Entrevista realizada el día 2 de marzo de 2024 por el periodista Miguel Ángel Ruiz de La Verdad  con motivo de la publicación del libro El agua que bebemos editado por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. (Versión en papel de la entrevista pinchando aquí.) Dicho volumen estará disponible en breve para su descarga en PDF en la web corporativa de la Mancomunidad de los Canales del Taibilla así como en versión HTML interactiva.

Portada Agua que bebemos

Nadie como José Antonio Pastor González (Cieza, 1973) conoce las montañas de la cuenca del Segura. Profesor de Geometría y Topología en la Universidad de Murcia, alpinista experimentado y primoroso narrador e intérprete de la naturaleza, lleva toda su vida descubriendo y redescubriendo las sierras, valles y cauces fluviales del territorio formidable que él denomina el gran verde: la vasta mancha forestal donde se tocan el Noroeste de la Región, el sur de Albacete y las provincias andaluzas de Almería, Granada y Jaén. El autor indicado para escribir El agua que bebemos, un libro que recoge la historia de la Mancomunidad de Canales del Taibilla, los paisajes donde nacen los caudales que llegan hasta ochenta municipios de tres comunidades para abastecer a entre dos y tres millones de personas y las infraestructuras que transportan cada gota, salvando todo tipo de barreras geográficas, desde los picos nevados hasta el litoral. Si entran en Montañas del Sur, la web en la que relata sus andanzas a pie y en bici, accederán a un distrito personal en el que serán invitados a recorrer senderos, ascender cumbres y vadear arroyos, y del que no querrán salir.

— Sorprende todo lo que hay detrás del agua que sale por el grifo de casa: grandes obras de ingeniería, diversidad de infraestructuras, historia, paisajes, naturaleza…

Creo que suele ser así con casi todas las cosas de la vida que damos por sentado. En este libro se trata del agua, uno de los ingredientes básicos de la vida, pero otro tanto sucede con la energía, los alimentos, etc. El hecho de haber pasado penurias en situaciones extremas en la montaña y en viajes por lugares muy pobres me hace ser muy sensible con los bienes habituales que disfrutamos y que apenas apreciamos: una bombilla, un grifo, un trozo de pan, un refugio.

— ¿Qué ha aprendido en este viaje siguiendo el curso del agua desde las montañas del sur de Albacete hasta nuestras ciudades y pueblos?

Siendo muy breve, me ha sorprendido la capacidad tecnológica que ya teníamos a principios del siglo XX para acometer una obra de esta magnitud. Estamos hablando del canal de abastecimiento más largo de Europa en su momento y de salvar más de 200 kilómetros de una geografía compleja repleta de montañas y valles con objeto de transportar el agua por gravedad desde el corazón montañoso del Segura hasta las costas del Mediterráneo.

El embalse del Taibilla desde el Puntal del Aire.

— ¿Apreciaríamos más el agua que bebemos si conociéramos el gran esfuerzo en planificación y la riqueza natural de su procedencia?

Por supuesto. Aquí en el sureste, dentro siempre de un contexto de escasez y penuria hídrica, deberíamos ser más conscientes del milagro que supone tener uno de los abastecimientos de agua más seguros y fiables en España y Europa. Esto es posible gracias a la tecnología, a la planificación y a la existencia de organismos como la MCT. En última instancia, también somos afortunados de vivir cerca de las Béticas, las montañas que actúan como barrera y recipiente de la gran cuenca del Segura, reteniendo el agua en sus entrañas y liberándola poco a poco mediante manantiales y surgencias.

— Su libro ofrece prácticamente un descubrimiento en cada página. Sorprende lo poco que conocemos en general sobre estos paisajes.

Es que el territorio del sureste es muy amplio y hay muchísimos rincones pendientes para descubrir y disfrutar. En este sentido, la elaboración del libro ha sido un pretexto más para ir a conocer cumbres, vertientes y valles que antes jamás había recorrido.

Alma y Pedro jugando en el embalse del Taibilla.

— ¿De dónde le viene su amor por las montañas del sur y la historia y la naturaleza de este entorno tan hermoso como poco conocido?

De niño vivíamos mucho tiempo en el campo y estábamos siempre buscando aventuras por las acequias, los cerros, las huertas y las montañas de Cieza. Mi madre también ha influido mucho en mi visión de la Naturaleza. Ella, como profesora de Química y Biología, fue una pionera del ecologismo en sentido estricto: aprovechar al máximo cada recurso, gastar sólo lo necesario, cuidar el entorno, no desperdiciar y vivir con lo justo y necesario. Siempre me acuerdo de una frase que repetía: «un cuerpo, un vestido».

— ¿Alguno de los espacios naturales de los que recoges en el libro corren peligro o están en mal estado de conservación?

