datos

Distancia: 14 kilómetros
Duración: 5 horas
Desnivel: 750 metros
Tipo de marcha: circular
Dificultad: media
Tipo de camino: carril y senda de herradura
Agua potable: no
Época recomendada: todas son buenas
Sugerencias: prever buen tiempo y visibilidad para la zona alta de Espuña
Cartografía: hojas 932-IV y 933-III del IGN 1:25.000
Track: descargar aquí desde wikiloc

intro

Sierra Espuña es la montaña clásica de los murcianos y ejemplo de buenas prácticas forestales. Se encuentra enclavada en el centro geográfico de la región de Murcia y se eleva con fuerza desde el valle del Guadalentín a 100 metros hasta sus cumbres que rozan los 1600 conformando una verdadera muralla caliza bien visible desde mar adentro, de ahí que lo marineros dieran lugar al topónimo al divisarla en la línea del horizonte: la sierra de España. Todas las vertientes de sierra Espuña tienen itinerarios muy atractivos para los montañeros: a poniente está el Pedro López y el Cejo de la Ventanica; al norte el Aguilón, los Cuchillos del Bosque y el vértice del Perona; a levante el morrón de Alhama y las espectaculares paredes de Leyva y, finalmente, al sur el Morrón de Espuña y Peña Apartada. Se mire por donde se mire, un mundo infinito de posibilidades para disfrutar.



Las 'escalerillas' son el tramo más característico de la senda del caracol

El itinerario que presentamos aquí es uno de los más clásicos de la sierra. Consiste en ascender desde el área recreativa de la Perdiz por un cortafuegos hasta entroncar con una de las viejas sendas de herradura que se abrieron en la época de la repoblación de la montaña. Este camino va doblando hacia el norte y gana unas vistas excepcionales de las paredes de Leyva y sus escaladores para remontar por el zigzag del caracol hacia la altiplanicie de la sierra. En ella ascenderemos el morrón de Alhama con panorámicas abiertas en todas direcciones y descenderemos por el barranco de Leyva.

reseña

Tomando como referencia la localidad de Alhama de Murcia cogeremos la carretera de Mula y nada más salir del pueblo, en una curva a la derecha, encontraremos un desvío a la izquierda que indica hacia Sierra Espuña. El camino, con muchas curvas, va remontando y ganando metros hacia las Casas de la Marina y la Fuente del Hilo donde está el Centro de Interpretación del Parque. Desde aquí se toma una carretera hacia el área recreativa de la Perdiz a la que llegamos tras haber dejado atrás el Albergue Juvenil (antiguo sanatorio para curar la tuberculosis).

Desde la misma área recreativa sale una senda por terreno llano que se va adentrando hacia el barranco de Leyva. Enseguida llegamos a una zona despejada pues nos encontramos en un cortafuegos que desciende por el marcado espolón que define perfectamente el morrón de Alhama. Nos salimos del camino confortable para remontar por el cortafuegos siguiendo un sendero cada vez más marcado entre jaras y arbustos. El terreno tiene mucha pendiente y vamos ganando metros de forma rápida para encontrar una antigua senda de herradura que atraviesa en horizontal y a media ladera el espolón.



Típico terreno de la zona de alta de Espuña en el camino hacia el Morrón de Alhama

Cogemos esta senda y caminamos hacia el norte (derecha) para ir adentrándonos en la cuenca del valle de Leyva, inconfundible por sus enormes paredes. Este camino, antaño abierto para facilitar los trabajos de repoblación de sierra Espuña, en la actualidad se encuentra muy invadido por la coscoja y otros arbustos así como afectado por continuos desprendimientos que amenazan seriamente su conservación.

Pronto nos encontramos frente a las ‘escalerillas’, una tramo en zigzag donde el camino salva uno de los muchos dientes de esta fiera umbría de sierra Espuña. Tras este paso la senda se adentra en un espléndido aceral que en otoño muestra sus mejores galas. A continuación, seguimos ascendiendo ahora ya más calmados hasta alcanzar la altiplanicie de Espuña, una elevada meseta que ronda los 1500 metros y desde la que podemos apreciar casi todo el territorio de la cuenca.



Vista panorámica de las paredes de Leyva

Dejamos la senda y giramos a la izquierda por una bifurcación para remontar hacia el vértice del Morrón de Alhama fácilmente identificable por la garita que hay en la cumbre. Allí disfrutamos del bocadillo y las panorámicas hasta que decidimos continuar nuestro camino por la senda que llevábamos descendiendo hacia el collado Blanco donde enlazamos con la pista que comunica el barranco de Leyva con Prado Mayor.

El descenso se efectúa bien por la pista, bien por la senda que avanza en paralelo a aquélla y que nos va ahorrando algunas de las curvas cerradas. En cualquier caso, sólo hay que tener presente que antes de llegar a la cadena y el parking que utilizan los escaladores debemos girar a la derecha por un marcado camino donde podemos apreciar la ‘huella del dinosaurio’, una antigua mina y cruzamos un puente colgante que hará las delicias de los más menudos.

Los pozos de la nieve

A finales del siglo XVI comenzaron a construirse en Sierra Espuña los primeros pozos para almacenar nieve y ser distribuida en forma de hielo en hospitales, ciudades y villas del Reino de Murcia. En el espacio de unos ciento veinte años llegaron a construirse casi la totalidad de estas «neveras» que hoy conocemos — veinticinco — que podían almacenar hasta 25.000 toneladas métricas de hielo. Los ‘pozos de la nieve’, como se les conoce popularmente, fueron construidos con diversos fines: terapéuticos, para conservar alimentos y medicinas, enfriar bebidas, elaborar helados… Su consumo llegó a ser tan popular que se convirtió en un artículo de primera necesidad y objeto de fiscalidad por parte de la hacienda real.

En el área de los pozos — ‘rasos’ — trabajaron centenares de hombres procedentes de los pueblos cercanos a la sierra (Totana, Aledo, Alhama, Mula, Pliego) en condiciones extremadamente duras. Los encierros de nieve y el transporte del hielo hasta los centros de consumo constituyeron dos fases de una actividad que tuvo visos de auténtica epopeya por sendas y caminos en los que las mermas de la carga alcanzaban más de la tercera parte.

La venta del hielo estaba seriamente reglamentada hasta en sus más mínimos detalles. Durante los periodos señalados en los contratos de arrendamiento y abasto se establecían horarios de venta, penalizándose la falta de hielo en momentos determinados del día. Para ello, junto al habitual transporte en carruajes, el hielo a veces era llevado «a costilla» o por el sistema de «diligencia». En muchos documentos de la época se reconoce por las autoridades -primeros responsables de los abastos a la población- que la nieve era un artículo tan importante como el pan.

Extraído de ‘Los pozos de nieve de Sierra Espuña’ (autor: Ginés Rosa)

notas

  • Existe una opción de subida montañera al Morrón de Alhama por el cortafuegos que hemos descrito. En lugar de coger la senda del Caracol lo que se hace es continuar por el nervio del espolón hasta la misma cumbre. Es un recorrido poco repetido y con excepcionales vistas
  • Se puede ampliar la excursión ascendiendo la Morra de las Moscas (1502m) para luego bajar al collado Blanco pasando por los Pozos de Murcia

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