Hemos pasado una noche tranquila exceptuando el rugido de la cascada al que, afortunadamente, te acostumbras tras un rato. Recogemos los bártulos y nos ponemos a buscar la salida por las «escalas» de Sarradets que no conocemos.

En principio, sólo vemos paredes inexpugnables y abismos complicados así que no las tenemos todas con nosotros. Sin embargo, intuimos que la cosa debe tener solución y nos vamos aproximando a las paredes occidentales del Circo para encontrar el paso.

Éste es en realidad mucho más fácil de lo que parecía y va remontando entre firmes lajas y laderas herbosas. La pendiente es mucha y sudamos por el peso y por la alta humedad que tiene este santuario natural de vida, color, hierba y agua.

Para refrescarnos miramos con frecuencia a la Gran Cascada que va quedando a nuestra espalda. Conforme le ganamos metros a la montaña cambiamos de perspectiva y aquélla se nos presenta diferente. Si al principio nos sentíamos anonadados por el tramo final, ahora vemos asombrados como en realidad tiene otros escalones previos de centenares de metros que la convierten en la más alta de Europa.

Cuando la pendiente empieza a ceder ya vislumbramos el refugio de Sarradets emplazado en lo alto de un espolón recortándose en el horizonte. Conforme nos acercamos cada vez vemos más señales de vivac y restos «humanos». Esto es una zona muy transitada.

En Sarradets comemos algo mientras contemplamos la brecha, ese lugar mágico de Pirineos, geografía de una leyenda muy antigua que a mí se me antoja secundaria ante la majestuosidad de la roca y las fuerzas que la colocaron ahí erguida.

Una vez ganada la brecha ganamos vistas otra vez al lado español. Nos toca ir bajo las paredes del Casco hacia las clavijas de Sarradets que nos están esperando.

Tras el paso de las clavijas afrontamos la subida a la Torre por un corredor bastante amplio y con cierta pendiente — las guías hablan de un paso de II en verano — que nos hace sudar con los armarios a cuestas. Por fortuna la nieve está perfecta y nos permite una progresión firme y constante.


En la cima admiramos este nudo de montañas, impresionante acorazado calizo que violentamente se yergue sobre valles, bosques y pastos hasta el punto de constituir el macizo calizo más elevado de Europa — pese a no gustarme mucho el tema de las cantidades, no podemos obviar que estamos frente a una geografía de récords.

En los sitios en los que se retira la nieve podemos disfrutar de las primeras flores alpinas. Desde la cima de la Torre esbozamos la táctica para ir aproximándonos al Cilindro sin necesidad de quitarnos los crampones. Estamos pletóricos, disfrutones y muy felices de cómo está saliendo todo aunque hay una pequeña inquietud: el tiempo se está estropeando.

Y efectivamente. Pronto unas nubes empiezan a cerrar las cimas y el viento de Poniente arrecia. Nada bueno se está preparando así que debemos renunciar a hacer el Cilindro para perder altura rápidamente. Una tormenta a esta cota y en este sitio tan expuesto es un riesgo que no debemos asumir.

Al doblar el lado sur del cilindro buscando el collado del Cilindro nos protegemos del viento y parece como si la tarde nos quisiera dar una tregua. No vemos a nadie ni tampoco huellas recientes. Hace mucho que nadie se aventura por aquí. Remontamos al collado mientras disfrutamos de las vistas del Perdido y de la escupidera que ya visitamos hace ahora un par de años.

Tras ganar el collado del Cilindro nos asomamos de nuevo a la vertiente de Pineta y del glaciar del Perdido. Por aquí, al estar a sotavento del temporal, las cosas andan mucho más tranquilas pero tampoco es plan de entretenerse porque hay que descender el glaciar y rapelar la última barrera rocosa.
El glaciar tiene una buena capa de nieve reciente por la que podemos descender casi a «rastraculos»… aunque hay que cuidarse porque enseguida se coge mucha velocidad. En un momento dado tenemos que decidir si nos vamos siguiendo las huellas de la izquierda o las de la derecha — en el glaciar sí se ven huellas.
Intentamos recordar las palabras del guarda del refugio de Pineta… nos dijo algo así como que bajáramos por uno de los dos sitios en concreto PORQUE EL OTRO TENÍA EL RÁPEL EN PENOSO ESTADO. Pero como hemos sido unos cafres no nos acordamos si era izquierda o derecha.
Tenemos un 50%.
Finalmente nos tiramos a la izquierda conforme bajamos y tras un descenso bastante penoso entre rocas y nieve podrida creemos ver las instalaciones del rápel justamente en uno de los múltiples regatos por los que el glaciar desagua. ¿A quién se le ha ocurrido montarlo aquí?
Víctor se pone a montar el rápel y nos mira con mala cara. Malo, malo… ¿Qué pasa? Pues pasa que hay dos clavos bastante viejos y un cordino «arrepellao» del que tendremos que fiarnos. Ponemos nosotros uno más por si acaso, empalmamos las cuerdas y Víctor baja el primero.

