Fue a principios del XXI, vivía en Murcia y trabajaba demasiado. Habían pocas oportunidades para salir pero las saboreábamos bien. En Junio me escapé con Bernardo en mi polo verde y lo rajé subiendo a los Prados de Juan Ruiz por la pista del Espino. Aparcamos en el carril que baja al Cortijo de la Espinea y nos zampamos un bocata bajo los chopos.

[Material nostálgico: Junio de 2001]

Estamos pasando una época punta y apenas damos abasto para alumbrar nuevas entradas — que conste que tengo pendiente la ventolera del fin de semana pasado, cuando la ciclogénesis nos pilló de lleno en el Alhorí. Pero no pasa nada, para estas épocas de ferviente actividad siempre tengo en la reserva algunas fotos y apuntes de cosas que hicimos años ha, cuando todavía teníamos algo de pelo y hacíamos las fotos usando una réflex que tragaba carretes carísimos de Velvia 50. Nunca he vuelto a ver el verde de la primavera como en esas diapositivas y me genera tristeza el escaneo porque no refleja ni la décima parte de lo que alegra una diapo en el salón de casa cuando enchufo el proyector. En fin.

Fue a principios del XXI, vivía en Murcia y trabajaba demasiado1Hay cosas que nunca cambian, aunque ahora es por gusto, antes era por obligación. Habían pocas oportunidades para salir pero las saboreábamos bien. En Junio me escapé con Bernardo en mi polo verde y lo rajé subiendo a los Prados de Juan Ruiz por la pista del Espino. Aparcamos en el carril que baja al Cortijo de la Espinea y nos zampamos un bocata bajo los chopos. A la noche me descubrí varias picaduras de chinches en el vientre y las ingles. Eso por llevar pantalón corto.

Ascendimos buscando el portillo de la Espinea, luego pasamos de ahí a su Puntal regocijándonos al encontrar un tejo milenario en las sombras casi perpendiculares de un agudo cejo. Nos esforzamos un poco más y apuramos el Calar de la Cabeza de la Mora2Éste es uno de los calares más humildes que conforman el curso alto del Segura. Lo encontramos junto al potente calar de la Sima, vecino del calar del Cobo y enfrente del calar de las Pilillas hacia el Sur para asomarnos al vértice de las Majaícas. Hacía un día precioso, azul hiriente, con viento fresco del Noroeste y unos cirros perezosos descolgados de alguna borrasca que estaría dejando lluvias muy al Norte.

A día de hoy conservo estas diapos casi con tanto esmero como mis recuerdos. Tengo que volver pronto por ahí para sacar una ruta circular desde el mismo Segura — desde la aldea del Parolix — y espero que esta entrada sea un estímulo para no tardar demasiado. La primavera me está esperando en los prados del Cortijo de la Espinea.