¿Por qué hay tan poca información de las sendas y caminos que recorren el parque natural? ¿Por qué no se mantienen las sendas de piedra seca?

Más aún, ¿por qué estas sendas desaparecen reventadas por jorros, carriles y pistas que la propia administración abre a diestro y siniestro?

Lo que son las cosas. Esta tarde estaba revisando libros viejos de la Sierra y me he encontrado un clásico: Andar por el Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y las Villas. En la contraportada me encuentro esto:

Son muchos los males que aquejan a estas bellas sierras: incendios, masificación, urbanizaciones, salvajismo y un largo etcétera. Como única respuesta, se ha optado por mostrarnos este inmenso lugar desde una vitrina, desde una barandilla, restando a la geografía española la posibilidad de disponer de un lugar de cualidades incomparables para la práctica del montañismo…

Además del significado del párrafo en sí me ha sorprendido el hecho de que está escrito en los años 80. O sea, que hace ya más de 20 años el autor de este libro, Gonzalo Cantos Crespo, ya advertía una realidad que se ha acentuado con el paso del tiempo: que la gestión del parque únicamente está enfocada al visitante de barbacoa, al turista de 4×4 y al viajero que no camina más allá de cien metros de la puerta de la casa rural en la que se aloja.

¿por qué los montañeros nos tenemos que sentir como furtivos en el parque natural?

Lo primero que me gustaría dejar claro es mi respeto para quienes visitan la sierra y se encuadran en alguno de los patrones ya mencionados. Para gustos los colores y cada uno es libre de emplear su tiempo de ocio como le apetezca, sobre todo si hablamos de unas vacaciones bien merecidas. Además, las circunstancias personales son cambiantes y no es lo mismo ser joven, llevar niños, acompañar a personas mayores, ir en plan pareja romántica, etc.


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Jaras. Arroyo de Guazalamanco

Pero a donde quiero llegar es a plantear la siguiente pregunta que resume todas mis inquietudes: ¿por qué los montañeros nos tenemos que sentir como furtivos en el parque natural? Y es que, en la misma línea de Mourinho, os voy a poner una lista de interrogantes:

  • ¿Por qué la reglamentación de vivac es tan restrictiva hasta el punto de que es imposible — normativamente — hacer travesías y recorridos de envergadura?
  • ¿Por qué hay tan poca información de las sendas y caminos que recorren el parque natural? ¿Por qué no se mantienen las sendas de piedra seca? Más aún, ¿por qué estas sendas desaparecen reventadas por jorros, carriles y pistas que la propia administración abre a diestro y siniestro?
  • ¿Por qué hay tantos kilómetros de carriles y pistas abiertos al tráfico a motor favoreciendo el acceso indiscriminado a lugares de altísima sensibilidad?
  • ¿Por qué hay tanta desidia y dejamos que se arruine el patrimonio histórico de los serranos: casas, caminos, topónimos…?
  • ¿Por qué de 100 montañeros que visitan el parque 98 acaban haciendo el Borosa y los otros 2 tienen que esconderse para pasar la noche bajo un chaparro o un roble cerca de la Calarilla o acoplarse en uno de los refugios de pastores de los Campos?
  • ¿Por qué hay tanta afluencia en unas zonas y otras permanecen anónimas y ajenas cuando guardan exactamente los mismos valores?
  • ¿Es este modelo de turismo — el que concentra a todos los visitantes en la estrecha franja de la carretera del Tranco y con dos/tres excursiones posibles — el mejor para el parque natural más extenso de España?


Peonía. Aldea de los Prados de la Mesta. Río Madera

Bueno, ya está bien. Mi posición se resume en que la administración del parque debería empezar a considerar que una gran parte de los visitantes somos montañeros y que su gestión debería reflejar este hecho. Somos ya una amplia mayoría los montañeros que disfrutamos de este espacio natural y queremos pesar en las decisiones tanto como los cazadores o los turistas de barbacoa y mirador dicho sea, de nuevo, con todos los respetos.

Para finalizar quisiera insistir en que esto es una opinión muy personal y subjetiva. Evidentemente, estáis invitados a exponer la vuestra.