refugio de Otal. En algún momento indeterminado nos despistamos y seguimos una traza de ganado equivocada hacia Levante.1Este punto concreto donde nos extraviamos se denomina en el mapa del IGN Suerte Alta y en él el GR11 vira de forma brusca de este a oeste. Dejamos de ver las señales del GR pero como la senda está muy marcada y desciende no nos inquietamos. ¿Por qué nos vamos a preocupar si vamos en buena dirección perdiendo metros?

Ingenuos.

La senda de repente estabiliza su altura y avanza a media ladera en paralelo a las curvas de nivel y sin bajar al valle que queda unos 300 metros por debajo en la vertical. ¿Qué hacer? Como tampoco tenemos muy claro lo que ha pasado y dónde hemos perdido el buen camino nos tiramos ladera abajo. Estamos frente a una pendiente de 45 grados reventada de cardos, hierba, boñigas y lirios. ¡Qué bonitos los lirios! Acabaremos odiándolos.

Lourdes y Moss contentos. La sierra del Turbón enfrente

Pues sí. La cosa se pone fea. La hierba está muy húmeda de las lluvias anteriores. El cielo cada vez se cierra más y los resbalones son más frecuentes conforme avanzamos. Para colmo, justo cuando pensábamos terminar, la pendiente presenta un resalte rocoso de 20 metros que imposibilita ganar la pista del fondo del valle. Al final nos tenemos que descolgar malamente cruzando el cauce de un barranco. Al llegar a la pista miramos para arriba y nos decimos: joder, no puede uno confiarse porque parecía una cuesta de vacas…

Regresamos por el fondo de este hermoso valle glaciar y en las revueltas que descienden hasta el Puente de Oncins comienza la lluvia anunciada por los truenos. Es lo que hay. Toca criar cagarrias. Al llegar al coche vemos subir a los del 112. Al final acabarán evacuando a los campistas de San Nicolás. Es lo que hay. Es verano, es Pirineos, es la tormenta.

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