Lamentablemente, sí. Además de las amenazas a nivel global como la disminución de precipitaciones, el aumento de la temperatura media y la mayor erosión con sus devastadoras consecuencias, encuentro especialmente grave el maltrato a los acuíferos de montaña en el interior de la Región de Murcia y en la vecina Comunidad Andaluza. Los últimos análisis realizados por la CHS en manantiales y ríos de la zona apuntan a una grave contaminación por nitratos muy superior a la establecida por las leyes y que es debida la proliferación de actividades intensivas en insumos como los cultivos industriales y las explotaciones porcinas a gran escala.

En una región tan vulnerable como la nuestra, maltratar los escasos recursos hídricos de calidad de los que disponemos supone un suicidio a corto plazo. En este sentido, se da la paradoja siguiente: si bien la MCT garantiza el recurso a muchos núcleos rurales aislados que antes se abastecían exclusivamente de fuentes o aguas subterráneas, dicha seguridad provoca que estos mismos usuarios olviden el agua de la que antes bebían y se despreocupen y dejen de cuidarla y protegerla.

En la ruta del Zarzalar.

— ¿Cuáles son los rincones de estas sierras de la cabecera del Segura que deberíamos conocer?

Es difícil contestar a esta pregunta, pero si he de concretar diría tres lugares: 1) la cuenca alta del río Taibilla, desde el embalse del Taibilla aguas arriba pasando por el Zarzalar hasta el propio pueblo de Nerpio y todo el valle que se va estrechando hacia Pedro Andrés y remontando hacia la divisoria con el Zumeta en la sierra de Huebras; 2) las hoces del Taibilla, desde la presa del embalse hacia Vizcable, con la presa de Toma y el cañón del río en el que, por fortuna, vuelve a escucharse el sonido del agua en todos los tramos del mismo, y 3) la elevada y misteriosa sierra del Taibilla, vecina de la famosa Revolcadores, con sus abrigos repletos de pinturas rupestres, árboles monumentales y cumbres que se elevan por encima de 2000 metros para ofrecernos el regalo de las nieves en cada invierno.

— ¿Y tus ríos y arroyos preferidos, y por qué?

Yo creo que la rambla de la Rogativa bien merece una visita con la bici o a pie. Es un lugar al que le tengo mucho cariño. También el arroyo de la Aliagosa, saliendo de Nerpio hacia los Chorretites. Es una cuenca muy cerrada que, en su parte alta, comunica con dos miles destacados como la sierra de las Cabras. En general, cualquier paseo por la zona te descubre sorpresas increíbles como, por ejemplo, los frailes de roca bajo el Cantalar, en los Villafuertes.

Mojón delimitador del trazado del canal.

— Nuestra relación con la naturaleza y la gestión del agua no es precisamente armoniosa: contaminación del Mar Menor, explotación incontrolada de acuíferos en el Altiplano y el Noroeste, pozos ilegales en el Campo de Cartagena y el Guadalentín…

Si te refieres al ámbito de esta región y al tema del agua es cierto que tenemos un serio problema: hace ya muchos años que estamos viviendo por encima de nuestras posibilidades hasta el punto de que estamos tensando los sistemas más allá del punto de ruptura. Ninguno de nuestros gobernantes, ni Gobierno Central, ni Autonómico, ni Ayuntamientos, se atreve a asumir el coste político que supondría limitar y ordenar los regadíos con arreglo a la ley. Bien es cierto que las responsabilidades no están repartidas de igual forma, pero el ambiente está tan viciado, es tan hostil, que en la práctica es imposible señalar al enorme elefante que nos acompaña en la habitación.

— ¿Cómo afrontar la emergencia climática con estos antecedentes? ¿Habla con sus alumnos sobre esto, cómo cree que será la relación de las nuevas generaciones con la naturaleza?

Tengo tres niños chicos y siempre vivo en la contradicción de haberlos traído a un mundo en el que veo el futuro muy complicado. La lógica imperante en nuestra toma de decisiones es la del dinero, la de una economía reduccionista y uno-dimensional que cuantifica si progresamos en base a una cifra tan gruesa como es el PIB. En esta lógica absurda, si un bosque arde, crece el PIB; si hay una guerra, crece el PIB. Esto es dramático: nos estamos haciendo constantemente trampas al solitario con el mito del crecimiento.

En mi opinión, hasta que en el análisis económico no incorporemos el valor real de las cosas importantes, del aire que respiramos, del agua limpia que bebemos, de la tierra en buen estado en la que cultivamos, de un paisaje armonioso y hasta del mismísimo silencio que nos cura, pues hasta entonces no seremos capaces de adoptar decisiones correctas. Sólo entonces nos daremos cuenta de todo lo bueno que hemos estado arrasando, aunque me temo que será demasiado tarde.


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