La Sierra de María dejó pronto de ser una desconocida y enseguida acometimos la subida normal a su cima, el Alto de la Burrica. Repetí varias veces, con viento, con nieve, con sol, con niebla, tirándonos por bajadas distintas, y así una-tras-otra.

Sin embargo, la impresión que tenía es que María — la Sierra — no me estaba ofreciendo lo que yo creía adivinar desde la autovía. Me refiero a que en mis ascensiones para nada me encontraba escuchando esa sinfonía de pináculos, torreones y precipicios que adornaban las alturas y el cielo de los Vélez. Y es que me estaba equivocando: para disfrutar de sinfonías había que cambiar el destino. El lugar adecuado, el Maimón.

Desde hace ya mucho, desde mis primeros viajes a Sierra Nevada, siempre me había fijado en las montañas tan espectaculares que se yerguen sobre Vélez Rubio, prácticamente encima de la misma autovía. Me dijeron: es la Sierra de María y yo me lo apunté en mi libreta de ascensiones pendientes que tiene cada vez más entradas y menos salidas.

La Sierra de María dejó pronto de ser una desconocida y enseguida acometimos la subida normal a su cima, el Alto de la Burrica. Repetí varias veces, con viento, con nieve, con sol, con niebla, tirándonos por bajadas distintas, y así una-tras-otra. Sin embargo, la impresión que tenía es que María — la Sierra — no me estaba ofreciendo lo que yo creía adivinar desde la autovía. Me refiero a que en mis ascensiones para nada me encontraba escuchando esa sinfonía de pináculos, torreones y precipicios que adornaban las alturas y el cielo de los Vélez. Y es que me estaba equivocando: para disfrutar de sinfonías había que cambiar el destino. El lugar adecuado, el Maimón.

La ruta la diseño ayudándome del libro de Carlos. En él se explica la controversia con la toponimia y también las dificultades que ofrece la divisoria principal del Maimón hacia el Este. Dejamos el coche en la primera salida de Vélez Blanco y ascendemos por el cauce del barranco de la Cruz del Pinar que baja con agua de las últimas lluvias. Aunque Carlos propone seguir el carril en su libro nosotros mantenemos el fondo del arroyo porque evitamos los abundantes rebaños — vamos con Moss — y también porque es más divertido.

Después de superar dos diques salimos definitivamente al carril y lo seguimos un rato hasta que hace una curva de 180 grados. Aquí lo dejamos para tomar una senda que asciende por la margen derecha — orográfica — del barranco y que pronto se pone confusa entre terrazas de repoblación. Como estamos viendo la cima del Maimón y sabemos a dónde tenemos que ir nos vamos perfilando hacia el Sur hasta encontrarnos con una senda muy marcada que — en horizontal — nos lleva hasta el collado de la Buitrera donde comemos.

Mientras mastico el bocata de atún sopeso hacer la cima desde aquí mismo entrándole directamente por el collado y su arista Noroeste. Al final me decanto por hacer la vía normal que entra por el Este ya que hincarle el diente por el Noroeste supone ganar unos cuantos bordillos y un punto de incertidumbre que no me apetece para nada con el estómago lleno después de la comida. Así pues, tomamos una senda que gana altura levemente hacia el Este y que busca la divisoria principal. Es un tramo encantador con pinos, vistas y nieve dura que disfrutamos hasta que nos da el solecito y contemplamos la autovía desde muy arriba y Vélez Rubio allá abajo.

Abandonamos la senda y cogemos la divisoria ahora hacia Poniente y después de un par de breves collados nos hacemos la foto de familia en el vértice. Disfrutamos de las vistas y deshacemos lo andado hasta el segundo collado que se destaca por unos pliegues imposibles y un destrepe sencillo. En lugar de seguir por la divisoria preferimos acortar y nos tiramos bosque abajo buscando la senda.

El regreso es tranquilo, las luces de la tarde van virando al oro y unos cúmulos rezagados de los últimos frentes adornan el horizonte que alcanza más allá de Carrascoy y Espuña. Antes de llegar al coche levanto la cabeza y disfruto de las últimas luces reflejadas en los roquedos de las Iglesias. Por fin hemos degustado la versión más abrupta y vertiginosa de María.

Para terminar os pongo unos datos técnicos: 12 kilómetros y medio, 850 metros de desnivel positivo y 4 horas y media. Por último, un croquis de la ascensión:

Croquis de la ruta