Vía de escalada clásica en terreno de aventura para ganar la cima del Pico del Tejo por el marcado espolón norte. Roca excelente, pinos centenarios, dificultad moderada y muchas posibilidades para protegerse en una de las montañas más destacadas del noroeste murciano.
ficha

sierras del noroeste, Murcia
octubre de 2021
6 h
265 m de vía de escalada; junto a la aproximación y el descenso suman 5 kms
400 m
estable, fresco
actividad de escalada clásica con un recorrido de 265 m, dificultad D inf, Max 5-; recomendamos llevar juego de friends, juego de empotradores y cordinos largos para lazar árboles
croquis en mapa y croquis de la vía disponibles más abajo en el texto
track disponible aquí

Ya lo decía Hannibal Lecter: codiciamos lo que vemos. Y desde mi casa lo tengo enfrente, ahí mismo, mostrándome su espinazo de roca salpicado de robustos pinos y sombras impenetrables. Hablé con Félix y él también lo tenía en mente así que acordamos estudiar el tema, preparar el terreno e intentar el abordaje.

Y para eso estamos hoy aquí a primeros de octubre. Hace una mañana húmeda, fresca, típica del Campo de San Juan a estas alturas del otoño. Los arces y rosales ya viran al cálido y las brumas se estancan en las vaguadas dejando asomar las llamas de los chopos.

Dejamos el coche en lo más alto del puerto donde hay visibilidad completa en todas direcciones1Punto de inicio: dejar el coche en las proximidades del Cortijo del Puerto, justo en el puerto de la carretera comarcal MU-702 entre Archivel y Campo de San Juan (km 17,6; coordenadas UTM 30 S; X: 579481; Y:4223597). El Tejo está oculto y rodeado tras las nubes pero, conforme pasen las horas, sabemos que el telón se abrirá y podremos contemplar el escenario de nuestra aventura. Por un viejo camino entre campos de labor nos acercamos al collado que separa el Cerro Moreno al norte y el pico del Tejo al sur. Está muy poco definido pero hay varios hitos que marcan el sendero y, salvo algunos tramos, se sigue bien.

En la explanada del collado la senda se difumina y prácticamente se pierde. Viramos hacia el sur y buscamos el comienzo del espolón. En una calva en la ladera, que se aprecia perfectamente en la distancia, destaca un bolo de piedra del tamaño de una lavadora. Éste nos indica perfectamente el pie de vía2Coordenadas X: 580581; Y: 4223697.

Nos acercamos caminando a la base del zócalo rocoso por donde vamos a comenzar. Félix talla con la maza una flecha para señalar la dirección y el sentido de este primer largo que remonta en diagonal a derechas. El terreno es muy asequible pero la niebla ha humedecido la roca y los pies apenas agarran. Hay que andarse con cuidado y afirmar muy bien las manos.



No sabemos exactamente qué nos vamos a encontrar más arriba. Si la dificultad crece, este terreno resbaladizo nos va a poner en apuros. Félix monta una primera reunión en un pino y pronto estoy junto a él. Al ir de segundo he podido forzar unos pasos de placa muy simples pero también muy traicioneros en estas condiciones. Por suerte, parece que la roca aquí empieza a estar más seca. En esta primera aproximación evitamos los muros más tiesos y logramos colarnos entre las jumas y los estrechos pasillos de roca característicos de esta montaña. Nos llama poderosamente la atención la presencia de algunos hitos que parecen marcar un itinerario hacia arriba evitando las complicaciones.

Ahora vamos remontando buenamente por el espolón por terreno cada vez más divertido y sin excesivas dificultades: una canal, un arco de roca, un pequeño muro. Aún así, mantenemos siempre la cuerda fuera hasta llegar a la base de un muro con una chimenea. Noto que le brillan los ojillos a Félix. Ha encontrado ese detalle singular que enriquece el dibujo de la vía y le otorga un perfil más auténtico si cabe.

Croquis de la ascensión

Montamos la reunión a cañón al comienzo del tubo y desaperece engullido por la roca. Me saluda por una ventana con la mano y continúa hacia arriba. El terreno parece complicarse y así me lo demuestra el rato largo que estoy en la reunión pendiente de los movimientos de la cuerda. Pasa el tiempo y me apalanco en el suelo y escucho los golpes de la maza y el cantar apagado de los clavos que no entran en las falsas fisuras. ¿Qué estará pasando por ahí arriba?

Después de un largo rato Félix salva la dificultad más peliaguda y monta reunión, por fin, al sol. Hablamos por los walkies y me anuncia: cuando quieras Jose. Me empieza a recuperar cuerda y me adentro en la chimenea. Empotro espaldas, riñones, hombros, cuernos, rabo, lo que haga falta para no escurrirme. Recupero todo el material y llego a un breve promontorio súper aéreo donde te puedes quedar de pie sin problemas. Recupero mi mochila que previamente hemos ascendido para caber por el tubo y me dispongo a superar un paso en A1.

Pero antes, debo desmontar el tinglado de clavos y cintas con los que Félix ha protegido este resalte desplomado. Finalmente, me supero a mí mismo ganando los escalones del estribo con un estilo lamentable agarrándome a todo y dejándome la piel — literal — en la roca húmeda. Ya sólo queda un corto tramo de espolón hasta llegar a la zona más plana previa a la cima. Genial.

Cuando llegamos arriba estamos exultantes. Ha salido una vía preciosa. Aún así, somos conscientes de que hemos hecho la primera pasada. En la siguiente, un par de días más tarde, Félix se descuelga desde arriba cargado como una mula para estudiar la posibilidad de enderezar los largos. Por este motivo coloca algunos parabolts en determinados muros clave que permiten una escalada más continua, segura y coherente.

En una tercera aproximación, de nuevo juntos y desde abajo, probamos ya la vía completa para ver qué tal queda y para acotarla correctamente. El resultado es todavía más satisfactorio: los muros tienen una roca cojonuda así como los suficientes agarres para que la dificultad no se vaya de madre en una vía de aventura como esta.

Como guinda a esta tercera exploración, encontramos una bajada mucho más cómoda y lógica por el espolón suroeste. Siempre por lanchas de roca adherentes y firmes alcanzamos la Rambla del Puerto que nos devuelve al punto de inicio. Mejor imposible.

En resumen, una escalada muy atractiva a una de las montañas más esbeltas del Campo de San Juan. Cuando la mire desde casa, mis ojos la contemplarán de otra forma. ¿Cómo? Exactamente como Rébuffat nos cuenta: el alpinista es quien conduce su cuerpo allá donde un día sus ojos lo soñaron.

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