Mientras le vemos parece irle bien, sobre todo porque el agua lo cala entero y así lo vamos a tener limpito en la tienda esta noche. Pero cuando desaparece tarda mucho más de la cuenta en darnos la señal así que nos inquietamos. Después de ver el movimiento pactado en las cuerdas nos preguntamos: ¿qué coño estará pasando por ahí abajo que ha tardado tanto en avisar?
Yo soy el siguiente. Me pongo el reverso pero me hago un pequeño lío con la doble cuerda así que cojo el ocho al que estoy mucho más acostumbrado y tiro para abajo. Viento, frío, nubes negras, un rápel malo malo, los 15 kilos del armario a las costillas y sin saber lo que queda más abajo. Pero bueno, será cuestión de ir tranquilos.
Pierdo de vista los titubeantes anclajes — una preocupación menos, ojos que no ven, corazón que no siente — y también a Manolo. Sigo bajando — joder qué largo es este largo, voy a gastar los 40 metros — y ya veo a Víctor en el borde de la rimaya esperándome. Me dice algo pero todavía no puedo escucharle: el agua atronadora además de estar calándome me deja sordo… pufffff…
Bajo un poco más y ya sé lo que me quiere decir. La rimaya es bastante amplia y hay un hueco de casi un metro entre la nieve y pared, hueco que está así de grande por el agua que cae y que va diluyendo la nieve. Mal sitio para colarse porque eso está más negro que la cueva de Aladino.
Total, que al llegar al final del rapel toca pendular un poco para salir del agujero negro y su fatal atracción. Lo hacemos y respiramos.
El siguiente es Manolo que baja flechado. ¿Que hay un «bujero»? No pasa naaaaaaa… Este Manolo… ¡¡ni que llevara pescao!!
Recogemos los bártulos, las cuerdas — ¿de cuál hay que tirar? de la azul, de la azul… — y descendemos la rimaya mientras empieza a caer una tromba de agua de mil demonios. Las tormentas en Pirineos son TORMENTAS, y más si estás a 2900 metros: los estómagos reverberan por el rugido de los truenos.
Montamos la tienda bajo la lluvia y nos protegemos hasta que para algo. Aprovechamos para cocinar y cenar algo caliente que llevamos todo el día de ajetreo. Víctor está congelado porque en el rápel se ha calado entero y no tiene otros pantalones. Pronto nos metemos en el sobre. Afuera sigue tronando. Mañana será otro día.

José Antonio Pastor González
Hago montañas desde que tengo uso de razón. Primero al lado de casa en mi Atalaya y en el Almorchón de Cieza. Después por las sierras de Segura y Cazorla que son mi segundo hogar. Finalmente, y por supuesto, también en Sierra Nevada y el resto de las cordilleras Béticas.
Todas ellas son el terreno de juego protagonista de esta web gracias a la cual disfruto por partida doble: primero subiendo las cumbres y luego relatando mi experiencia. Sed bienvenidos y gracias por vuestra visita.



Vaya!!.. la verdad es que me he divertido muchísimo con tu narración del rápel, aunque ya supongo que allí la cosa no sería tan divertida y lo pasaríais bastante mal.
Mira que acojonan las tormentas en Pirineos!!!
Loloooooooooooooooooooooo!!!!
Me hace feliz alegrarte la mañana… seguro que estás contento de ver cómo empezamos a tener buen tiempo a que sí??? Jejejeje 🙂 Sí que ha llovido de esa salida, sí que sí, y sí que hemos aprendido… sobre todo tú que te has vuelto un makineta total jejeje… Fue genial, cierto.
Me alegro de que te gusten las fotos… claro que tengo tu video… lo que pasa es que con el tema video no me manejo todavía bien… pero si puedo meteré algo en la web con tu permiso.
Tienes razón con lo del collado: es el del cilindro… paso a corregirlo dentro del post.
Y en cuanto a la Alcazaba… me encantaría estar — estuve hablando con Carlos ayer — pero estoy recuperándome de la historia del talón y no creo que pueda forzar tanto… pero pronto pronto porque esta primavera va a ser muuuuuuuuuuuuuuuuuuy buena.
Bsts bsts.
Sifoni!!!! me estas alegrando la mañana!! q guay ye he leido los dos reports y q recuerdos!!! anda q no he aprendido cosas desde aquella salida!! en serio fue genial!
a esta zona de Pirineos creo q he ido unas 5 veces y no me canso, es mi Reino, mi chalet!!! jajjaja
Las fotos chulisimas la verdad, que por cierto aun no habia visto, no se si tu tendrás las mias! pero el video si no?
Y nada solo decirte q lo que tu llamas cuello del Goriz o collado de Goriz, es el Collado del Cilindro, si no me falla la memoria!!!
Pa los que querais candela el finde q viene el club montaero de murcia va a intentar la invernal de la Alcazaba, Sifo animate!!!!!
Pues sí Salva… hay que reconocer que fue un buen marrón lo del rápel en esas condiciones difíciles, pero iba bien acompañado y todo salió bien… lo de los marrones te vas acostumbrando poco a poco… seguro que tu «umbral marronero» todavía está por despuntar… lo que pasa es que eso hay que ir cultivándolo poco a poco… para que no duela mucho (si duele mucho, ya no repites).
Yo creo que no te hubieras vuelto.
Joder, macho!! Desde luego, yo no me he ido contigo a muchas, pero todas han tenido marrones y por lo que estoy leyendo, este habrá sido gordo. Se ve que lo llevas en la sangre. Que hay que elegir un camino entre dos al 50%…pues, por supuesto, cojo el malo.
Imagino que así es más emocionante pa contarlo. AAAAAAAAYYYYYYYYYYYYYY
(Yo ya me hubiera vuelto pa mi casa………o no).